NoticiaEl país centroamericano atesora ciudades antiguas todavía enterradas, que impactan por sus templos de gran altura e historia.Tikal, en la Reserva de la Biósfera Maya, en medio de la selva tropical del estado de Petén, en el norte de Guatemala Foto: Stefania Morelli22.08.2026 16:29 Actualizado: 22.08.2026 16:30

Cuando uno piensa en ruinas mayas, enseguida viene a la mente Chichén Itzá, en México, pero la antigua civilización maya, que llegó a tener quince millones de habitantes, vivió en ciudades-estado a lo largo de toda América Central. Además de México, las huellas mayas están en El Salvador, Honduras, Belice y Guatemala.Una de estas ciudades es Tikal, en la Reserva de la Biosfera Maya, en medio de la selva tropical del departamento de Petén, en el norte de Guatemala. En el año 900, vivieron allí más de 100.000 habitantes en un área de casi 60.000 hectáreas. Su templo más alto alcanza los 70 metros, mientras que en Chichén Itzá el área que rodea el templo mexicano no llega a las 300 hectáreas.La manera más práctica para acceder es hospedarse en alguno de los hoteles que están a orillas del lago Petén Itzá, a 40 kilómetros de las ruinas, y contratar un guía local. Antes de llegar al Parque Nacional de Tikal conviene hacer una parada en la Tienda Sayda, donde, además de artesanías guatemaltecas, hay una gran maqueta de las ruinas y paneles en los que cuentan la historia de su descubrimiento. LEA TAMBIÉN Guatemala: un viaje único al mundo maya entre la selva del parque Tikal Foto:Stefania MorelliApenas entre el 5 y el 15 por ciento de las ruinas están desenterradas, por eso la maqueta tiene el valor de mostrar lo que en realidad no se ve. Esta reproducción fue hecha con base en el mapeo digital LiDAR (Light Detection and Ranging), un escaneo láser que los arqueólogos hacen tomando imágenes que atraviesan la maleza.Así, en 2018, aviones equipados con estos sensores LiDAR 'borraron' digitalmente la densa selva tropical y se reveló que Tikal era cuatro veces mayor de lo estimado mediante la exploración tradicional a pie. Surgieron más de 12.000 estructuras ocultas bajo la vegetación: viviendas, palacios fortificados, sistemas de canales y una pirámide de 30 metros de altura en pleno centro de Tikal que se creía que era un cerro cubierto de árboles. LEA TAMBIÉN Las ruinas mayas del Parque Nacional Tikal (Guatemala) Foto:iStockEste mapeo digital permitió descubrir que un barrio entero de Tikal replicaba con total exactitud la ciudad de Teotihuacán, ubicada a más de 900 kilómetros, en México, lo que evidenció que Tikal no era una ciudad aislada, sino una metrópolis cosmopolita con fuertes alianzas e influencias.El descubrimientoLa historia del descubrimiento está ilustrada con fotos antiguas que, si bien mencionan al gobernador de Petén como su descubridor oficial en 1848, está muy ligada a los ‘chicleros’ de las compañías norteamericanas Wrigley y Adams, que descubrieron muchas otras ruinas menores entre 1890 y 1930, como Uxactún, Yaxhá, Topoxte, Nakum, Dos Pilas, Aguateca y Ceibal, que también pueden visitarse.Antes de que existieran los polímeros sintéticos, el chicle se elaboraba con la savia del árbol de chicozapote (Manilkara zapota), una especie nativa muy abundante en la selva que rodea Tikal. William Wrigley y su competidor Thomas Adams compraban los bloques cocidos de resina recolectados por los chicleros, quienes, machete en mano, se internaban en la selva, se trepaban a los árboles y veían las crestas de los templos y otras construcciones cubiertas de maleza. LEA TAMBIÉN Altar teotihuacano descubierto en las ruinas mayas de Tikal Foto:PROYECTO ARQUEOLÓGICO DEL SUR DE TIKAL (PAST),El negocio de la ‘fiebre del chicle’ fue tan grande que, entre 1920 y 1940, campamentos de chicleros cercanos a Tikal utilizaban mulas, ríos y hasta aviones de carga para trasladar los bloques de chicle desde las pistas improvisadas en la selva de Petén hacia los puertos de exportación. Esta información previa es muy útil antes de llegar al parque nacional, 575 kilómetros cuadrados de selva, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979. A diferencia de Chichén Itzá, que está en una superficie abierta a metros del parqueadero, en Tikal hay que recorrer senderos en la selva donde es posible cruzarse con