Ruth del Moral |

Madrid (EFE).- La apuesta por la enseñanza bilingüe en los últimos 20 años y el acceso a las redes sociales ha llevado a que los jóvenes ya no salgan al extranjero a aprender idiomas, sobre todo inglés: el objetivo hoy en día es practicarlo.

Más de 50.000 estudiantes han viajado este verano a destinos como Canadá, Estados Unidos, Reino Unido o Irlanda para realizar cursos de idiomas, campamentos internacionales o estancias académicas de un año o semestre: el reto es priorizar la conversación y la inmersión en una cultura que les pueda beneficiar en su desarrollo personal y laboral.

El presidente de la Asociación de Empresas de Programas en el Extranjero, ASEPROCE, Emilio Bordona, señala a EFE que los programas en el extranjero desarrollan competencias que el aula tradicional difícilmente puede ofrecer, como la resiliencia, la apertura cultural, la capacidad de adaptación o la autonomía personal.

Incide en el mayor peso que en los últimos años tienen los programas de todo el curso académico en detrimento de los largos cursos de verano que se solicitaban antes: «Hace años eran de un mes y ahora se han acortado a dos o tres semanas porque los padres los ven como preparatorios para irse luego 9 meses o un año al extranjero».