El turismo es uno de los pilares principales de la economía española desde hace décadas, pero el modelo se ha transformado con la intención de crecer en calidad y en gasto por viajero más que atraer a más visitantes. Los números confirman el viraje, pero también apuntan a una desaceleración en las pernoctaciones. Por el momento, los mayores precios no han contraído el volumen de la demanda, aunque hay indicios de que sí podría estar ya restándole crecimiento, especialmente entre los propios residentes en España, con un menor poder adquisitivo que los extranjeros.
Un indicador de esta tendencia son los datos hoteleros que publica el INE. En julio se alcanzó un nuevo récord de pernoctaciones para dicho mes del año, 44.846.714, de viajeros, 13.208.858, y de los precios. Las primeras crecieron un 0,33% respecto al año anterior, los segundos un 1,32% y el índice de precios hoteleros (IPH) un 5,91%. Son ejemplos de una tendencia mucho más consolidada, según la cual los precios aumentan a mayor velocidad que las pernoctaciones y los viajeros tras la pandemia.
Comparando las tres magnitudes a través de un índice del promedio de doce meses (el último dato incluye desde agosto de 2025 a julio de 2026), se observa cómo en la última década los precios de los hoteles han crecido un 62,2% (mucho más que la inflación de España en ese periodo, en torno al 32%), mientras que las pernoctaciones en los establecimientos han aumentado un 14,6% y los viajeros un 22,7%.









