Las cartas están repartidas. Una vez celebrado el grueso de las primarias para las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, el aspecto del tablero no permite intuir mucho más que antes las posibilidades de que los demócratas recuperen el control del Legislativo. Solo así se podrá poner freno a la demolición de la separación de poderes que está llevando a cabo Donald Trump y que podría ser irreversible de contar con mayoría republicana en el Congreso en los dos años que le restan en la Casa Blanca. Y, también, solo así se podrán bloquear la mayoría de sus políticas dañinas para su país y para el mundo. Estados Unidos renueva cada dos años todos los escaños (435) de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado (35 en esta ocasión). De esta forma, a mitad de mandato de un presidente los votantes tienen la oportunidad de juzgarlo en las urnas y ponerle límites. Ese juicio no suele ser positivo. El sistema está pensado para votar a la contra, y los estadounidenses lo usan. Todas las proyecciones indican que los demócratas obtendrán la mayoría de la Cámara de Representantes en noviembre, y con ella, la presidencia, la agenda y un enorme poder fiscalizador.Pero no es suficiente. Solo una mayoría demócrata en el Senado garantizaría bastante poder como para atar una correa alrededor de una Casa Blanca que ha perdido toda noción de institucionalidad y se comporta como una empresa al servicio de la familia Trump. Es aquí donde se han sacado las lecciones más interesantes en ambos partidos. En Texas, por ejemplo, Ken Paxton, un candidato ultraconservador y polémico, trumpista antes que Trump, ha desbancado a un republicano de postal como John Cor­nyn, para desolación del establishment, si es que aún existe ese concepto. En Míchigan, un Estado sin el cual no parece posible un cambio de mayoría en el Senado, el candidato demócrata es Abdul El-Sayed, con un discurso socialdemócrata impensable hace unos años y rechazado por los grandes donantes. En Florida, aunque sería muy raro que ganaran los demócratas, se da una prueba interesante porque estos han elegido a una candidata izquierdista para desafiar a una senadora trumpista.En el desempeño de estos candidatos no solo se decidirá el futuro del mandato de Trump. Se decide también cuál es el camino que toman los dos partidos de cara a un hecho inevitable: la retirada de Trump por imperativo constitucional. ¿Funcionaría un candidato republicano trumpista que no sea Trump? ¿Deben los demócratas apelar al centro, o atreverse con mensajes como la sanidad universal? Quedan 10 semanas para el 3 de noviembre. Las decisiones que los votantes van a tomar pensando en el estado de las carreteras de su condado impactarán en Ucrania, en Irán, en Gaza, en los precios de la energía en todo el mundo o en el comercio global. Pero, sobre todo, serán el principal indicador del futuro de EE UU después de Trump.