El Museo de Bellas Artes de Boston reconstruyó el primer vestido de red de cuentas egipcio completo que se conserva, con más de 4.500 años de antigüedad (Harvard University–Boston Museum of Fine Arts Expedition)Durante décadas, unas 7 mil cuentas diminutas permanecieron guardadas en 30 cajas en el sótano del Museo de Bellas Artes de Boston (MFA, por sus siglas en inglés), sin que nadie supiera con certeza qué habían sido.La respuesta llegó cuando Millicent Jick, investigadora asociada del museo, reconstruyó el que hoy es el primer vestido de red de cuentas egipcio completo que se conserva, una pieza de más de 4.500 años de antigüedad hallada en la necrópolis de Giza.El vestido perteneció a una mujer contemporánea del faraón Khufu (hacia 2500 a. C.), constructor de la Gran Pirámide. Las cuentas fueron encontradas dispersas sobre y alrededor de su cuerpo momificado, que yacía en un sarcófago de piedra caliza dentro de una tumba intacta bajo la meseta de Giza.PUBLICIDADLa tumba, catalogada como G7440Z, fue descubierta en 1927 durante la expedición conjunta de la Universidad de Harvard y el MFA, bajo la dirección del arqueólogo George Andrew Reisner, arqueólogo que dirigió la excavación en ese sitio.La tumba G7440Z fue descubierta en 1927 durante una expedición conjunta de Harvard y el MFA dirigida por el arqueólogo George Andrew Reisner (Harvard University–Boston Museum of Fine Arts Expedition)La identidad de la mujer sigue siendo un misterio: el sarcófago no tenía inscripciones. Sin embargo, su ubicación en la necrópolis real, reservada para los reyes y su entorno más cercano, da cuenta de su posición privilegiada.Larry Berman, curador de arte del antiguo Egipto, Nubia y Oriente Próximo del MFA, especula con que pudo haber sido la esposa de un funcionario de alto rango. En declaraciones recogidas por National Geographic, Berman afirmó que “su sepultura en la meseta de Giza habla por sí sola de su prominencia”.PUBLICIDADEl proceso de reconstrucción tomó tres años y fue posible gracias a la documentación exhaustiva que Reisner aplicó durante la excavación: fotografías, notas de campo y dibujos precisos. Otro arqueólogo que trabajó en la tumba, Noel Wheeler, elaboró un dibujo lineal en el que registró la posición exacta de cada cuenta sobre el cuerpo momificado.Esa información, combinada con imágenes de la época y representaciones del vestido en estatuaria y pinturas murales del antiguo Egipto, permitió a Jick reensamblar la pieza. Según la propia investigadora, al terminar el trabajo no sobró ni una sola cuenta.La identidad de la mujer sigue sin conocerse, aunque su entierro en la necrópolis real de Giza indica una posición privilegiada en el antiguo Egipto (Harvard University–Boston Museum of Fine Arts Expedition)El vestido no era una prenda cotidiana. La vestimenta habitual de las mujeres en el Antiguo Egipto consistía en una simple túnica de lino crudo. Los especialistas consideran que este tipo de indumentaria de red se usaba sobre otra prenda y solo en ocasiones especiales, incluidos los rituales funerarios.PUBLICIDADUna referencia literaria en el Papiro de Westcar describe cómo el faraón Sneferu ordenó a veinte jóvenes vestirse con trajes de red de cuentas para remar durante un paseo real por el Nilo, detalle que National Geographic recoge como el único testimonio escrito conocido sobre su uso.Las cuentas de fayenza —una cerámica vidriada de color verde-azul— evocan la luz del sol y la renovación de la vida. Las cuentas de fayenza —una cerámica vidriada de color verde-azul— evocan la luz del sol y la renovación de la vida.“El brillo de las cuentas sugiere la radiación del sol, que se pone y se levanta en su ciclo diario de resurrección. El color verde-azul alude al verde de la renovación”, explicó Berman en declaraciones a National Geographic. “Es un vestido para la eternidad”, sintetizó el curador.PUBLICIDADLos especialistas sostienen que el vestido de red de cuentas no era de uso cotidiano y que se reservaba para ocasiones especiales y rituales funerarios (Harvard University–Boston Museum of Fine Arts Expedition)La pieza, que hoy puede verse en el MFA, motivó la confección de al menos dos réplicas adicionales. Una fue elaborada con cuentas recuperadas de otra tumba descubierta en 1933 —saqueada, lo que impidió una reconstrucción fiel— para préstamos a otros museos.La segunda, con copas de fayenza, fue reconstruida en 1994 y se exhibe en el Museo Petrie de Arqueología Egipcia y Sudanesa de Londres.Por qué la pieza sigue fascinandoRita Freed, curadora emérita del departamento de Arte del antiguo Egipto, Nubia y Oriente Próximo del MFA, atribuye la fascinación que genera la pieza a su capacidad de acortar distancias con el pasado.PUBLICIDAD“La gente puede imaginarse con él puesto. Los antiguos egipcios están muy lejos de nosotros, y sin embargo son como nosotros”, señaló en declaraciones recogidas por National Geographic.