Al final, no somos tan distintos de esos pequeños arquitectos subterráneos...22 de agosto, 2026 - 08h00En las profundidades del suelo existe un submundo fascinante. Allí, la hormiga despliega una vasta ingeniería subterránea con una misión tan clara como instintiva: preservar la vida a toda costa. Considerado de forma individual, es un ser insignificante en el ecosistema. Sin embargo, mediante un sentido inquebrantable del trabajo en equipo, construye galerías sólidas y comunicadas con precisión. Sabe que muchas sucumbirán por el camino frente a las inclemencias del tiempo, pero la colonia permanece.​Es inevitable pensar en esa paradoja al contemplar la tragedia de los recientes terremotos vividos por los países hermanos de Colombia y Venezuela. A otra escala y en circunstancias infinitamente más complejas, la realidad irrumpe para recordarnos las reglas no escritas de habitar este planeta. Nos hemos instalado sobre su superficie y hemos penetrado sus entrañas, convencidos de nuestra invulnerabilidad y obviando con frecuencia la fuerza invisible pero incontestable de las placas tectónicas. De golpe, la naturaleza corrige nuestro atrevimiento y nos devuelve a la tierra.​Tan sencillo como le resulta a un transeúnte pisotear un hormiguero, tan frágil se vuelve toda la arquitectura humana cuando el azar del destino decide sacudirse. Al final, no somos tan distintos de esos pequeños arquitectos subterráneos: frágiles ante el gigante que pisamos, pero capaces de resistir si nos mantenemos unidos. A las víctimas y a las personas damnificadas, todo nuestro respeto, dolor y solidaridad. (O)PublicidadJesús Sánchez-Ajofrín Reverte, Albacete, EspañaPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?