Enrique de Inglaterra y Megan Markle han logrado conquistar de nuevo las principales portadas de los medios británicos con un golpe de efecto que ha agitado un agosto de sequía e informaciones lentas. Seis años después de su decisión de abandonar su papel como miembros activos de la familia real británica y de marcharse a vivir a California (Estados Unidos), los duques de Sussex y sus dos hijos, los pequeños Archie y Lilibet, han decidido que regresan a vivir al Reino Unido, “por un periodo extendido de tiempo”, según fuentes de su entorno.Se espera que se muden el próximo septiembre a una residencia privada que no estará en Londres, y Archie, de 7 años y Lilibet, de 5 años, han sido inscritos ya en un colegio privado de la capital —el curso académico comienza en Inglaterra la segunda semana de septiembre—. La noticia fue adelantada en la noche de este miércoles en exclusiva por la revista People y el medio británico The Telegraph. Por lo que ha trascendido de la decisión repentina, el rey Carlos III no conoció hasta el pasado domingo la decisión del matrimonio de volver a territorio británico, a pesar de que los reyes y los Sussex compartieron unos días el pasado mes de julio en la residencia del monarca en Highgrove. Nada ha cambiado en términos oficiales, por lo que el regreso a territorio británico de la mediática pareja no implicará que resuman en ningún momento las tareas de representación pública como miembros de la familia real de las que renunciaron voluntariamente. Así, seguirán siendo miembros de la realeza sin funciones oficiales, tal como se acordó con la difunta reina Isabel cuando se marcharon en marzo de 2020.Tras más de seis años viviendo en la californiana Montecito, la familia no se trasladará a una residencia real. Todo sugiere que preparan su mudanza a alguna zona de alto nivel como los Cotswolds, al oeste de la capital, o al área de Northampt, cerca de donde viven los Spencer. Enrique —a quien la noche de este miércoles se vio en una mesa redonda sobre veteranos de guerra en Washington— y Megan mantienen muy buena relación con la familia de la madre de él, la difunta Lady Di. Desde que saltara la noticia de su regreso este miércoles por la noche, no ha habido comentarios por parte del portavoz del príncipe ni del Palacio de Buckingham, más allá de la confirmación de la información.La pareja conservará aun así su mansión en Montecito, cerca de Santa Bárbara —según contó la prensa entonces, el precio de su residencia de 16 habitaciones fue de 14,7 millones de dólares—, en la que han residido tras abandonar Inglaterra en medio de especulaciones del distanciamiento de Enrique de Inglaterra con su familia y especialmente con su hermano, el príncipe Guillermo de Gales —relación que todavía sigue en punto muerto—. La noticia de su mudanza se produce un mes después de que el príncipe Enrique viajara a Londres con su familia y todos se reencontraran con su padre, Carlos III de Inglaterra. Entonces, el rey Carlos III y la reina Camila volvió a ver a sus nietos y a Meghan Markle por primera vez en cuatro años durante una reunión privada en Highgrove House —su idílica residencia en el campo en Gloucestershire—. Carlos III ve con buenos ojos la oportunidad de ver más a la familia Sussex en un ámbito privado y personal. Si bien el príncipe Enrique ha ido recomponiendo gradualmente su relación con su padre, no puede decirse lo mismo de su vínculo con su hermano: los duques de Sussex y los príncipes de Gales no se ven desde septiembre de 2022, cuando falleció la reina Isabel. Nada sugiere, por el momento, que los lazos entre ambas parejas hayan comenzado también a recomponerse.“Sus allegados afirman que la pareja ha construido la vida independiente que imaginaba: defendiendo las causas más importantes para ellos y, al mismo tiempo, manteniéndose económicamente, pagando sus propias facturas e hipoteca, y sin depender de fondos públicos”, asegura la publicación estadounidense People sobre su nueva decisión. Con su regreso, el matrimonio tendrá su primera base en el Reino Unido desde que renunciaron al contrato de arrendamiento de Frogmore Cottage, la residencia en Windsor que les había regalado la difunta reina Isabel. En marzo de 2023, el rey Carlos les pidió que desalojaran la propiedad para permitir que su hermano, el hoy expríncipe Andrés ocupara la casa.Está por ver cómo se resolverá la cuestión sobre la seguridad de la