Durante más de dos décadas, la extorsión fue el principal ilícito explotado por las pandillas en Guatemala. Sin embargo, a partir del 2010 incursionaron en la venta ilegal de pequeñas cantidades de cocaína, crack y mariguana.
El giro trajo consigo consecuencias violentas: la Policía Nacional Civil (PNC) identifica no menos de siete episodios armados con un saldo de 31 muertos, atribuidos a disputas por el narcomenudeo entre el 2024 y el 2026. Las investigaciones en torno a estos hechos apuntan a que la venta de drogas ha ganado peso como fuente financiamiento de las pandillas y ha desatado una disputa por el control de barrios, municipios, centros nocturnos y corredores de distribución en distintos puntos del país.
La transformación también obliga a replantear la manera de entender el narcotráfico en Guatemala. El país ya no enfrenta únicamente su condición de corredor para el tráfico transnacional de drogas: entre tiroteos y trasiego minorista, emerge una disputa interna por el control territorial y de los mercados locales.
La PNC sitúa alrededor del 2010 el ingreso de la Mara Salvatrucha (MS-13) al mercado de la venta de droga al menudeo, mientras el Barrio 18 continuaba principalmente, cometiendo extorsiones. Para entonces, el grupo criminal Los Caradura controlaba la distribución de droga en bares, discotecas y centros nocturnos de las zonas 9, 10 y 14 de la capital, con el barrio El Gallito, zona 3, como su principal centro de operaciones.






