Actualizado a las 01:39h.
Enfermedades aterradoras, muertes súbitas, locura repentina y largas rachas de mala suerte extrema. Esos eran los horribles destinos que, según las leyendas de principios del siglo XX, aguardaban a cualquiera que se atreviera a profanar las tumbas de las momias milenarias. Todos conocemos la ... célebre maldición de Tutankamón: cuando el egiptólogo británico Howard Carter abrió su sepulcro en el Valle de los Reyes en 1922 (así lo contó ABC), desató, según el mito popular, un mal invisible. Un 'castigo faraónico' que acabó poco después con la vida de su mecenas, Lord Carnarvon, y con la de varios miembros de su equipo, marcando con una sombra de desgracias, accidentes y ruina a los primeros arqueólogos que desenterraron otras momias egipcias.
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