familia en el Reino Unido, uno de los motivos por los que Enrique de Inglaterra no viajaba a suelo británico con su mujer y sus hijos, y que incluso le motivó a llevar al Gobierno británico ante la justicia después de que se modificaran sus medidas de seguridad y no tuviera protección policial automática cuando visitaba su país. El príncipe perdió aquel litigio el año pasado, y dijo entonces aquello de que “no vislumbraba en ese momento un mundo en el que pudiera regresar con su mujer e hijos al Reino Unido”. Al parecer, ya ha comenzado a verlo.Con base en suelo británico, él podrá dedicar más tiempo a organizaciones benéficas con las que colabora, como Scotty’s Little Soldiers y WellChild, así como a los Juegos Invictus, el evento deportivo que fundó para militares heridos en combate en 2014 y una de las razones por las que más veces ha viajado a su país en este tiempo —además de para visitar a su padre en varias ocasiones después de que fuera diagnosticado en 2024 con un cáncer, del que aún está en tratamiento—. Por su parte, Meghan Markle continuará dirigiendo su empresa de estilo de vida, As Ever.Incluso la prensa británica más progresista comienza a ver con otros ojos al segundo hijo de Carlos III y reconoce su conquistada madurez personal y política. La revista The New Statesman, bastión histórico de la izquierda del Reino Unido, publicaba el pasado mayo una columna firmada por el duque de Sussex en la que expresaba su preocupación por el incremento del antisemitismo y la islamofobia en su país. Enrique evitaba la ambigüedad y neutralidad propia de los miembros de la familia real ante asuntos espinosos, como la tragedia de Gaza. “No podemos ignorar una verdad difícil: cuando los Estados actúan sin rendir cuentas [en referencia a Israel], y de un modo que suscita serias dudas sobre el respeto a la ley humanitaria internacional, la crítica resulta tanto legítima como necesaria y esencial en cualquier democracia”, afirmaba en el texto el duque de Sussex.Tras su boda celebrada en el castillo de Windsor en mayo de 2018, no pasó mucho tiempo antes de que comenzaran a surgir fisuras en su relación con el resto de los Windsor. Dos años después anunciaban que abandonaban sus funciones oficiales y se mudaban a Estados Unidos, donde nació Meghan Markle —y también su hija pequeña—. Ya alejados, criticaron reiteradamente a la familia real y a la monarquía en una sonada entrevista con Oprah Winfrey en marzo de 2021, en la que la esposa de Enrique de Inglaterra reveló que un miembro de los Windsor, al que no identificó, había preguntado cuán oscura podría ser la piel de su primer hijo Archie. El príncipe Guillermo, heredero al trono, respondió negando que la familia real británica fuera racista. En enero de 2023 llegaría la publicación del libro de memorias del príncipe, Spare (En la sombra, en español), en el que hablaba de las peleas con su hermano, el consumo de sustancias o sus etapas en Afganistán.En los años en los que la pareja ha residido en el Estado dorado, firmaron un contrato de 100 millones de dólares con Netflix para la producción de contenido en la plataforma a través de su productora, Archewell Productions. Desde que el matrimonio rompiera formalmente con la monarquía británica a principios de 2020 para ser “económicamente independientes”, ambos han tratado de centrar su negocio en EE UU —en diciembre de 2020 también anunciaban una jugosa colaboración de 20 millones de dólares con Spotify para hacer podcasts, colaboración que terminó dos años después tras un solo proyecto—, donde Markle ya trabajó en la industria audiovisual y destacó principalmente por su papel en la serie de abogados Suits. Pero aunque su primer proyecto con la plataforma, un documental de seis capítulos sobre su historia de amor, fue todo un éxito, los siguientes no tuvieron el mismo resultado. A finales de julio de 2025, se puso fecha al final del contrato entre Enrique de Inglaterra y Meghan Markle con Netflix, una sustanciosa alianza que durante cinco años unió al matrimonio con la plataforma de contenidos de streaming, con el que lanzaron un total de cinco proyectos. Entonces se dijo que la puerta quedaba abierta, algo que se confirmaba apenas un mes después, cuando anunciaron que la colaboración continuaba, aunque con términos diferentes. Fue entonces cuando Markle lanzó Con amor Meghan, un programa de estilo de vida asociado a una marca, que aún mantiene.