La euforia de Yunusa Umar Hashim, de 40 años, no conoció límites cuando supo que se encontraba entre los beneficiarios seleccionados para casarse en una boda colectiva. La organizaba la junta Hisbah, el cuerpo religioso islámico cuya función principal es hacer cumplir la sharía (ley islámica) en los Estados del norte de Nigeria. Hashim fue uno de los participantes en la boda colectiva que casó el pasado 7 de agosto a 1.500 parejas en la Mezquita Central de la ciudad de Kano, uno de los principales polos comerciales, en el norte del país y de mayoría musulmana, de cuatro millones de personas. Hashim, originario de la localidad de Tudara, no sabía que su segundo matrimonio llegaría tan rápido después de divorciarse de su esposa anterior, hace cuatro meses. “Soy padre de tres niñas y un niño, fruto de mi anterior matrimonio, y sé que compaginar mi trabajo y el cuidado de mis hijos podría ser difícil”, reconoce. Este razonamiento le hizo plantearse tomar otra esposa que ayudara a cuidar de su prole.En 2012, el entonces gobernador Rabiu Musa Kwankwaso patrocinó la primera boda colectiva, que reunió a 100 parejas como parte de un programa de bienestar social para aliviar la carga de las familias de bajos ingresos, especialmente divorciados y viudas sin capacidad económica para volver a casarse. La falta de recursos para aportar la dote de las novias es a menudo un obstáculo para casamientos entre parte de la población. Unos años después, el programa se amplió a las personas solteras con el fin de frenar la inmoralidad y, con el tiempo, cada vez más Estados comenzaron a replicar el sistema.Hoy pueden acceder al programa personas de perfiles muy diversos, aunque está dirigido principalmente a ciudadanos de escasos recursos. Antes de la ceremonia, los aspirantes deben someterse a un proceso de selección que incluye pruebas médicas actualizadas de embarazo, VIH y hepatitis o enfermedades de transmisión sexual, entre otras, así como de compatibilidad genética destinadas a detectar el riesgo de transmitir enfermedades hereditarias. Este año, más de 5.000 parejas presentaron su solicitud, según detalla la cadena británica BBC.El Ejecutivo estatal indica que este año se han celebrado ceremonias similares simultáneamente en las 44 áreas de gobierno local. Durante la de la ciudad de Kano, el imán principal, el profesor Sani Zahraddeen, ofreció oraciones por los recién casados. Una de las beneficiarias de este año es Malama Ainau Mudi, viuda de 38 años, cuyo testimonio ha sido recogido por la agencia de noticias Associated Press. “Jamás la olvidaré [la boda]. Mi esposo falleció hace cuatro años, y hoy me caso con mi nuevo esposo, cuyo amor y cariño aliviarán mis años de viudez”. Colchones y dinero para la doteDurante las bodas de este año, que han durado dos días, el gobernador Abba Kabir Yusuf gastó 1.500 millones de nairas (954.000 euros), que se utilizaron para organizar el evento y comprar equipamiento doméstico, alimentos, telas para ropa, colchones y regalos en efectivo para cada pareja, con el fin de permitir a los novios pagar la dote matrimonial exigida por la tradición islámica y utilizar la otra mitad del fondo de apoyo como capital para iniciar negocios.La dote de las novias es a menudo un impedimento para los varones casaderos: en la tradición islámica local, el esposo debe entregar a la mujer una suma de dinero o bienes conocida como mahr, cuyo montante se pacta entre ambas familias y pasa a ser propiedad exclusiva de la esposa. En estas ceremonias colectivas, cada novia recibe 200.000 nairas (unos 128 euros). La mitad es la dote, y la otra mitad está destinada a fomentar un negocio o emprendimiento a pequeña escala y así ayudar a que la pareja alcance independencia económica. Para Sani AbdulKadir, un agricultor de 28 años de la comunidad de Daddauda, también en Kano, el matrimonio ha llegado en el momento oportuno, ya que llevaba mucho tiempo esperando casarse, aunque su economía no se lo permitía. . “No se puede contraer matrimonio sin recursos estables para hacerlo. Pero ahora que la oportunidad ha llegado, la he aprovechado”, afirma.Otro novio que se casa por primera vez, Abubakar Kabiru Salisu, de 32 años y mecánico de motocicletas y bicicletas en la comunidad de Gogori, también asegura que financiar la ceremonia había sido un obstáculo. “El