El aumento de la deuda pública de Estados Unidos hasta la barrera psicológica de los 40 billones de dólares, anunciado ayer por el Departamento del Tesoro, es un dato preocupante. Los riesgos de este elevado endeudamiento de la primera economía mundial y especialmente del constante aumento de su déficit público van más allá de sus fronteras. Sus ondas sísmicas, en forma de tipos de interés elevados, afectan al resto de países, que pueden ver cómo se encarecen también sus costes de financiación.Pese a lo astronómico de la citada cifra de endeudamiento, no hay riesgo de una crisis de deuda en Estados Unidos. Los mercados financieros están relativamente tranquilos y la bolsa de Wall Street incluso subió ayer. Los citados 40 billones de dólares suponen el 124% del producto interior bruto (PIB) del país. Pero esta cantidad corresponde a la deuda federal bruta, que incluye unos 7,8 billones de deuda entre organismos del propio Estado. La cifra que los economistas consideran más significativa, en cambio, es la deuda en manos del público, que actualmente es de unos 32,3 billones de dólares, que suponen el 101% del PIB. Se encuentra, pues, dentro del máximo nivel que sería razonable.El problema de fondo que refleja la evolución del endeudamiento de los Estados Unidos es la incapacidad de las distintas administraciones, tanto la demócrata (Joe Biden) como la republicana (Donald Trump), para controlar el déficit público, que aumenta anualmente muy por encima del 3% del PIB. La Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos, conocida por sus siglas CBO, advierte que este año el déficit público crecerá un 5,8% del PIB, lo que implica incrementar el endeudamiento global del país en 1,9 billones de dólares más. Ese ritmo de crecimiento de la deuda es lo que, a juicio de muchos analistas, resulta insostenible.El fracaso de Donald Trump en el control del gasto público de su país es flagrante. Tanto en su mandato anterior como en el actual prometió recortar el gasto público y reducir el déficit anual, pero no lo ha cumplido. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que este año rebajarían el déficit hasta el 3% del PIB y, en cambio, doblará ese porcentaje.Estados Unidos supera los 40 billones de dólares de deuda con un déficit público desbocadoLas razones de este nuevo fracaso hay que buscarlas en la reducciones de impuestos llevadas a cabo, en el aumento de los gastos militares por la guerra con Irán, el reembolso a las empresas de los aranceles que fueron anulados por la Corte Suprema el pasado mes de febrero y, asimismo, la ausencia de reformas para ajustar los gastos de la Administración.El peligro de la actual trayectoria de la deuda y del déficit público de EE.UU., advierte la CBO, son los tipos de interés, ya que, a mayor deuda, hay mayor coste financiero. Los intereses de la deuda se acercan ya al billón de dólares anuales y se han convertido en uno de los mayores capítulos del presupuesto federal. Conforme vence la deuda antigua, debe refinanciarse a tipos superiores, pues los inversores reclaman cada vez mayor rentabilidad. Esta semana ya han exigido rentabilidades excepcionalmente altas para comprar deuda estadounidense a largo plazo: alrededor del 4,7% a diez años y más del 5% a treinta años. Para frenar un mayor aumento de esos tipos de interés, el Tesoro duplicará el volumen de sus operaciones de recompra de bonos. Eso refleja su nivel de preocupación.El Banco de Pagos Internacionales, al respecto, ha comprobado que los movimientos de los tipos de interés de las emisiones de deuda de EE.UU. se transmiten significativamente a los bonos de otras economías, lo que significa que el déficit de Washington puede acabar encareciendo el dinero en el resto de países, incluida la UE. La mayor rentabilidad de la deuda de Estados Unidos puede absorber una proporción creciente del ahorro mundial, y esto obliga a todos los países a competir con tipos de interés más altos para evitar la huida de sus capitales respectivos. Esa situación de encarecimiento general del crédito aumenta la vulnerabilidad del sistema financiero mundial y reduce el crecimiento económico.El aumento de los tipos de interés de la deuda norteamericana contamina al resto del mundoAnte ese riesgo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aboga por un plan de ajuste del gasto público en EE.UU. Pero eso es algo que solo sería posible a través de un gran pacto de Estado entre republicanos y demócratas para repartir adecuadamente los sacrificios. De momento, el presidente Trump, fracasada temporalmente su estrategia arancelaria, intenta presionar –sin éxito– a la Reserva Federal para que baje los tipos de interés y alivie así el coste de la deuda.Haber llegado a los 40 billones de deuda pública, por encima de todo, es un aviso de que Estados Unidos juega con fuego, ya que a la larga podría resquebrajarse la confianza en el dólar.