A finales de julio, unas imágenes de Ariana Grande durante varios conciertos de su gira Eternal Sunshine Tour y en el videoclip de su nuevo álbum Petal desataron una tormenta de comentarios en redes sociales. Miles de usuarios comenzaron a opinar sobre su aspecto físico, tachándolo de "extrema delgadez" y llegando incluso a especular sobre un supuesto "deterioro de su estado de salud". No era la primera vez. Ya en 2023, la cantante y actriz estadounidense pidió públicamente que dejaran de opinar sobre su cuerpo. Entonces explicó que la versión física que muchas personas identificaban como "la más sana" coincidía, en realidad, con el peor momento de su vida. También recordó que "hay muchas formas diferentes de parecer sano".PublicidadA comienzos de este mes, un portavoz de la artista anunció que Ariana se retirará temporalmente de la exposición pública al finalizar la gira, prevista para el próximo 1 de septiembre. Según explicó su equipo, la decisión responde al "escrutinio público constante" sobre su apariencia física. La propia cantante aprovechó uno de sus últimos conciertos para dirigirse al público y defender su derecho a poner límites frente a ese juicio permanente. El suyo, sin embargo, dista mucho de ser un caso aislado. Chiara Ferragni, Selena Gomez o Billie Eilish llevan años denunciando que su cuerpo ha dejado de ser solo suyo para convertirse en objeto de debate público. ¿En qué momento la preocupación deja de ser preocupación para convertirse en escrutinio? ¿Por qué seguimos creyendo que el estado de salud de una persona puede juzgarse a simple vista?La empresaria e influencer italiana Chiara Ferragni respondió recientemente a la oleada de comentarios sobre su cuerpo y a las especulaciones sobre un posible trastorno de la conducta alimentaria. Ferragni recordó que nadie conoce las circunstancias personales que hay detrás del aspecto de otra persona y denunció que el físico de las mujeres siga siendo objeto de debate público. La actriz y cantante Selena Gomez lleva años enfrentándose a esa misma exposición. Ha explicado en numerosas ocasiones que las variaciones de su peso están relacionadas con el lupus que padece y con la medicación que necesita para tratar la enfermedad. Aun así, cada cambio de su físico vuelve a convertirse en motivo de enjuiciamiento.La actriz Kate Winslet también ha denunciado durante años la "obsesión mediática" por el aspecto de las mujeres. La intérprete británica sostiene que el cuerpo femenino continúa tratándose como si fuera "patrimonio de la opinión pública" y critica que, todavía hoy, el peso de una actriz siga acaparando más atención que su trabajo. La actriz irlandesa Nicola Coughlan, conocida por interpretar a Penelope Featherington en Los Bridgerton, también ha tenido que pedir expresamente que, durante las entrevistas, dejen de preguntarle por su peso y empiecen a hablar de su trabajo como actriz.PublicidadAlgo parecido le ocurre a Billie Eilish. Cada vez que aparecen fotografías suyas con ropa ajustada o en bañador, las redes sociales vuelven a poner el foco en su cuerpo. La cantante ha denunciado en repetidas ocasiones que, vista como vista, siempre termina siendo juzgada. Incluso llegó a publicar en YouTube el vídeo Not My Responsibility, una pieza de casi cuatro minutos en la que la cantante reflexiona sobre el juicio constante al que se someten los cuerpos de las mujeres, especialmente los de las artistas jóvenes. La regla de los cinco segundosJúlia Pascual, psicóloga sanitaria especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y referente del Centro de Terapia Breve Estratégica, advierte a Público de la diferencia entre hablar de salud pública y convertir el cuerpo de una persona concreta en objeto de escrutinio colectivo. "Este tipo de conversaciones puede resultar perjudicial en dos sentidos", explica. Por un lado, porque "no necesariamente ayuda a la persona famosa a la que estamos señalando: si no tiene un TCA, estamos especulando sobre su salud; y si realmente lo padece, la insistencia constante sobre su delgadez puede funcionar, paradójicamente, como un refuerzo del trastorno".Júlia Pascual, psicóloga: "Una fotografía puede mostrarnos un cambio físico, pero nunca puede explicarnos qué hay detrás de ese cambio"Pero el impacto no se limita a la persona observada. La psicóloga señala que para quienes atraviesan un TCA, están en proceso de recuperación o son vulnerables respecto a su imagen corporal, la repetición de fotografías y comentarios sobre peso y apariencia puede alimentar la comparación, la vigilancia del propio cuerpo, la restricción alimentaria o una mayor necesidad de control. Frente a esta mirada centrada en la apariencia, Pascual defiende una educación que ponga el bienestar en el centro: "Necesitamos activar el placer asociado a cuidarse: disfrutar de comer, de un cuerpo con energía, de moverse, descansar, relacionarse y compartir". Bajo su mirada, no basta con enseñar a los adolescentes aquello de lo que deben alejarse, sino también aquello hacia lo que merece la pena acercarse.PublicidadLa psicóloga propone incluso una regla sencilla para frenar los comentarios sobre el físico ajeno: la regla de los cinco segundos. Antes de señalar algo sobre la apariencia de otra persona, plantea hacerse una pregunta: ¿puede cambiarlo en ese tiempo? Si la respuesta es sí —por ejemplo, si tiene comida entre los dientes o una etiqueta fuera de la ropa— puede tener sentido advertirlo. Pero si se trata del peso, del cuerpo, de la piel o de cualquier característica que no puede modificarse en ese instante, no es necesario convertirlo en un comentario. Júlia Pascual: "Es importante que en las redes exista diversidad corporal. Que podamos ocupar espacio, tengamos el cuerpo que tengamos"Para Pascual, una de las claves pasa por normalizar la diversidad corporal. "Es importante que en las redes exista diversidad corporal real. Que podamos mostrarnos, participar, trabajar, disfrutar, tener éxito y ocupar espacio, tengamos el cuerpo que tengamos", defiende. Según la experta, una de las mejores formas de combatir la obsesión colectiva por la apariencia pasa por dejar de situar el cuerpo como el elemento más relevante de una persona. "Una fotografía puede mostrarnos un cambio físico, pero nunca puede explicarnos qué hay detrás de ese cambio", recuerda.