0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLos drones fueron muy celebrados la noche del espectáculo inaugural de la Torre de Jesús de la Sagrada Família. Incluso el Papa León XIV se rindió a la evidencia de la espectacularidad de la ceremonia y aplaudió el mensaje que los drones dibujaron en el cielo: “Primer l’amor, després la tècnica”. En paralelo a este uso, los drones también tienen una diabólica aplicación militar. Dos noticias recientes: en el aeropuerto de Leipzig desactivan un dron bomba programado para hacer explotar un avión ucraniano, y en Kiev, un ataque de drones rusos mata diecisiete personas. APEn la tercera temporada de la excelente serie Lioness (SkyShowtime, con la garantía, conservadora pero solvente, de Taylor Sheridan), una unidad militar de la CIA, que actúa de modo encubierto –e impune– en zonas conflictivas del planeta, viaja clandestinamente a Ucrania. En una misión casi suicida, se enfrentan a un enjambre hiperactivo de drones armados, que, muy bien filmados, se mueven a la velocidad de las nubes de estorninos. Cuando, después de una escabechina, logran regresar a la base, la jefa de la misión –una supermujer preparada por los combates más descarnados–, lamenta las reglas de la guerra moderna: “El enemigo va un paso por delante; ahora luchamos contra drones de 60 euros comprados en Amazon”.Los drones son un arma de destrucción masiva y un testigo de las nuevas guerrasEl máximo responsable de esta operación –parecida al rapto de Nicolás Maduro en Caracas– es el presidente de EE.UU., interpretado por un Morgan Freeman que parece abonado a este papel. Tanto es así que sospecho que a muchos espectadores el falso presidente Freeman les debe parecer más verosímil que el auténtico presidente Donald Trump. El presidente Freeman comparte las servidumbres de su cargo: “Cuando escriba mis memorias, la falta de sueño ocupará un lugar central”.Y hablando de presidentes inverosímiles: gran actuación de Barak Obama en la serie Vida, Larry David y la búsqueda de la infelicidad (HBO) que, en tono de comedia, revisa los 250 años de historia de EE.UU. Al final, Obama pronuncia un discurso esperanzado, contra el cinismo y la barbarie. Un discurso que, con mucha retórica azucarada, conecta con el aforismo de Gaudí de anteponer el amor a la técnica. Es decir: lo contrario de lo que pasa ahora.