Publicó una carta dirigida al presidente Trump, acusó a Marco Rubio y Christopher Landau de comportarse como “jefes de pandilla” y, aunque su situación pudo haberse quedado en un asunto migratorio privado, con todas las dudas que una medida así inevitablemente provoca, Andy decidió otra cosa.Por un momento, varios pensamos que podía tratarse de una carta falsa o incluso de un hackeo. Pero no. Para cuando terminó la misiva, ya no parecía que estuviera tratando de recuperar su visa, sino de fijar la posición de México frente al imperialismo estadounidense.Además, tenía un tono bastante familiar. ¿Será que el papá se la dictó, la corrigió o le dio el visto bueno antes de publicarla? No hay forma de saberlo. Pero cualquiera que haya escuchado seis años de mañaneras podría reconocer la música: “canallada”, “fobia conservadora”, “mafias del poder”. Andy fue a más, y más, y más.Abordó su situación migratoria como si fuera un asunto de seguridad nacional, de soberanía e injerencia. Tambien, atribuyó su circunstancia a una animadversión política contra Morena.Un tema personal lo trató como si fuera una amenaza de la Casa Blanca contra la Cuarta Transformación. Morena cerró filas, gobernadores, legisladores y aliados salieron en defensa del hijo de quien los puso ahí.La propia presidentA tuvo que salir al quite y, la mañana siguiente a que se hiciera pública la situación, sostuvo que retirar visas a personas “políticamente expuestas” tenía “un sentido político” y habló incluso de “injerencia en la política mexicana”. Al día siguiente, dijo que “una visa no define a una persona” y vinculó el caso con la soberanía mexicana, y la convicción, e idea de que “en México no hay nadie que mande más que el pueblo de México”.Cuestionada esta semana sobre cómo el caso de Andy terminó en un asunto de soberanía nacional, la presidentA dijo que Estados Unidos revoca visas y “hacen un escándalo”.Washington retiró la visa, sí, pero quién tomó el megáfono fue Andy. Y su partido amplificó el mensaje ese mismo fin de semana al convocar 202 asambleas en todo el país para hablar de soberanía y presiones externas.El gobierno de Trump sabe perfectamente que la cancelación no equivale a una acusación penal, pero deja la duda del ¿por qué se la quitaron? Y como las autoridades estadounidenses no explican públicamente los motivos, la sospecha hace el resto del trabajo.Por eso Sheinbaum tiene razón cuando dice que una visa no define a una persona. Jurídicamente, no la define. Pero políticamente “lo que no mancha, tizna”, decía YSQ.Otros políticos mexicanos que han enfrentado casos similares han entendido esa lógica. Algunos niegan las versiones y otros guardan silencio. Pero no todos son hijos del expresidente.Tal vez el apellido le hizo sentir que podía escribirle directamente al presidente de Estados Unidos, exigirle explicaciones y hasta sugerirle a quién debía despedir de su gabinete. Pero López Beltrán no es López Obrador. Él no fue presidente de México, hoy no es servidor público, todavía no es legislador y no representa institucionalmente al país.La presidentA dijo que una visa no define a una persona y tiene toda la razón… pero esta visa en particular sí terminó definiendo bastante bien a su movimiento.Monitor RepublicanoLo de Rocha Moya es de un cinismo que no tiene límite. Exhibe de cuerpo entero a la actual justicia mexicana y, al mismo tiempo, parece enviar un mensaje a los americanos: una cosa es el batiapapacho bonaerense, que flaco favor le hizo, y otra que crean que por eso van a castigar o a entregar a su mecenas badiraguatense.PD: Hay que consignar que la tarde de ayer, la SEGOB aseguró que el regreso de Rocha Moya fue una decisión personal. De ser así, se habría ido por la libre y por eso se deslindó el gobierno. anarciae@gmail.com Únete a nuestro canal