En tiempos donde muchas relaciones se construyen alrededor del interés personal, recuperar el valor de la palabra empeñada resulta indispensable.21 de agosto, 2026 - 09h00Hay virtudes que no necesitan discursos para demostrar su grandeza. Se manifiestan en silencio, en las decisiones cotidianas y, sobre todo, en la manera en que actuamos cuando nadie nos está observando. Una de ellas es la lealtad, ese valor que muchas veces pasa inadvertido, pero que puede ser determinante en la vida personal, profesional e institucional.El escritor estadounidense Elbert Hubbard dejó una frase que invita a reflexionar profundamente: “Una onza de lealtad vale más que una libra de talento”. La idea encierra una verdad sencilla: las capacidades pueden abrir puertas, pero la lealtad permite conservar la confianza.En cualquier institución, empresa, organización o equipo de trabajo existen diferencias, desacuerdos y decisiones que no siempre compartimos. Tener criterio propio es saludable; expresar una opinión respetuosa también. Lo que destruye las relaciones, sin embargo, es convertir la crítica permanente, el rumor y la descalificación en una forma de convivencia.PublicidadQuien acepta formar parte de una organización adquiere también una responsabilidad moral con ella. Si existen razones profundas para no continuar, siempre será más digno apartarse con respeto que permanecer dentro sembrando desconfianza, hablando mal de los compañeros o desacreditando aquello que representa la institución.La verdadera lealtad tampoco significa obediencia ciega. Un trabajador, dirigente o colaborador leal puede señalar errores, advertir riesgos y plantear desacuerdos, pero debe hacerlo con honestidad, respeto y propósito constructivo. La lealtad auténtica no encubre las equivocaciones: ayuda a corregirlas sin destruir a las personas.También conviene recordar que la deslealtad suele tener consecuencias. Quien acostumbra traicionar la confianza de otros termina perdiendo credibilidad, y cuando llega el momento de necesitar apoyo, difícilmente encuentra las mismas puertas abiertas.PublicidadPublicidadEn tiempos donde muchas relaciones se construyen alrededor del interés personal, recuperar el valor de la palabra empeñada resulta indispensable. El talento puede impresionar, pero la lealtad genera confianza y esta, una vez ganada, constituye uno de los patrimonios más valiosos de cualquier persona.Por eso, antes de preguntar cuánto talento poseemos, quizá deberíamos preguntarnos cuánto podemos confiar en nuestra propia palabra. La lealtad no hace ruido, pero deja huella. (O)Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, el CocaPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?