0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialA finales de julio, Jason Arday era un profesor de Sociología en la Universidad de Cambridge, desconocido fuera de los círculos académicos. La primera semana de agosto, su nombre copaba los medios británicos: se escribieron 249 artículos sobre él en 22 días. El 15 de agosto, Jason Arday estaba muerto. Se encontró su cuerpo sin vida en su casa del sur de Londres. CHRIS RADBURN / AFPLo que ha ocurrido con este hombre, que se ha suicidado a los 41, se ha seguido como una miniserie de la BBC o como una novela de John Lanchester o de Natasha Brown. Y es doblemente cruel verlo así porque, más allá de la fábula contemporánea, Arday era una persona con hijos, y amigos y un cuerpo que ya no está.Lo que ha ocurrido con Jason Arday se ha seguido como una miniserie de la BBCLa historia es larga y compleja, pero en esencia los hechos sucedieron así: un filósofo llamado Nathan Cofnas, autodenominado “realista de la raza” (racista, vaya), acusó a Arday en su Substack de haber plagiado partes de su tesis y otros papers. El diario conservador The Telegraph siguió con la investigación, y a partir de ahí, el resto de medios. Había detalles alucinantes en la historia que el propio Arday había contado de sí mismo y que, en principio, estarán recogidos en unas memorias que aún no se han publicado. Hijo de migrantes ghaneses en el sur de Londres y diagnosticado como autista no verbal en su infancia, aseguraba no haber aprendido a leer hasta los 18 años y haber corrido 30 maratones en 35 días, entre otras muchas proezas.Los comentaristas conservadores acusaron a Cambridge, y al sistema en general, de estar desesperados por encumbrar al miembro modélico de una minoría, solo por serlo. Quienes veían la historia desde el otro lado encontraron pruebas de lo contrario, alguien que estaba siendo perseguido precisamente por atreverse a llegar donde se supone que no debería. El 6 de agosto Arday dimitió de su puesto en la universidad, pero la esfera mediática siguió con la historia, porque daba para mucho.Ahora, algunos periodistas, como Aaron Bastani, fundador de la cabecera de izquierdas Novara Media, han pedido perdón por contribuir a hinchar el globo. Clicar en su vídeo, en el que admite haber errado ética y profesionalmente, se siente un poco sucio. Unos últimos minutos de contenido en una serie triste y pringosa.
Una historia pringosa y mediática, por Begoña Gómez Urzaiz
A finales de julio, Jason Arday era un profesor de Sociología en la Universidad de Cambridge, desconocido fuera de los círculos académicos. La primera semana de agosto, su nombre copaba los medios británicos: se escribieron 249 artículos sobre él en 22 días. El 15 de agosto,...












