La palabra deuda proviene del latín debita, que es el plural neutro del participio pasivo de debere (deber). En su origen, debita significaba literalmente "las cosas que se deben" o "lo que es debido". El verbo debere surge a su vez de la contracción del prefijo de- (alejamiento, privación o separación) y el verbo habere (tener o poseer). Por lo tanto, la raíz etimológica de deber implica "privarse de algo que se tiene" para entregárselo a otro, o "tener algo que pertenece a otra persona". Conceptualmente, la etimología de la palabra conecta de forma directa la obligación económica con el deber moral, ya que comparte la misma raíz y lógica lingüística con términos como débito, debido y deber. Quienes tienen una deuda, tienen un compromiso con el deber, con pagarle al otro aquello que era de él y prestó por un tiempo. No obstante, hay momentos en la historia en los que las condiciones económicas hacen que masivamente la sociedad deba endeudarse y luego no pueda afrontar sus compromisos de pago. En estos momentos, en estas grandes excepciones, la política tuvo que resolver por encima de la economía y la carga ética del “debere” se suspendió porque se entendió que había una injusticia mucho mayor que una deuda impaga. Por otro lado, es justo decir que cada vez que se tomaron estas determinaciones hubo consecuencias que muchas veces perjudicaron a las mismas personas que se pretendía salvar. Hoy en nuestro país, seis de cada diez argentinos se endeudaron recientemente, y cerca de 5,8 millones de personas (el 28% de los deudores con crédito formal) tienen pagos atrasados o deudas en mora, principalmente para cubrir gastos básicos como alimentos, alquileres y servicios. La gente básicamente se está endeudando para subsistir. ¿Estamos ante estos hechos de la historia en los que se invierte la carga ética del debere? ¿Qué medidas debería tomar la política si esto fuese así? Vamos a hacer un poco de historia.
Día 981: El dilema de la deuda de las personas
De la raíz latina del "deber" al debate contemporáneo: cuando subsistir exige endeudarse, la carga moral cambia de lugar. Entre la condonación ciega y la indiferencia, la política busca un término medio.









