En la Argentina posterior al Mundial ocurrió algo bastante conocido. Frente a un resultado que no nos gustó, antes que aceptar que España había jugado mejor la final, nuestra argentinidad “al palo” encontró conspiraciones, manos negras, planes de la FIFA y hasta logró involucrar a Trump en algunas elucubraciones. Sin embargo, lo más interesante ocurrió después. Las redes organizaron rápidamente la discusión alrededor de una polarización emocional extrema: pro-Argentina o anti-Argentina. Incluso algunas figuras internacionales, como Samuel L. Jackson, quedaron atrapadas en esa dinámica. Entonces apareció Rosalía. La cantante reposteó un mensaje contra la Argentina que, según explicó, había compartido porque utilizaba una canción suya de fondo. Alcanzó para que la burbuja explotara: hubo posteos, insultos, pedidos de cancelación, posibles marchas y reclamos para devolver entradas. La televisión, los streamings, las radios y las propias plataformas multiplicaron la discusión hasta producir una sensación conocida: parecía que todo el país estaba hablando de lo mismo.
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