El secretario del Tesoro, Scott Bessent, intentó tranquilizar el jueves a los inversores preocupados por la campaña de presión sobre Irán, declarando que era improbable una reanudación de los combates a gran escala.

El problema para la administración Trump es que Irán también estaba escuchando.

Esta semana, el presidente Trump prometió un “Día D económico” contra Irán, una operación “devastadora” para “paralizar” al país.

La represión estadounidense es formidable: una combinación de destrucción bélica, bloqueo naval y sanciones que ya han sometido a la economía iraní a una presión mayor que la que su régimen ha experimentado en décadas.

Pero entre líneas, las amenazas del gobierno dejaban entrever una señal que Bessent dejó más clara que nunca el jueves: