Las bodas en destinos como São Miguel dos Milagres, en Alagoas, se han consolidado como un importante motor del turismo local, transformando el antiguo pueblo de pescadores en uno de los principales destinos brasileños para celebrar ceremonias. Según estimaciones de empresarios locales, la región acoge actualmente entre 60 y 70 ceremonias al año.Los invitados suelen llegar dos o tres días antes y prolongar su estancia después de la fiesta, lo que mueve hoteles, restaurantes y proveedores de decoración, fotografía, música y gastronomía. "Los invitados hacen excursiones y pasan todo el fin de semana moviéndose por la zona", dice Mamá Omena, de Mamá Eventos.
El fenómeno se intensificó después de la pandemia, cuando las parejas empezaron a buscar ceremonias más pequeñas, playas menos concurridas y experiencias íntimas, en lugar de grandes centros urbanos. Para Mariana Cerone, profesora de consumo de lujo de la ESPM, esto explica por qué lugares relativamente aislados han ganado fuerza entre los consumidores de altos ingresos, para quienes la exclusividad de playas vacías y la atención personalizada funcionan como marcadores sociales.
El turismo de bodas también ha impulsado el mercado inmobiliario, con la multiplicación en la región de posadas, hoteles con encanto y proyectos de segunda residencia, hoy incluida en el Área de Protección Ambiental Costa dos Corais. El fenómeno se repite en otros destinos, como Kenoa Exclusive Beach Spa & Resort, en Barra de São Miguel; Saline Boutique Hotel, en Ceará; y Cerimonial Loreto, en Bahía, donde la lista de espera supera un año.








