Análisis Exclusivo suscriptores Emprendimientos de ropa y gastronomía se quedaron con la mercancía lista para vender este fin de semana, cuando debía realizarse la edición número 30.Las millonarias pérdidas de comerciantes y gestores culturales del Petronio, suspendido por el terremoto Foto: Archivo particularPERIODISTA21.08.2026 00:57 Actualizado: 21.08.2026 00:57 PERIODISTA JUDICIAL21.08.2026 00:57 Actualizado: 21.08.2026 00:57
Para entrar al hogar de Licenia Pinillo, conocida en Cali como 'Licha', hay que empujar una puerta que se abre con dificultad en el primer piso de una vivienda del barrio Aranjuez, una zona entre el centro y el oriente de la capital del Valle. Al cruzar el umbral, unas escaleras estrechas conducen hacia el segundo nivel y, justo al final, aparece un imponente altar escalonado. Se lo dedica a la Virgen y a Dios por las bendiciones en su vida, como recuperarse de dolencias que venían desde la pandemia hace ya seis años.El espacio resplandece por las luces de colores entre flores secas y espigas. En la cima de esta estructura mística, rodeada de velas, reposan múltiples imágenes de la Virgen Milagrosa y la Inmaculada Concepción, así como el Sagrado Corazón de Jesús, varios Cristos y el Niño Dios.Entre ellas se destaca un pesebre con figuras negras que ella misma mandó a pintar, un reflejo de su identidad y su territorio guapireño en la costa caucana.Al pasar a la sala, la atmósfera se transforma en un testimonio visual de su herencia. Justo a su lado, acomodada sobre cojines, se resalta una enorme e imponente réplica de una tortuga marina a escala real, cuyos detalles en el caparazón evocan las profundidades del océano Pacífico que la vio nacer.En las mesas auxiliares y repisas adyacentes se aprecian figuras de mujeres afrocolombianas como Licha, con trajes tradicionales, fotografías familiares y tortuguitas elaboradas en diversos materiales, desde la fragilidad de la cerámica y el barro hasta artesanías tejidas en alambre.Licha las colecciona con una convicción profunda, pues asegura que las tortugas caminan lento, pero siempre logran llegar a la meta; para ella, son el símbolo inequívoco de su propia existencia, esa que se levanta desde la adversidad como ahora, después de sobrevivir al terremoto más fuerte en los últimos diez años en el occidente colombiano, que, como un milagro, no dejó daños severos en su casa.Hoy, esta maestra representativa del aplazado Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez por el sismo busca cómo comercializar más de 2.500 canecas de viche, arrechón y tomaseca que fabrica junto con cinco artesanos más.Esa misma resistencia es la que ha transmitido a sus cuatro hijos, a quienes sacó adelante a pulso. Tres de ellos migraron buscando horizontes lejanos —uno reside en España, una hija en Chile y el menor en México—, mientras que uno permanece en Cali, siendo su apoyo diario después del terremoto.Desde este rincón de Aranjuez, la maestra guapireña recuerda cómo rompió la historia del Festival Petronio Álvarez entre 1996 y 1997 al introducir por primera vez el viche en Cali. Sin embargo, tras décadas de abrir caminos para otros maestros vicheros, hoy vive esa desazón por estar fuera del festival, que se suspendió por el terremoto y que es, hasta ahora, la principal plataforma para preservar la memoria de la bebida de sus ancestros afrodescendientes, que sale de la destilación del jugo fermentado de la caña de azúcar.La guapireña contó que, al principio del Petronio, hace 30 años, el viche era una apuesta clandestina y sagrada. La bebida estaba prohibida. Cuenta que era perseguida por las autoridades y estigmatizada como contrabando en ese entonces. En medio de ese panorama, la mujer guapireña decidió caminar a contracorriente con un único equipaje: la firme convicción de que su cultura no era un delito.'Licha' recuerda cuando el inventario se le agotaba en los primeros festivales del Petronio, que cada año atraen a millares de personas, y la solución estaba a un viaje de distancia: "Se acabó todo y, como el festival seguía, llamé a mi hermano a Buenaventura y le dije: 'Hermanito, ve, esa galoneta que usted me mandó, la vendí'. Me dijo: 'Vaya al terminal y por la Flota Magdalena le envío más'. Yo, feliz".Para 'Licha', el viche nunca fue una simple bebida embriagante; es medicina viva heredada de su árbol genealógico. "Mi madre era una partera y sabía de sus hierbas medicinales", relata con orgullo al referirse a la matrona Roberta Pinillo.Con esos saberes, preparaba curas que desafiaban a la medicina tradicional. "Hacía mi tomaseca para las mujeres que sufrían de cólicos menstruales, que no podían embarazarse y curaba su mioma. Efectivo, sí, es muy efectivo".La persecución y el nacimiento de AsovicheCuenta que el camino hacia el reconocimiento no estuvo pavimentado de aplausos, sino