Gobierno ha hecho un esfuerzo por nosotros, ya que cada una de nuestras esposas ha recibido 100.000 nairas como capital para iniciar un negocio. El matrimonio es un hito que esperaba alcanzar y que no había podido lograr; ahora estoy agradecido al Gobierno por hacerlo posible”, asiente. A pesar de que Hashim ya posee su propio negocio de cultivo de arroz, también dudaba de su capacidad para pagar la dote sin el apoyo del Gobierno. “Estoy feliz de que el Gobierno haya patrocinado esta boda porque, de no ser así, mis cuatro meses de noviazgo no habrían llevado al matrimonio tan pronto”, comenta. ¿Alivio real de la pobreza?Pese a que esta iniciativa parte de un esfuerzo del Gobierno para aliviar la carga financiera del matrimonio para las familias vulnerables, existen críticas hacia ella, pues supone una ayuda puntual, pero no es una solución duradera para los problemas económicos que afrontan las familias del norte de Nigeria, donde el aumento del coste de la vida ha perjudicado a buena parte de la población. En Kano, el último Índice de Pobreza Multidimensional publicado por la Oficina Nacional de Estadística, de 2022, arroja que en torno al 66,3% de sus habitantes, unos 10,5 millones de personas, vive en situación de pobreza multidimensional, una condición que mide carencias simultáneas en aspectos como la educación, la sanidad y las condiciones de vida.Este contexto choca con otra realidad: según una investigación periodística realizada por la BBC y autoridades locales en 2022, el 32% de los matrimonios celebrados en el Estado de Kano no duraban más de seis meses y algunos jóvenes de entre 20 y 25 años ya habían pasado por múltiples divorcios.La pobreza es un desafío económico estructural. No puede resolverse simplemente permitiendo que la gente se caseDoctor Mohammed Ibrahim AminuUna de las voces que cuestiona la iniciativa es el doctor Mohammed Ibrahim Aminu, profesor asociado del Departamento de Administración de Empresas de la Universidad Ahmadu Bello, en Zaria, Nigeria, que afirma que una boda colectiva no aborda la pobreza entre los novios, sino que únicamente reduce la barrera financiera inmediata para el matrimonio, permitiéndoles pagar las dotes. “La pobreza es un desafío económico estructural. No puede resolverse simplemente permitiendo que la gente se case. Si los beneficiarios siguen desempleados o financieramente inestables, el programa puede simplemente aplazar las dificultades subyacentes en lugar de eliminarlas”, sostiene. AbdulGanniyu AbdulRahman, investigador de estudios islámicos en la Universidad Islámica Internacional de Indonesia, comprende y apoya que ayudar a las poblaciones con menos recursos a casarse es una idea bienvenida en el islam, pero él también señala el escollo de la capacidad financiera de los novios. “No hay nada malo en ayudar a quien quiera contraer matrimonio porque en el islam se exhorta a los divorciados o solteros a casarse pronto para prevenir la promiscuidad, que está prohibida en la religión”, apunta. “Sin embargo, uno de los requisitos fundamentales del matrimonio en el islam es la capacidad financiera para sostener el matrimonio, y sigue siendo una preocupación si estos serán capaces de mantenerlo”, completa.Aunque el recién casado AbdulKadir reconoce el papel de las autoridades, le preocupa más su sostenibilidad después de la boda. “El Gobierno no promete asumir ninguna de nuestras responsabilidades ni proporcionarnos trabajo alguno, excepto pagar el precio de nuestras novias y darnos a cada uno un saco de arroz, una caja de espaguetis y un galón de aceite de cacahuete”.El doctor Aminu señala que todo gobierno tiene la responsabilidad de promover el bienestar y la estabilidad social, y aprecia la intención detrás del programa. Sin embargo, las buenas intenciones por sí solas no son suficientes. “Una auténtica red de protección social debería proteger a los ciudadanos vulnerables durante toda su vida, no solo durante el matrimonio. Debería incluir bienestar infantil, atención sanitaria, educación, empoderamiento económico y servicios de apoyo a las familias. Por lo tanto, mi preocupación no es si el Gobierno debe promover valores morales. Más bien, es si la inversión pública se está dirigiendo hacia intervenciones que produzcan los mayores beneficios sociales y económicos a largo plazo”, concluye.