monos aulladores, tucanes, coatíes y a veces algún jaguar, y una floresta con árboles portentosos que el guía va señalando. También nos señala chicozapotes, caobas y el árbol ramón, una variedad de nogal considerada un superárbol cuya semilla fue alimento de los mayas. LEA TAMBIÉN Altar decorado con murales teotihuacanos descubierto en la antigua ciudad maya denominada Tikal Foto:EFEDe lo poco que se ha desenterrado de las ruinas, el corazón está en la Plaza Mayor, una gran explanada rodeada por el Templo I o Gran Jaguar y el Templo II o de las Máscaras. El del Gran Jaguar es la pirámide emblema del parque, de 47 metros de alto, y fue construida como el monumento funerario del gobernante Jasaw Chan K’awiil I. No está permitido escalarlo. Justo enfrente está el Templo II, de 38 metros de altura, al que sí se puede subir por unas escalinatas de madera habilitadas para eso, y llegar hasta la plataforma más alta y tener una vista panorámica de la plaza y el templo del Gran Jaguar.En diez minutos más de caminata, llegamos al Templo IV o Templo de la Serpiente Bicéfala, de 70 metros de altura. Es la estructura más alta de Tikal y de todo el mundo maya prehispánico. Se puede subir mediante escaleras de madera externas. LEA TAMBIÉN Castillo de Chichén Itzá Foto:EFEEl calor y la humedad duplican el desafío, pero vale la pena porque su cima sobresale por encima de la selva y ofrece una vista increíble de las crestas de los templos flotando sobre los árboles. Los fanáticos de La guerra de las galaxias: episodio IV podrán reconocer escenas filmadas aquí.Otra diferencia con Chichén Itzá es que aquí el turismo nunca llega a saturar el parque. Y entre los escasos visitantes, se distinguen guatemaltecos ataviados con sus tradicionales trajes de colores. Pertenecen a etnias que se consideran descendientes de los mayas, y solo ellos tienen un permiso especial para llevar a cabo ritos y ceremonias en el parque. LEA TAMBIÉN Vista aérea de Chichén Itzá, un complejo de ruinas mayas ubicado en Yucatán (México). Foto:IstockEl gobierno construyó para ellos altares similares a los originales donde encienden azúcar, chocolate, velas de distintos colores, cigarros, canela y copal (resina aromática).Si bien las ruinas mayas son una de las razones principales para visitar Guatemala, no son las únicas. Los hoteles ubicados a la orilla del lago Petén Itzá invitan a conocer la isla Flores. El lago, de 35 kilómetros de largo por 16 en su parte más ancha, es de aguas verdes y transparentes, perfectas para un chapuzón.Las lanchas salen de muelles privados y en una hora llegan a la isla, que se puede recorrer en una tarde. Lo mejor es caminar sin planes por las calles adoquinadas de Flores, sabiendo que estamos pisando Nojpetén, la antigua capital del reino maya Itzá.ArtesaníasEl aire acondicionado de las tiendas de artesanías es un anzuelo perfecto para entrar y seguir comprando recuerdos, sobre todo los llamativos textiles tejidos y bordados —caminos de mesa, bolsitos, billeteras, fundas de almohadones—, además de animales y deidades mayas tallados en madera y cestería en fibras naturales. Algunas pocas venden los trajes tradicionales: el huipil, una blusa hecha en telar, con el cuello redondo bordado. A veces se viste como un chaleco sobre otra blusa.Las faldas se llaman ‘corte’, también hechas en telar con fibras naturales de colores, que envuelven el cuerpo y se sujetan con una faja. Completan el traje con el tocoyal, cintas largas que se trenzan en el pelo; el perraje, que es un manto que sirve para cubrirse del frío o para cargar un bebé, y alhajas, collares de cuentas de colores hechos de plata o vidrio. LEA TAMBIÉN En Flores, como en los hoteles junto a la orilla del lago y en Tikal, hay varios tipos de monos. Sin embargo, ninguno se acerca a los turistas y mucho menos intenta quedarse con una bolsa, signo de que el turismo masivo aún no ha modificado sus hábitos. Por esto, Guatemala es un ejemplo de turismo sostenible que guarda tesoros arqueológicos y naturales, donde su gente amable conserva sus costumbres. Este artículo es una versión editada del original, por motivos de espacio.Además: Desde el 1 de septiembre colombianos podrán viajar a Israel. Foto:Para La Nación (Argentina) Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.