22 de agosto, 2026 - 06h00En la trigésima segunda edición del Premio Nacional Eugenio Espejo, que valga subrayar es el máximo reconocimiento que otorga el Estado para exaltar el impecable trabajo y trayectoria de vida de connotados ecuatorianos expresados en el campo artístico y cultural, literario y científico, se determinó que, en el año 2026, Paúl Palacio Collman, en la categoría de cultura y arte; Carlos Carrión Figueroa, en el ámbito de las creaciones literarias; y Tamara Estupiñán Viteri, por su actividad científica, accedan con sobra de merecimientos a este galardón, que incluye además un incentivo económico y una pensión vitalicia mensual que garantiza, al menos, una vida medianamente digna, especialmente en la difícil etapa de los años dorados, para hombres y mujeres sobresalientes que han contribuido a consolidar el sentido de nación e identidad de un pueblo históricamente llamado, por vocación, a alimentar al mundo de las ideas, de la imaginación y de la creación virtuosa, lo cual resulta determinante en este momento en el que predomina la sociedad del conocimiento y de las nuevas tecnologías.En este aspecto, es importante señalar que los nombres de Paúl Palacio y Carlos Carrión se suman a una selecta lista de lojanos galardonados con este premio, a lo largo de la historia, en la que destacan Benjamín Carrión, Alejandro Carrión, Ángel Felicísimo Rojas y Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, todos vinculados con la cultura y el arte, lo cual ratifica la condición de Loja como capital musical y cultural del Ecuador, titulo refrendado una vez más con el aporte y contribución sobresaliente de sus hijos.Y es que hablar de Loja es referirse a esa provincia fronteriza que ha debido lidiar, como la que más, con un centralismo que lo engulle casi todo, creyendo esa parte insana de burocracia capitalina que detrás de un escritorio se puede jugar a ser Dios, decidiendo la suerte de pueblos enteros, con base en la asignación o no de recursos que alimentan muchos sueños y anhelos de comunidades enteras (basta mirar lo que sucede, verbigracia, con el hasta ahora fracasado proyecto de construir la vía de 4 carriles que una a la ciudad de Loja con su aeropuerto). No obstante, y aunque pudiera parecer contradictorio, este aislamiento de Loja, sumado a su posición geográfica, han forzado para que los lojanos vuelvan la mirada al interior de su Patria Chica, y encuentren en la música, la cultura y el arte expresiones de una identidad propia que lleva a cultivar esa extraordinaria imaginación y habilidades que luego se traducen en escritura, poesía, música, escultura, muralismo, política, diplomacia, etc.Ahora mismo basta constatar la sencillez con la que estos tres ecuatorianos ha recibido este justo reconocimiento. Valga mencionar el caso de Carlos Carrión Figueroa, quien pese a tener todas las posibilidades para desarrollar su oficio en ciudades como Madrid o París prefirió seguir en Loja, su tierra natal, muy cerca del valle de Malacatos, donde el tiempo parece transcurrir más lentamente, en medio de lo cotidiano y proximidad de su gente, que no conoce del bullicio de las metrópolis, la máscara social y de molestos rituales protocolarios. (O)