Carolina Restrepo Cañavera, la nueva directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la enorme dependencia encargada de velar por el bienestar de todos los menores de edad, ha sido objeto de cientos de críticas esta semana, especialmente de grupos feministas y de izquierda. La señalan de liderar la “batalla cultural” conservadora del presidente Abelardo de la Espriella, junto con otros funcionarios como la ministra de Educación, Viviane Morales, quien argumentó explícitamente que la izquierda ha “ideologizado” a los menores de edad. “Obviamente ha habido una campaña woke que ha metido una cantidad de sutiles movimientos para apoderarse de la enseñanza y de la educación de los hijos”, dijo ante varios medios este jueves, trayendo al debate colombiano la palabra clave en Estados Unidos para dicha batalla: woke. Morales, exfiscal, viene de una iglesia cristiana, mientras que Restrepo, abogada tributarista, fue candidata a la Cámara de Representantes por el partido ultraconservador Salvación Nacional y luego del uribista Centro Democrático. Las dos, que tienen en sus manos la política dirigida a los menores de edad, vienen con una agenda que pasa por el lenguaje. Las críticas arrancaron cuando el director encargado del ICBF en el departamento Huila, Carlos Cabrera, pidió en un documento interno usar “exclusivamente” la expresión “niños y adolescentes”, excluyendo la palabra “niñas”. En varias publicaciones de las redes sociales del ICBF fue notable, entonces, la nueva ausencia de esa palabra, niñas. Luego, la directora precisó la decisión en un comunicado en el que, si bien no respaldó directamente a Cabrera, señaló que de ahora en adelante se debe usar el término “niñez” en los documentos oficiales, pues considera que ya incluye a los niños y las niñas. En paralelo, Caracol Radio publicó un video de ella en la sede de Bogotá, en la que se le ve criticando una enorme cartulina hecha durante el Gobierno anterior, en la que aparece el mensaje “resistencia chiquita”’. “¡¿Como usan a los niños?! Esto es absolutamente abusivo: ¿un niño qué va a saber qué es eso de resistencia chiquita? ¿Cómo pueden usarles? Un niño tiene es que jugar“, criticó ante las cámaras. Resulta que el mensaje respondía al nombre del colectivo de niñas Resistencia Chiquita, según explicó Antonia Gómez, una de sus fundadoras. La joven de 16 años contó en redes sociales que nació tras el brutal asesinato a la niña indígena Yuliana Samboní, de 7 años, cuando ella tenía 6 años. Pocos años después de fundar la organización, ella y otras niñas aparecieron incluso en un video oficial del ICBF. “Yo creía que a todas las niñas nos iba a pasar lo que le pasó a Yuliana”, decía entonces Antonia. Resistencia Chiquita “es un lugar para que las niñas sean escuchadas”, añadió una amiga. En su respuesta a la nueva directora, Gómez dice que el mensaje en el mural fue hecho por una de sus amigas en 2023 y “no tenía nada que ver con política, no tenía nada que ver con izquierda o derecha”. La directora no retrocede ante las críticas ni ante la respuesta de Antonia Gómez: ese jueves circuló en redes sociales un meme de ella como la profesora abusiva de la película Matilda, y compartió la imagen con el mensaje “Me encanta!!!”. Vía mensaje de texto, defiende su decisión de usar “niñez” por encima de “niños y niñas”. “No estoy interesada en convertir el lenguaje del ICBF en un escenario de disputas ideológicas”, dice a EL PAÍS. “El ICBF tiene problemas demasiado serios como para que su prioridad sea multiplicar palabras donde existe una expresión que comprende a todos”, añade. Sobre las direcciones como la del Huila, dice que al llegar al cargo ha encontrado que “las regionales parecen islas: cada una hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere”. Y sobre Resistencia Chiquita, se mantiene. “¿Resistencia a qué? A qué se resiste una niña de 6 años?”, pregunta. Critica que se puedan “tomar las expresiones de una niña de 6 años, cargarlas con categorías y significados propios de las confrontaciones de los adultos y después presentar el resultado como una expresión política de la niñez. El ICBF no está para promover activismos ni ideologías, sean de izquierda, de derecha o de cualquier naturaleza”.Es decir, para la directora, tanto usar “niños y niñas”, como la palabra “resistencia”, está asociado al activismo político de los adultos —y, sin tener que decirlo, al activismo político de la izquierda—. “Niños y niñas”, sin embargo, es el lenguaje que usa el Código de Infancia y Adolescencia, adoptado en 2006 por Colombia, y que defienden organizaciones como la Asociación Colombiana de Criminología. “Ignorar la condición particular de las niñas invisibiliza violencias estructurales que las afectan de forma diferenciada”, dice esta organización en un comunicado. El abogada y politóloga María Cristina Hurtado, corredactora del código de infancia y adolescencia, también criticó la decisión. “No nombrar a las niñas implica una nueva vulneración de sus derechos y corporeidad, pero también el incumplimiento de las normas convencionales, constitucionales y legales y la invisibilización de años de tendencia jurisprudencial de las altas cortes colombianas”, explicó en redes sociales quien fue defensora delegada de infancia y mujeres. Y Edna Bonilla, experta en temas educativos y exsecretaria de Educación en Bogotá, quien es más asociada al centro que a la izquierda tras haber sido fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo, también criticó el cambio. “Las niñas necesitan sentirse representadas, sentirse nombradas”, dijo a la emisora Blu Radio de su experiencia hablando con las pequeñas en varios colegios. “Esa visibilidad ya la hemos ganado [para las niñas], y considero que no la deberíamos perder”. La batalla cultural ha comenzado, anuncian las voces críticas, y por lo general pasa por el lenguaje. Si en movimientos progresistas y de izquierda este busca representar la diversidad ―el Gobierno Petro, por ejemplo, cambió el nombre del Ministerio de Cultura por Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes―, en la derecha pasa lo contrario: se considera, como dice la directora del ICBF, que no tiene sentido “multiplicar palabras”. Movimientos cristianos que están en la primera línea de esa batalla cultural apoyaron al presidente en campaña con la promesa de que este les diera representación en el Ejecutivo, y así lo ha hecho. El lenguaje, entienden todos los lados, es una herramienta para entender el mundo, nombrándolo. Pero no todos quieren nombrar lo mismo.
La batalla cultural de De la Espriella arranca en el ICBF: la directora considera que usar palabras como ‘resistencia’ o ‘niños y niñas’ es ideologizar a los menores
Carolina Restrepo enfrenta críticas en sus primeros días al frente de la entidad encargada de proteger a las infancias colombianas







