Decir que Larry Ellison es el abuelo de Silicon Valley es algo que seguramente le caerá fatal, incluso llamarle patriarca, aunque lo sea, puede sonarle incómodo, ya que, a pesar de ser un octogenario, practica deportes náuticos, su nueva pareja apenas supera los treinta años y deposita su confianza en el empeño transhumanista de su amigo Peter Thiel. Quizás porque parte de su fortuna proviene de la nube virtual, siente la pulsión de trascendencia. Al menos así lo expresó en una biografía que publicó cuando atravesaba la mediana edad: The Difference Between God and Larry Ellison: God Doesn’t Think He’s Larry Ellison [La diferencia entre Dios y Larry Ellison: Dios no cree ser Larry Ellison]. Mucho más temeraria resulta una aspiración suya que pareciera haber sido gestada en el Olimpo: la fantasía de una sociedad en la que todo esté bajo vigilancia y Oracle (nada inocente el nombre), su empresa, sea quien custodia todos los datos.
Ningún eufemismo para expresar esta ambición: “La policía se comportará de la mejor manera posible porque estaremos vigilando y grabando constantemente todo lo que ocurre. Los ciudadanos se comportarán de la mejor manera posible porque estaremos grabando y denunciando constantemente todo lo que ocurre”.






