La mayoría de las veces, cuando nos dicen o decimos a alguien lo bien que estamos, leemos entre líneas frases como “qué joven estás” o “qué buen aspecto tienes para tu edad”. Es decir, tenemos como referencia una imagen estereotipada de la juventud y, a partir de ahí, en función de lo cerca o lejos que estemos de ella, damos o recibimos una aprobación social. Cuando este tipo de situaciones se repiten a lo largo del tiempo, suelen derivar en el germen de la cronofobia. Además, a esos comentarios, a priori, sin malicia, se suelen sumar otros factores de diversa índole que acaban formando un conjunto de presiones psicosociales con consecuencias medibles en lo biológico.Un reciente estudio impulsado por la Universidad de Nueva York ha estudiado esta relación entre las presiones psicosociales y su afectación en la salud física, concluyendo que el temor intenso al paso del tiempo puede tener un impacto directo en la velocidad en que el cuerpo envejece. En el estudio participaron 726 mujeres del proyecto MIDUS (Mediana Edad en Estados Unidos), y en él se analizaron datos de la Escuela de Salud Pública Global de la Universidad de Nueva York. El resultado identificó una correlación entre la preocupación por envejecer y los cambios biológicos que marcan el envejecimiento a nivel celular.Jorge Romero-Castillo, profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva en la Universidad de Málaga, explica cómo esta investigación americana demuestra que la existencia de presiones como la imposición de modelos inalcanzables que la sociedad exige a las personas, y en especial a las mujeres, acaba afectando a lo psicológico. Y en último término, a la salud física y a la longevidad, a través de la epigenética. El especialista hace especial hincapié en la importancia de marcar nuestro propio ritmo de vida con el fin de impedir que la velocidad y los patrones sociales actuales se impongan, provocando un estrés psicológico capaz de afectar al ADN, o de favorecer el deterioro físico de las personas.Aunque la intuición aquí puede ayudarnos mucho, si alguien sufre cronofobia, ¿cómo lo describiría un científico?Tal y como indica la etimología, la cronofobia podría definirse como el miedo al tiempo. También podríamos decir que es el miedo al paso del tiempo, pero como el atributo del tiempo es pasar, no sería necesario.Usted asegura que, paradójicamente, ese temor al tic-tac de la vida podría acelerar el propio paso del tiempo…Así es. Esto ocurre porque el miedo al tiempo es un factor de estrés psicológico. Cuando aparece ese temor, lo que está ocurriendo es que se eleva continuamente una preocupación por estar evaluando nuestro cuerpo, por ver cómo avanza nuestra identidad corporal respecto al tiempo. Y esa preocupación nos lleva a elevar los sistemas de respuesta del organismo al estrés a lo largo del tiempo. Todo esto desencadena una serie de consecuencias biológicas que terminan afectando a las células y, por lo tanto, favoreciendo el envejecimiento.El miedo al tiempo es algo muy amplio. ¿Podría concretar un poco?El artículo que recoge el estudio americano señala especialmente el miedo a la pérdida de la salud, es decir, que más que temor al tiempo en sí, es a cómo este puede afectar a nuestro estado de salud.La salud no es una preocupación excepcional. De hecho, a todos nos importa. Sin embargo, no todos somos cronofóbicos. ¿Cuál es el resorte que despierta la cronofobia?El estudio señala como causa principal la existencia de varias presiones, como, por ejemplo, el cuidado de la familia, en el sentido de que, si tenemos personas a nuestro cargo y el paso del tiempo acaba afectando a nuestra salud, eso podría dificultar su cuidado. Estas presiones explican la vigilancia continua de nuestra salud, no solo por nuestro propio bien, sino también para poder continuar con el rol de cuidadora. Y digo “cuidadora”, en femenino, porque este tipo de presiones está estrechamente vinculado con el género.Lee tambiénNi estas presiones, ni el miedo al tiempo son algo nuevo. ¿O sí? ¿Cree que en la actualidad se vive con más intensidad la cronofobia?No estoy seguro. Por un lado, ahora vivimos de un modo más acelerado y eso eleva continuamente la respuesta del organismo al estrés. Además, las guerras en curso y las condiciones de vida cada vez más precarias hacen que se perciba el futuro como algo amenazante. Y, por otro lado, en el pasado también existían muchas guerras, lo cual también perjudicaba la percepción del tiempo porque no había un futuro claro. De modo que, en mi opinión, comparar la cronofobia actual con la que podía existir antiguamente es un poco arriesgado. No estoy seguro de si ahora somos más cronofóbicos que antes.