Noticia Exclusivo suscriptores Estudio de la Universidad del Atlántico evaluó 92 sitios de máxima belleza en el norte del país y encontró que el 77 % carece de protección formal.El estudio de la Universidad del Atlántico y la Universidad NOVA de Lisboa analizó 1.709 paisajes costeros de 44 países. Foto: Cortesía Nelson Rangel-BuitragoPERIODISTA20.08.2026 11:22 Actualizado: 20.08.2026 11:22
“La belleza de una playa es lo primero que todos experimentamos cuando llegamos a la costa, pero es casi lo único que nuestros sistemas de protección no miran”. La frase del investigador Nelson Rangel-Buitrago resume una paradoja que se extiende por buena parte del Caribe colombiano. LEA TAMBIÉN Playas de aguas transparentes, dunas que terminan frente al mar y paisajes que aparecen en fotografías y campañas turísticas permanecen por fuera de cualquier figura formal de conservación.De 92 sitios de máxima belleza paisajística evaluados en el Caribe colombiano, el 77 % no cuenta con protección formal. En términos simples, casi ocho de cada diez.El dato hace parte de una investigación liderada por la Universidad del Atlántico, en colaboración con la Universidad NOVA de Lisboa, que examinó 1.709 paisajes costeros de 44 países. A escala mundial, cerca de uno de cada tres de los sitios considerados de mayor belleza tampoco está protegido.El trabajo, publicado en la revista científica Ocean and Coastal Management, de Elsevier, pone sobre la mesa una discusión que hasta ahora ha tenido poco peso en las políticas de conservación: ¿quién protege un paisaje excepcional cuando su principal valor no está en la cantidad de especies que alberga, sino en aquello que ven y experimentan las personas?La Guajira: los más bellos también están por fueraHay que ir hasta el extremo norte de Colombia para encontrar uno de los ejemplos más claros.Allí, donde la arena parece avanzar hasta meterse en el mar Caribe, aparecen Taroa, Bahía Hondita, Castilletes y Punta Espada. Según la investigación, los desiertos costeros de La Guajira concentran algunos de los paisajes de mayor belleza escénica evaluados en Colombia. Y precisamente ahí aparece la contradicción.Los desiertos costeros de La Guajira concentran algunos de los paisajes de mayor belleza. Foto:Cortesía Nelson Rangel-BuitragoPor tratarse de territorios áridos, donde no predominan ecosistemas que tradicionalmente movilizan políticas de conservación, como manglares o arrecifes coralinos, pueden quedar relegados cuando las autoridades establecen prioridades ambientales.“Encontramos que las decisiones de conservación no guardan relación con qué tan hermoso es un lugar: la belleza, sencillamente, no entra en la ecuación”, explica Rangel-Buitrago, investigador de la Universidad del Atlántico y autor principal del estudio.Los investigadores no plantean que una playa deba convertirse automáticamente en área protegida porque tenga un paisaje atractivo. La propuesta apunta a incorporar el valor escénico como un criterio adicional, junto con las variables ecológicas, sociales y culturales que ya orientan las decisiones de conservación.Cabo de la Vela: proteger sin sacar a la comunidad de la ecuaciónEl Cabo de la Vela plantea un problema distinto. Es uno de los paisajes más reconocibles de La Guajira y recibe una creciente actividad turística, pero también forma parte del territorio ancestral del pueblo wayúu. Una declaratoria de protección diseñada sin la comunidad podría generar nuevos conflictos en lugar de resolver los existentes.Cabo de la Vela Foto:iStockPor eso, los investigadores plantean alternativas de comanejo con las comunidades wayúu, mediante figuras de paisaje protegido o medidas comunitarias de conservación.Para los autores, proteger el paisaje tendría que significar también reconocer a quienes lo habitan, establecer reglas frente al turismo y evitar que la transformación del territorio termine destruyendo aquello que atrae a los visitantes. LEA TAMBIÉN Actualmente, señala la investigación, Cabo de la Vela carece de una figura formal de protección de este tipo.Playa Blanca: estar dentro de un parque tampoco bastaA unos 400 