En el entramado libertario, el poder hace tiempo que dejó de responder a un organigrama tradicional. Ministros, secretarios, asesores y dirigentes partidarios ocupan casilleros formales, pero las decisiones sensibles recorren otro circuito. Y en ese esquema hay una figura cuya gravitación es única: Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, presidenta de La Libertad Avanza y, sobre todo, la persona que cuenta con la confianza más íntima de Javier Milei. “El Jefe”, como la bautizó el propio Presidente, pasó de custodiar a su hermano a administrar una porción cada vez mayor del poder político. El cambio no ocurrió de un día para otro. Durante la primera etapa el denominado “triángulo de hierro” repartía el poder entre los hermanos Milei y Santiago Caputo. Karina se ocupaba del armado partidario y territorial; Caputo, de la estrategia y de diferentes resortes de la gestión. Con el tiempo, esas fronteras comenzaron a correrse. Paso a paso la secretaria general avanzó sobre otras áreas de decisión y construyó una red propia que incluye a Eduardo “Lule” Menem, a Martín Menem y a dirigentes que responden a su conducción partidaria.

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