SAN JOSÉ—Tras dos años de batallas políticas encarnizadas, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, logró finalmente nombrar en mayo a un nuevo procurador general. Al sustituir a un procurador corrupto por uno honesto, Arévalo demostró que, incluso luego de años de erosión, la democracia puede prevalecer si los líderes políticos anteponen el constitucionalismo a la confrontación. Los observadores internacionales muchas veces se centran tanto en los retrocesos democráticos que pasan por alto los avances democráticos. Sin embargo, la reciente lucha de Guatemala merece una atención mucho mayor. Después de que Arévalo ganara por un amplio margen la segunda vuelta de agosto de 2023, el Ministerio Público, bajo la dirección de la fiscal general Consuelo Porras, impugnó los resultados, emprendió acciones legales contra el partido de Arévalo, Movimiento Semilla, y llevó a cabo investigaciones que fueron consideradas por muchos como intentos de bloquear el traspaso de poder. Bolivia: de perla del bolivarianismo a tormenta perfecta anunciada y evitable

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