Una socialista democrática ganó la nominación para competir por un escaño del Senado de Estados Unidos en Florida, un Estado que se ha convertido en un bastión republicano en la última década y donde el término “socialismo” ha sido desde hace mucho más uno de los ataques políticos más efectivos, especialmente en las grandes diásporas latinoamericanas del sur de la península. Angie Nixon, una representante estatal de Jacksonville, de 42 años, se impuso sorpresivamente en las primarias demócratas del martes sobre el favorito Alex Vindman, un exfuncionario de seguridad nacional que testificó contra Donald Trump en el primer juicio político. Ahora, su reto es todavía mayor.A pesar de ocurrir en medio de una ola de victorias progresistas dentro del Partido Demócrata en diferentes lugares del país, la victoria ha sorprendido al establishment. Nixon llegó a las urnas tras haber recaudado menos de un millón de dólares en campaña, frente a 16 millones de Vindman, cuyo nombre tenía además proyección nacional por su papel en el juicio político de Trump. Nixon obtuvo el 56% de los votos, y se enfrentará en noviembre a la republicana Ashley Moody, quien ocupa ahora el escaño que dejó vacante Marco Rubio tras ser nombrado Secretario de Estado.Pero expertos consultados advierten que el resultado no es necesariamente una señal de que los demócratas de Florida se hayan lanzado hacia la izquierda en masa. Kevin Wagner, profesor de Ciencias Políticas de Florida Atlantic University y experto en comportamiento electoral y opinión pública, señala que los resultados de las primarias han dejado entrever un panorama contradictorio. “Sería un poco más cauteloso a la hora de considerar esto como evidencia de que los demócratas de Florida están experimentando un amplio cambio ideológico”, dice.Según Wagner, la victoria de Nixon contrasta con la del exrepublicano David Jolly, elegido por los demócratas para competir por la gobernación del Estado, o la del congresista Jared Moskowitz en el Distrito 25, que derrotó a un rival más progresista. “Los patrones no son tan claros como a algunos les gustaría que fueran”, señala el experto. “El panorama es bastante más matizado que eso, y algunos candidatos progresistas no obtuvieron buenos resultados”. Eduardo Gamarra, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), opina que, pese a la ventaja de la campaña de Vindman en cuanto a fondos y notoriedad, “no tuvieron presencia en el terreno”. El resultado debería servir también como advertencia para los demócratas sobre “importar candidatos” con reconocimiento nacional “porque no son capaces de desarrollar sus propios candidatos” con raíces locales. “Esta es una campaña para una primaria donde gana la movilización, especialmente de los grupos más organizados y con visiones más extremas. Así surgió el Tea Party, que luego se convirtió en MAGA”, explica. “En la primaria votan los verdaderamente fieles”.Pero si bien la victoria de Nixon no es evidencia de un giro del Partido Demócrata hacia el socialismo, sí es seguro que será una prominente etiqueta de cara a noviembre. Sobre todo entre las comunidades de exiliados cubanos, venezolanos y de otros países latinoamericanos en el sur de la Florida que han huido de regímenes autoritarios y llevan décadas escuchando a los republicanos utilizar el término para atacar a rivales demócratas de forma muy efectiva. La nominación de Nixon, en ese sentido, ha sido “un regalo del cielo” para los republicanos, apunta Gamarra. El argumento de los republicanos será que “no solo les estamos diciendo que son socialistas, sino que ellos mismos están diciendo que son socialistas”, señala. Nixon se ha definido como socialista democrática y ha impulsado propuestas como Medicare para todos, más protecciones laborales y reducir el costo de la vivienda y el cuidado infantil. Parte de esta agenda “tiene cierto asidero entre una gran parte del electorado norteamericano”, sobre todo en el costo de la vida y el acceso a la salud, señala Gamarra. “Un 40 % de lo que están proponiendo estos socialistas tiene apoyo en las encuestas. Es fácil estar de acuerdo con eso”. “La mayoría no está en desacuerdo con Medicare for All, por ejemplo”, agrega. Mientras tanto, el Partido Demócrata se ha concentrado demasiado en defenderse de acusaciones de socialismo que en las preocupaciones de los votantes. “El problema central que está teniendo el partido es que ha adoptado el eslogan de campaña del Partido Republicano, tratando de decir que ellos no son socialistas, y a la vez se han olvidado de los temas esenciales”, sostiene. “Lo que el electorado quiere oír es: ‘¿Y qué me ofrece?’” sostiene. La victoria de Nixon ocurre cuando varios candidatos progresistas han obtenido importantes victorias a nivel nacional frente a candidatos del establishment. Uno de los casos más notorios fue el de Zohran Mamdani, quien ganó la alcaldía de Nueva York el año pasado con una campaña centrada en el alto costo de la vida. Más recientemente, el médico musulmán Abdul El-Sayed ganó la nominación demócrata al Senado en Michigan. En Minnesota, la vicegobernadora Peggy Flanagan se impuso a la congresista Angie Craig en las primarias demócratas para el Senado. Algunos analistas se han referido a esos resultados como una ola de insurgencia progresista, pero que no ha sido uniforme. En Wisconsin, por ejemplo, un Estado bisagra, el candidato más de centro, David Crowley, derrotó por estrecho margen a la socialista democrática Francesca Hong en las primarias para gobernador. Florida, durante décadas uno de los principales Estados bisagra, se ha movido hacia la derecha, en parte debido al voto hispano, sobre todo en el sur del Estado, incluyendo antiguos bastiones demócratas, como el condado de Miami-Dade. Trump ha ganado en el Estado tres veces seguidas, cada vez con una ventaja mayor, y los demócratas no han tenido un gobernador desde el siglo pasado. El padrón muestra que hay 5,6 millones de votantes republicanos registrados, frente a 4,07 millones de demócratas, una ventaja de más de 1,5 millones, según los últimos datos oficiales.La candidata nació en Jacksonville, donde trabajó por años en sindicatos y organizaciones comunitarias, incluyendo Florida for All, una coalición que moviliza votantes. En 2020 fue elegida para la legislatura estatal. Su campaña para el Senado se ha enfocado en los temas que afectan el bolsillo, como subir el salario mínimo federal a 25 dólares, congelar los precios de los alquileres y más impuestos a los multimillonarios.Moody es la exfiscal general de Florida, quien fue nombrada en enero del año pasado por DeSantis para sustituir a Rubio. Un sondeo de la Universidad del Norte de Florida publicado el mes pasado le daba una ventaja de ocho puntos sobre Nixon, 50% frente a 42%, menor que la ventaja sobre Vindman de 50% a 40%.Wagner, por su parte, señala que es demasiado pronto para sacar conclusiones. “Veremos cómo le va a Nixon en las elecciones generales y cómo responde a ella el Partido Demócrata. Hay todavía mucho por ver”, agrega.
La victoria de la socialista Angie Nixon pone a prueba la ola progresista demócrata en Florida
La representante estatal ganó la nominación para el Senado frente a un rival moderado y mucho mejor financiado, pero un triunfo en noviembre se presenta como una tarea aún más difícil entre el electorado conservador del Estado










