Min Aung Hlaing recupera la interlocución regional tras autoproclamarse presidente civil, mientras el conflicto y la represión continúan
Cinco años y medio después de que el ejército birmano, el Tatmadaw, tomara el poder por la fuerza y sumiera a Myanmar en una guerra que continúa desgarrando el país, el régimen militar empieza a salir del aislamiento. Min Aung Hlaing, el general que encabezó la asonada en 2021 y que este año cambió el uniforme castrense por el traje de presidente, está cosechando los primeros resultados del barniz civil que le proporcionaron las elecciones celebradas entre diciembre y enero, sin apenas oposición y diseñadas para garantizar el dominio de las fuerzas promilitares.
A pesar de que el proceso fue ampliamente cuestionado por la comunidad internacional, desde su investidura hace cuatro meses Min Aung Hlaing ha sido recibido en la India, Laos y Tailandia, y ha reforzado sus vínculos con China y Rusia con nuevas visitas a Pekín y Moscú. Todos esos desplazamientos han contribuido a consolidar ese cambio de fachada. El líder ruso, Vladímir Putin, lo ha calificado recientemente como “nuestro querido amigo” —ha estado siete veces en Rusia desde 2021—, mientras que el chino Xi Jinping ha destacado su apoyo al nuevo Gobierno.






