El olivo es parte del ADN uruguayo como elemento integrador de la gastronomía, del patrimonio, el arte y hasta la identidad nacional, ya que está incluido en el escudo nacional como símbolo de paz. Con condiciones geográficas similares a las de la cuenca del Mediterráneo, área que produce el 90 % del aceite de oliva del mundo, Uruguay ha logrado que los árboles de origen europeo se adapten muy bien al clima más húmedo y a las tierras orientales, plantándose en leves pendientes y asegurando un buen drenaje. En los últimos años, el país ha transformado sus paisajes de sierras (Lavalleja y Maldonado), ríos (Negro, Paysandú y Salto), costa oceánica (Maldonado y Rocha) y frontera (Rivera) en un epicentro de producción olivícola de alta calidad. En la actualidad, el olivoturismo es una de las propuestas turísticas y gastronómicas de mayor crecimiento en Uruguay. Las visitas a las almazaras (molinos) y olivares uruguayos suelen durar entre 1.5 y 2.5 horas; entre la recolección de olivas, degustación y anécdotas para compartir en pareja, amigos o familia. Las actividades incluyen:
Caminatas guiadas: recorridos entre pintorescos paisajes serranos para conocer las variedades de olivares adaptadas al suelo uruguayo (como Arbequina, Picual, Coratina, Frantoio, entre otras) y aprender sobre cómo se planta un olivo, su sistema de riego y los detalles de los nutrientes del suelo.








