Durante el concierto que la cantante Karol G ofreció el pasado julio en Toronto, como parada de su Tropicoqueta Tour, un fan irrumpió en el escenario mientras la colombiana cantaba. Le agarró del brazo sin soltarla, después del cuello e incluso llegó a zarandearla cuando el equipo de seguridad intervino y trató de reducirle. Escasos días después, la actriz y cantante Ariana Grande anunció que se retira de la vida pública cuando finalice su actual gira, Eternal Sunshine Tour, el próximo 1 de septiembre. ¿El motivo? Su hartazgo frente a las críticas vertidas hacia su cuerpo. La reacción a esta decisión no convenció a muchos seguidores, que aseguraban estar preocupados por su aspecto. “En este punto, estoy juzgando a su equipo, amigos y familia. Esto es una locura”, se lee en uno de los comentarios de su videoclip Petal. Luego ella ha asegurado encontrarse bien, pero con ello no han cesado los comentarios acerca de su físico e incluso sobre si padece un trastorno de la conducta alimentaria, un rumor con el que la artista lleva años conviviendo. Otro incidente que puso de manifiesto la facilidad con la que algunos fans pasan del apoyo al acoso lo vivió el pasado abril el actor Walker Scobell. El joven de 17 años, que ha saltado a la fama como protagonista de la serie de Disney+ Percy Jackson, explicó en stories que renunciaba a acudir a su graduación de instituto porque sus fans estaban enviando amenazas de muerte a diferentes chicas de su entorno, con las que imaginaban que podía acudir a la graduación, un acto social de gran trascendencia en Estados Unidos que se realiza en pareja. “Para que todos lo sepáis: no iré a mi graduación. Por favor, dejad de enviar amenazas de muerte a TODAS las chicas adolescentes que remotamente puedan vincularse conmigo por vivir cerca de donde yo resido. No es justo para ellas ni para sus familias (…)”, dijo. Si bien esa toxicidad representa un ínfimo porcentaje de los fans que se integran como una comunidad de apoyo a sus ídolos, se expande con facilidad gracias al poder multiplicador de las redes sociales, un entorno que ha cambiado la manera en que los anónimos del mundo pueden relacionarse con quienes admiran. “Las redes sociales han creado una sensación de cercanía entre los artistas y su público. En general, esa relación es muy positiva, pero también puede crear la falsa impresión de formar parte de su vida privada”, explica Toño Sánchez, CEO de Superstruct Entertainment Iberia, compañía especializada en ofrecer experiencias musicales y culturales. 🚨 Karol G sufre una agresión durante su conciento en Canadá cuando un fan subió al escenario y le tiró del brazo sin soltarla. pic.twitter.com/QM1BRXd4wY— Karol G (fans) (@cairo1311) July 30, 2026
Cuando el fenómeno fan se vuelve tóxico: de la agresión a Karol G a las críticas a Ariana Grande y el ‘review-bombing’
Los comportamientos reprobables de unos pocos ensombrecen la figura del seguidor, más exigente que nunca en un tiempo en el que las redes sociales promueven una falsa sensación de cercanía a los ídolos a la vez que proporcionan cierto anonimato para lanzar ataques






