Hay cierta insolencia en cómo comienza Mujeres desesperadas. Mary Alice Young se despierta, hace las tareas de la casa con su mejor sonrisa y muere por suicidio. Después, desde la muerte, empieza a hablarnos calmadamente de Wisteria Lane. No es necesario explicar qué clase de lugar es ese. Basta con observar las casas: jardines frondosos, porches acogedores, coches relucientes. Todo parece tan perfecto que resulta inmediatamente sospechoso.PublicidadEstrenada en 2004, Mujeres desesperadas era una comedia, un thriller psicológico, una sátira suburbana, un drama matrimonial y una telenovela al mismo tiempo. No necesitaba elegir: su personalidad nacía precisamente de tan explosiva mezcla, que el piloto ya manejaba con absoluta naturalidad.Como carta de presentación, cada protagonista hace lo que mejor la caracteriza. Susan quiere rehacer su vida sentimental y se tropieza literalmente con ella; Bree fuerza la dignidad mientras su familia se deshace; Lynette descubre que la maternidad puede ser una forma sofisticada de agotamiento; Gabrielle busca fuera de su matrimonio aquello que ya no encuentra dentro. Todo mientras el cadáver de Mary Alice sigue caliente.Quizá Susan Mayer sea la más mundana y, a la vez, la más exagerada. Cuando la conocemos, acaba de separarse. No hace falta una escena solemne para definir a Susan como romántica, insegura y desastrosa. Solo hay que verla luchar con Edie Britt por la atención de Mike Delfino, el nuevo vecino. Poco después, provoca una pequeña catástrofe de las suyas. Susan no controla su vida, pero tampoco deja de intentarlo.En cambio, Bree Van de Kamp cree que la vergüenza puede evitarse planificando cada detalle. La escena donde sirve la cena mientras Rex anuncia que quiere divorciarse es toda una declaración de intenciones. Él le reprocha que no tenga sentimientos; ella responde con alta cocina. El chiste no reside en que Bree esté obsesionada con el orden, sino en que su única manera de demostrar amor es esa.PublicidadLynette Scavo ofrece la otra cara del mito doméstico. Antaño tenía una carrera profesional y una identidad que no dependía de limpiar vómitos. Ahora tiene cuatro hijos. El piloto podría haber convertido esa situación en una broma cruel, pero deja claro que Lynette no es una mala madre. Está agotada. Y Tom, su despreocupado marido, parece incapaz de comprenderla.Gabrielle Solis ni siquiera finge que quiere la misma clase de bienestar que las demás. Vive rodeada de lujo y tiene cuanto siempre soñó. Solo que Carlos casi nunca está. Por eso mantiene una relación con John, el jovencísimo jardinero. Ella toma el sol mientras ellos trabajan, pero acaba segando el césped de madrugada para evitar sospechas. Se preocupa, miente y sigue adelante. La ligereza es esencial: Mujeres desesperadas nunca trata a sus personajes como figuras trágicas.Todos estos hombres y mujeres viven en un lugar diseñado para llevarles la contraria. Las casas, los jardines, los porches y las ventanas crean espacios donde la vida privada es constantemente visible. Los vecinos saben quién llega, quién se va, quién tiene problemas matrimoniales y quién está comprando algo que no debería necesitar. Al mismo tiempo, nadie conoce la historia completa.PublicidadDe hecho, las casas funcionan igual que sus habitantes. Desde fuera son impecables; dentro ocurre justo lo contrario. Los colores luminosos y la disposición geométrica crean una imagen casi publicitaria de la felicidad. Esa es la gran sátira de Mujeres desesperadas. La serie no se ríe de los problemas de sus personajes, sino de la obligación de aparentar que no los tienen.La propia cabecera insiste en esa idea. Las referencias a la historia del arte y a la representación de la feminidad convierten la aparente celebración del hogar en una parodia. Se nos recuerda que detrás de las imágenes de mujeres perfectas hay historias complicadas. La vida que se supone que deberías querer no siempre coincide con la que realmente quieres.Pero el mayor acierto de Mujeres desesperadas es Mary Alice. O, mejor dicho, su voz en off, que permite a la serie observar a todo el mundo desde fuera y, al mismo tiempo, desde dentro. Ella puede adentrarse en las vidas de sus vecinas, conocer sus contradicciones y hablar de ellas con una mezcla de cariño e ironía. Es el único personaje que ya conoce el final, lo que convierte la serie en una autopsia social. Mary Alice sabe que un matrimonio puede ser envidiable desde fuera e insoportable por dentro. Que una madre puede amar a sus hijos y estar harta. Que una mujer puede tenerlo todo y sentirse sola. Lo sabe porque ella también escondió algo.Y entonces brota el misterio. Paul encuentra una nota que ella dejó. Zach está cada vez más alterado. Mike Delfino llega al barrio con una misión. La serie va abriendo interrogantes sin subrayarlos. Una buena escena de Mujeres desesperadas puede ser graciosa, avanzar una relación, revelar un rasgo de personalidad y plantar una pista.La economía narrativa es extraordinaria porque el piloto entiende que no hay que resolver nada todavía. Hay que prometer. ¿Qué ocurrió con Mary Alice? ¿Qué esconde Paul? ¿Quién es realmente Mike? ¿Podrá Susan acercarse a él? ¿Sobrevivirá el matrimonio de Bree? ¿Descubrirán a Gabrielle? ¿Cuánto tardará Lynette en estallar? Algunas de estas preguntas sostendrán varias temporadas. La función de un buen piloto no es contar una historia, sino demostrar que hay una serie detrás.Todo confluye en la escena del funeral. Mientras las cuatro protagonistas tratan de comprender la muerte de Mary Alice, nosotros empezamos a comprenderlas a ellas. El episodio consigue que la trama principal y las historias personales avancen simultáneamente. El misterio nos hace mirar a las mujeres; las mujeres hacen que nos importe el misterio.A diferencia del piloto, la serie está lejos de la perfección, lo que no deja de ser coherente con sus personajes. Conforme avanzaban las temporadas, hubo asesinatos cada vez más extravagantes, giros imposibles, tornados, matrimonios que iban y venían, secretos que exigían una suspensión de la incredulidad y, lo peor de todo, personajes que se traicionaban a sí mismos. Pero seguimos enganchados porque el piloto, además de ejercer de fachada perfecta, había presentado seres humanos a los que querríamos acompañar siempre.PublicidadVolver hoy al primer episodio resulta fascinante. Sabemos quién va a morir, quién va a casarse, quién va a divorciarse, quién va a perder dinero, quién va a cambiar por completo y qué escondía Mary Alice. Así que podemos fijarnos en los cimientos. En la sonrisa de Bree. En la torpeza de Susan. En el agotamiento de Lynette. En el césped de Gabrielle. En Paul mirando a su hijo. En Mike llegando con una caja de herramientas. En Mary Alice contándonoslo todo como si supiera que, detrás de cada puerta, hay una historia que todavía no estamos preparados para conocer.En realidad, la serie entera estaba contenida en su primer episodio. Mujeres desesperadas no necesitó tiempo para encontrar su identidad: la tenía desde el primer disparo, desde aquella mañana en la que una mujer aparentemente feliz decidió morir y, desde el otro lado, empezó a contarnos la verdad sobre todas las demás.
Los secretos del primer episodio de 'Mujeres desesperadas' que explican su éxito
El piloto de Mujeres desesperadas convirtió un barrio ideal en un mosaico de secretos, humor negro y deseos prohibidos, convenciéndonos de que cada puerta escondía una historia que contar....