¿Y en relación al género? ¿Diría que las mujeres temen más el paso del tiempo que los hombres?Aunque no he encontrado evidencia científica de que así sea, mi impresión es que las mujeres deben hacer frente a muchas más presiones sociales que los hombres en relación a este asunto. Por ejemplo, a cómo se ven y son vistas, a cómo mantener la salud para poder cuidar a las personas de su alrededor o a que no se les pase el momento de ser madre. En definitiva, hay un montón de presiones relacionadas con el género impuestas, por supuesto, por una visión patriarcal de cómo debería ser la sociedad ideal.La imposición de tener que mantener la juventud fomenta la autovigilancia de manera crónica, y eso aumenta el malestar psicológico en buena parte del género femeninoJorge Romero-CastilloEse modelo con mirada de hombre favorece el miedo al tiempo. ¿Y el edadismo?También. Desde hace un tiempo existe una narrativa edadista que se puede ver por todas partes. Por ejemplo, en los anuncios de televisión. Los cuerpos envejecidos, sobre todo los de las mujeres, están biológica y socialmente devaluados. Esa es básicamente la información que transmiten la mayoría de los anuncios. Esa imposición de tener que mantener la juventud fomenta la autovigilancia de manera crónica, y eso aumenta el malestar psicológico en buena parte del género femenino debido al cansancio por intentar encajar en perfiles que son artificiales, o por luchar contra ellos.¿Cómo ese malestar psicosocial llega a interferir en lo biológico?A través de la epigenética.Explíquese, por favor. ¿Qué es la epigenética?Es un proceso por el que se activan o desactivan genes a consecuencia del entorno, pero sin que se altere la secuencia de ADN. Por ejemplo, estudios sugieren que una exposición a factores estresantes crónicos en la infancia es un factor de riesgo para que aparezca depresión en la adolescencia. Llevado esto al terreno que nos ocupa… Un malestar psicosocial como es el miedo a perder la salud, a dejar de verte joven o a ese concepto tan rancio de que “se te pase el arroz”, involucrará a la epigenética, dando, de este modo, el salto a lo biológico.¿Y qué proceso biológico se desencadena entonces? ¿Qué ocurre en el organismo?Varias cosas. En primer lugar, se produce una reacción química que se conoce como metilación de los genes, que hace que una molécula pequeña se una al ADN. Esta molécula funciona como un interruptor biológico capaz de “apagar” genes, y eso limita la protección de proteína. Además, por otro lado, ese estrés psicológico también se relaciona con la activación de unas conexiones existentes entre el cerebro y unas glándulas que tenemos ubicadas encima del riñón. Se trata de un eje llamado HPA (por sus siglas en inglés, Hypothalamic-Pituitary-Adrenal axis), y que conecta el hipotálamo, la hipófisis y las glándulas suprarrenales. Ese eje coordina y regula la respuesta del organismo al estrés, y lo que hace es liberar cortisol a la sangre. Ese cortisol, de forma breve, nos prepara para un desafío; es lo que se llama huida o lucha. Pero la presencia continua de ese cortisol en la sangre perjudica las células. Esto sería un resumen básico de cómo actúa la epigenética en el organismo. Pero, aún hay un elemento más…¿Qué más nexos hay entre el miedo al tiempo y el envejecimiento?El estrés psicológico que desencadena la cronofobia se relaciona con la aparición de enfermedades, y estas a su vez, dañan las células y, por tanto, nos hacen envejecer más rápido. En definitiva, mantener un estado de alerta ansiosa en el tiempo lo que hace es potenciar el desgaste biológico.Un malestar psicosocial como es el miedo a perder la salud involucrará a la epigenéticaJorge Romero-CastilloTeniendo en cuenta que no es fácil librarse de las presiones sociales actuales. ¿Hay algo que esté en nuestra mano para hacer frente al temor que propician y al subsiguiente envejecimiento prematuro?No hay una respuesta única, porque cada persona afronta la cronofobia de manera muy personal. Sin embargo, quizá una reacción adecuada sería afrontar todos esos obstáculos a un ritmo propio. Es decir, si la persona no consigue ajustarse a la velocidad que marca la sociedad, siempre puede bajar el ritmo y disfrutar del aquí y el ahora. Muchas veces, nuestra cabeza está pendiente del futuro, de las cosas que están por venir. Y ahí es donde el mindfulness puede ayudar a que la experiencia del tiempo no se nos escape. Por último, me gustaría mencionar a Heráclito, filósofo presocrático, que decía que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, porque ni el río ni la persona serían exactamente los mismos. Esa filosofía es parte del inicio de la base del universo, la cual predica que lo único que permanece constante es el cambio. Por esta razón, abogo por que no tengamos miedo al cambio, ya que, básicamente, el universo funciona cambiando continuamente.