OpiniónColombia lleva décadas repitiendo los mismos métodos de seguridad sin memoria institucional, mientras la amenaza criminal ya cambió de naturaleza.El reto es que la política de seguridad responda a la realidad cambiante de la criminalidad. Foto: Alcaldía21.08.2026 10:01 Actualizado: 21.08.2026 10:01

En uno de los pasajes más célebres de Alicia en el País de las Maravillas, la protagonista llega a una bifurcación y le pregunta al Gato de Cheshire qué dirección debe tomar. El Gato le pregunta adónde quiere llegar y Alicia responde que no le importa mucho con tal de llegar a algún lugar. Y el Gato le dice: entonces da igual qué camino tomes.Colombia lleva décadas en esa bifurcación. Y el Gato sigue sonriendo.El problema no es solo de esfuerzo ni de recursos. Es de arquitectura. Durante más de cincuenta años el Estado colombiano ha caído en la peor combinación posible: demasiada continuidad en los instrumentos - siempre las mismas respuestas operacionales — y demasiada discontinuidad en la conducción estratégica — cada gobierno reinicia desde cero sin acumular aprendizaje ni transmitir conocimiento. Se repiten los mismos métodos sin la memoria institucional para saber por qué no funcionaron. Y mientras tanto, la amenaza cambió radicalmente de naturaleza. Acciones criminales atribuidas a la guerrilla. Foto:Redes socialesLas guerrillas ideológicas del siglo XX mutaron en empresas criminales diversificadas del siglo XXI. Ya no se trata de estructuras armadas con manifiestos políticos. Se trata de un sistema multi criminal que articula rentas ilícitas, redes financieras, control territorial y captura institucional con proyección transnacional. El oro ilegal, las tierras raras, la trata de personas, el narcotráfico como sistema financiero global. Cerca del 4% del PIB en economía ilegal. Territorios donde el Estado no llega con autoridad real ni con servicios efectivos, condenando a millones de colombianos a trampas de pobreza que impiden cualquier prosperidad sostenible. El Estado, mientras tanto, siguió perfeccionando su respuesta a la amenaza anterior: más capturas de cabecillas, más toneladas incautadas, más hectáreas erradicadas. Victorias tácticas sobre un adversario que ya había cambiado de juego. No porque los generales sean malos. Sino porque la arquitectura institucional del Estado no tiene mecanismos para reconocer cuándo su modelo de seguridad está siendo superado por la realidad. El nudo gordiano es ese: los grupos criminales combinan horizontes de planificación de veinte a cuarenta años con una extraordinaria capacidad de adaptación táctica. El Estado colombiano ha hecho lo contrario - adaptación táctica sin horizonte estratégico. Cada gobierno llegaba a la bifurcación, tomaba su propio camino con la información disponible, y cuando empezaba a producir resultados, se iba. El siguiente gobierno volvía a la misma encrucijada. El Gato de Cheshire seguía en su rama, sonriendo. El presidente Abelardo De La Esperilla y la nueva cúpula militar. Foto:CortesíaEl gobierno de la Patria Milagro llega con una oportunidad real de romper ese ciclo porque tiene la disposición y la voluntad política de construir la arquitectura para direccionar, desarticular, legitimar, anticipar, modernizar, integrar y recuperar el Estado Social de Derecho. Esa arquitectura tiene un eje central: un Consejo de Seguridad y Defensa Nacional rediseñado como órgano permanente del Estado — no del gobierno —. Con una agenda estratégica de veinte años vinculante para cada administración futura. Con un presupuesto plurianual blindado para las capacidades críticas que tardan lustros en construirse: inteligencia, movilidad, ciberseguridad, logística estratégica. Con una Doctrina Estratégica Nacional de Seguridad como documento de Estado que ningún gobierno pueda ignorar ni reemplazar unilateralmente. Y con un protocolo obligatorio de transmisión estratégica entre administraciones, para que Colombia deje de empezar desde cero cada cuatro años.Pero la arquitectura institucional sola no basta. La seguridad y el desarrollo son un solo sistema. El control territorial sin inversión productiva no se sostiene. La desarticulación de las economías criminales exige simultáneamente inteligencia financiera, acción judicial, presencia institucional y sustitución económica real en los territorios. Y la inserción de Colombia en cadenas globales de valor estratégico — energía, tecnología, infraestructura — es el único mecanismo que reduce de manera permanente el espacio económico disponible para el crimen. La prosperidad legítima es, en última instancia, el instrumento de seguridad más poderoso que tiene el Estado. LEA TAMBIÉN Alicia, al final de su aventura, descubre que el País de las Maravillas era un sueño. Colombia no puede darse ese lujo. Los territorios sin Estado, las economías, los colombianos atrapados en pobreza generación tras generación — eso no es un sueño. Es la consecuencia acumulada de décadas de improvisación estratégica. El Gato tiene razón en una cosa: si no sabes adónde quieres ir, cualquier camino sirve. Pero el destino de la Patria Milagro sí está claro — seguridad, legitimidad y prosperidad para todos los colombianos. Lo que se necesita ahora no es más voluntad. Es el camino institucional para llegar, y la disciplina de no abandonarlo cuando cambie el gobierno. Tal vez esa es la manera de convertir un milagro en una política de Estado. Este viernes 21 de agosto, estas y otras propuestas para la seguridad, defensa y desarrollo de Colombia serán presentadas públicamente en la Universidad Militar Nueva Granada. Conexión remota y grabación: https://www.youtube.com/live/EkN5OnZ2QnA* Exviceministro de Defensa Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.