kilómetros de allí aparece la otra cara del problema. Playa Blanca, en Barú, está dentro del Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo. En el papel, por tanto, está protegida.En el terreno, la historia es diferente. La presión de visitantes, las construcciones informales, los residuos y los procesos de erosión han afectado su paisaje. Para los investigadores, el caso demuestra que declarar un área protegida no garantiza por sí mismo su conservación.Playa Blanca, Barú, Cartagena Foto:CardiqueEl mapa puede decir una cosa mientras la playa cuenta otra.Ese contraste resulta especialmente relevante porque la investigación no se limita a preguntar cuántos paisajes están incluidos en áreas protegidas. También pone el foco sobre lo que sucede después de la declaratoria.Una playa puede tener protección jurídica y, al mismo tiempo, perder progresivamente aquello que justificaba conservarla.Un deterioro que ocurre poco a pocoEse proceso no siempre comienza con una gran obra o una decisión administrativa.Puede arrancar con una construcción. Después otra. Un relleno, residuos acumulados, mayor circulación de vehículos, vendedores, infraestructura turística y cientos de visitantes adicionales. El paisaje cambia lentamente hasta que la transformación resulta evidente.Embarcadero de Playa Blanca Foto:Cortesía.Para los investigadores, allí el valor escénico podría funcionar como una especie de alarma temprana.“No estamos diciendo que baste con que una playa sea bonita para protegerla; la biodiversidad sigue siendo lo primero”, subraya Rangel-Buitrago. “Lo que proponemos es una herramienta que ayude a decidir mejor y que sirva de señal de alerta cuando nuestros paisajes más queridos empiezan a deteriorarse”.La investigación también llama la atención sobre playas menos conocidas, aquellas que no aparecen habitualmente en campañas internacionales de turismo, pero hacen parte de la vida diaria de pueblos y ciudades costeras.Son los lugares a los que las familias llegan los fines de semana, donde trabajan pescadores y vendedores y alrededor de los cuales se construyen recuerdos e identidad local.Según el estudio, apenas cerca de la mitad de esos paisajes costeros de belleza intermedia o “cotidiana” cuenta con alguna figura de protección.1.709 paisajes bajo la lupaLos investigadores trabajaron con 1.709 sitios distribuidos en 44 países, considerado por los autores el mayor conjunto de datos sobre valor escénico costero utilizado para un análisis de este tipo.El resultado global encontró que alrededor de uno de cada tres de los paisajes costeros más bellos estudiados carece de protección formal.En el Caribe colombiano, la proporción se dispara al 77 %. LEA TAMBIÉN La investigación fue desarrollada por Nelson Rangel-Buitrago, de la Universidad del Atlántico, y Carlos Pereira da Silva, de la Universidad NOVA de Lisboa, Portugal, con participación del grupo de investigación Geología, Geofísica y Procesos Marino-Costeros de la institución colombiana.El turismo mal manejado es una de las principales amenazas para las playas. Foto:Alcaldía CartagenaLa propuesta que dejan los investigadores no busca reemplazar los criterios científicos utilizados para conservar ecosistemas. Un humedal con escaso atractivo turístico puede tener enorme importancia para aves, peces y otras especies; de la misma manera, un acantilado espectacular puede no presentar una biodiversidad excepcional.El punto está en incorporar una variable que hasta ahora prácticamente no entra en las decisiones: el paisaje que las personas ven, usan y reconocen como parte de su territorio.En las costas del Caribe colombiano, la discusión ya tiene cifras: 92 sitios de máxima belleza evaluados y el 77 % sin protección. Y una paradoja difícil de ignorar, explica Rangel, al indicar que algunos de los paisajes que Colombia muestra al mundo siguen sin una figura que garantice que las próximas generaciones puedan encontrarlos como hoy aparecen en las fotografías.LEONARDO HERRERA DELGANS, periodista de EL TIEMPO CARIBE. leoher@eltiempo.com y en X: @leoher70 Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







