16/08/2026 00:00 Actualizado 16/08/2026 00:17 Síguenos en Google0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl nuevo asalto a la frontera de Ceuta había sido anunciado con tanta antelación que todo hacía presagiar que ocurriría lo que otras veces: que se congregarían allí más periodistas que inmigrantes. Y, sin embargo, no sucedió exactamente así. Marruecos hizo un alarde fuerza y levantó una barrera policial para evitar el acceso de centenares de desplazados que sí comparecieron en una zona montañosa en las afueras de Fnideq, la antigua Castillejos. Según Rabat, fueron interceptados 128 subsaharianos y una veintena de marroquíes cuando se dirigían a la frontera. Asimismo, la Seguridad Nacional detuvo a 61 sospechosos de incitar la migración irregular a través de las redes.La misma policía que la semana pasada no intervino cuando unas 80.000 personas (un Camp Nou o un Bernabéu casi llenos) irrumpieron en la frontera procedentes de ciudades de todo el país sí mantuvo ayer a los migrantes a raya. Toda una demostración de que, cuando quiere, Marruecos puede resolver el problema antes de que este recaiga en la policía española. La policía marroquí intercepta a dos migrantes subsaharianos en Fnideq JALAL MORCHIDI / EFETal vez se trataba sobre todo de eso, de representar el papel del aliado fiel que entiende que España, a día de hoy, está cumpliendo su parte. En qué consiste exactamente esa parte es algo que probablemente no sabremos hasta que los diplomáticos que hoy negocian entre Madrid y Rabat escriban sus memorias o se lo cuenten todo a un periodista de confianza.En definitiva, como concluye Ramon Aymerich en su artículo en Internacional, solo Marruecos “tiene la llave”. La llave para regular una crisis política, económica, social y climática que tiene números de agravarse. Los estudios publicados hasta ahora difieren mucho en las cifras y en los plazos, pero se da por hecho que la crisis climática va a desplazar a millones de personas en África en los próximos años, lo que puede acentuar la vulnerabilidad de los enclaves de Ceuta y Melilla.En este escenario, no hay que subestimar montajes teatrales como el de ayer. Si bien es cierto que el teatro se inspira en la realidad, también pudiera pasar que un teatro bien representado (el compromiso puntual marroquí) acabe dando forma a una nueva y mejorada versión de esa realidad. Para el Shakespeare de Hamlet , en definitiva, el teatro era un espejo en el que mirarse.Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'