El país lidera a nivel mundial la producción de sueros antiofídicos. A pesar de los grandes avances en la reducción de muertes, queda mucho por hacer

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Con casi un centenar de ellas, México es el segundo país del mundo con más serpientes venenosas; el primero del continente americano. “Aunque los datos infravaloran los casos reales, se estima que en todo el país se dan un promedio de 3.800 mordeduras anuales, de las que 34 terminan en muerte”, afirma Edgar Neri, biólogo del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en Cuernavaca, una referencia internacional en toxicología e investigación de venenos.

En las últimas dos décadas, las cifras por accidentes ofídicos letales se han reducido drásticamente, hasta en un 70 %; también las secuelas que dejan en las víctimas, como amputaciones, discapacidades, insuficiencia renal y trastornos neurológicos. Esto ha sucedido gracias a los faboterápicos: los medicamentos biológicos diseñados para neutralizar el efecto tóxico de las mordeduras. México es líder mundial en su producción y exportación, no solo contra serpientes, sino para picaduras de alacranes y arañas. “Desde la academia se ha aportado un gran conocimiento para el desarrollo de tratamientos más eficaces”, expone Neri.