de persecución. Licha recuerda cómo las autoridades, en el transcurso de tres décadas, intentaron arrebatar su herencia en cuanto vieron el éxito comercial del festival. Licha unió fuerzas y realizó un plantón. "En esa época nos hicimos en la Plaza de Cayzedo, el centro de Cali. Nos iban a sacar de ahí y bajó el magistrado Antonio Valencia y dijo: 'A los muchachos no me los tocan, Licha está defendiendo un proceso'".'Licha' regresó a su hogar, tomó papel y lápiz y fundó Asoviche, la primera organización de portadores ancestrales a nivel nacional e internacional: "Llegué aquí a mi casa, me puse a escribir e hice Asoviche. Este pechito es la creadora". Hoy, la asociación agrupa a 45 familias de los cuatro departamentos del Pacífico (Valle, Cauca, Chocó y Nariño), manteniéndose firmes y autónomas.'Licha', quien además se formó como abogada de la Universidad Santiago de Cali, especialista en Derecho Disciplinario y magíster en Gestión Pública, lidera hoy una batalla crucial desde el Comité Interinstitucional de la Ley del Viche.Aunque celebra logros como la "reglamentación 0729 para los derivados" y los registros sanitarios con enfoque étnico, mira con preocupación los intentos de las grandes industrias por comercializar el producto en masa.Hoy, cuando ha transcurrido un poco más de una semana desde el terremoto del 10 de agosto, Licha quiere que se puedan hacer alianzas con otros departamentos para comercializar sus productos de viche que, por fortuna, no tienen fecha de vencimiento.‘Licha’ Pinillo sostiene que no se rinde desde su casa en Aranjuez, resguardada por sus vírgenes iluminadas y su pesebre negro, donde también guarda algunas de las canecas de ‘viche’ con las que aspiraba recaudar, durante el Festival, más de 20 millones de pesos para ella y las otras cuatro mujeres que se sumaron al negocio.La moda étnica de ‘Diosa de ébano’corrígeme y mantén MI TONO: Michel Ruiz, un diseñador del distrito de Agua Blanca, había invertido más de 48 millones de pesos en su nueva colección de moda étnica, que esperaba vender “como pan caliente” en el Petronio, la gran vitrina cultural del Pacífico.Parte de sus creaciones se encuentra en Sandfor, Florida, donde ganó un premio en la Semana de la Moda Étnica. Otras prendas, en el cuarto piso de su casa en el distrito de Agua Blanca, donde instaló un show room que esperaba inaugurar después del Festival.Cada detalle de ese lugar está pensado para ofrecer una expriencia cultural. En una esquina hay un marimbero que toca alabaos, obsequian viche y toda la ropa tiene diseños tribales, estampados coloridos y hasta de personajes afro como Malcolm X y Martin Luther King. Además usa telas importadas desde Kenia y usa materiales como hilos de caña que terminan de imprimirle el alma a las prendas.Para llegar a su casa, se debe subir una escalera empinada en espiral. Michel, en español, como le gusta que le digan, tiene dos hijos y trabaja hombro a hombro con su esposa Martha, quien ha asumido el rol de publicista, vendedora y hasta diseñadora de interiores para la marca.Juntos decidieron construir un piso más en el edificio en el que viven y llevar a sus clientes, que hasta ahora compran sus diseños a través de redes sociales o en ferias, al corazón de Agua Blanca.Todavía no se explican cómo ese piso, en el que invirtieron más de 80 millones de pesos para disponer de un punto físico para su marca, no se vino al suelo. De hecho, la casa que colinda con la de Michel quedó sin techo. Ese proyecto de showroom terminó convertido en un centro de acopio para llevar donaciones a las zonas afectadas por el terremoto, que para Michel y su familia, por fortuna, solo dejó daños menores.Sin embargo, vive con el afán de recuperar el capital invertido, algo que, por su experiencia de siete años consecutivos en el Festival, estaba seguro de lograr. El afán no es solo por él, por la inversión en la colección y en la construcción del piso de su casa, sino también por ayudar a las familias de sus trabajadores, repartidos en los cinco talleres que tiene en la ciudad.“Construimos un espacio especialmente para inaugurarlo después del Festival Petronio Álvarez. Hoy lo tenemos cerrado y, además, tenemos toda una colección de moda muy grande que habíamos preparado para el Festival. Para vender, pero también para la pasarela de moda estelar que teníamos para el Festival de 2026”, dijo Michel.“Es el año más importante en el mundo para la comunidad del Pacífico y llevábamos preparándonos desde hace nueve meses”, reiteró Michel, quien, sacudiéndose de ese ‘mal trago’, le está apostando todo a la comercialización virtual de sus prendas mientras logra inaugurar su propio espacio.Carolina Bohórquez y Sara Valentina QuevededoEnviada especial de EL TIEMPO en Cali y Justicia Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.









