El calendario marcaba el 23 de agosto de 1971. Aquel lunes, los lectores de El Comercio encontraron en la renovada página de “Amenidades” a una pequeña protagonista que estaba a punto de convertirse en una presencia inolvidable. Con sus preguntas incómodas, su mirada despierta y un humor capaz de decir mucho con pocas palabras, Mafalda, la creación del argentino Joaquín Salvador Lavado, Quino, irrumpió en el diario y comenzó a conquistar a los lectores peruanos. Habían pasado siete años (en 1964) desde que aquella niña irreverente había nacido en Argentina; ahora, con apenas unos trazos, iniciaba en Lima una historia de complicidad que se prolongaría por décadas.