Luces para la Constituci�nDirector del Instituto Max Planck para la Historia y Teor�a del Derecho, es una autoridad mundial en la Escuela de Salamanca, cuya investigaci�n lidera en el prestigioso centro alem�n. Pensar qu� es una persona, se�ala, es tan vital como en el siglo XVIActualizado Viernes,

agosto

23:04�Qu� hace un grupo tan nutrido de investigadores estudiando la Escuela de Salamanca en Alemania?La raz�n por la que nos dedicamos a la Escuela de Salamanca es su gran significado para la historia del pensamiento jur�dico, moral, filos�fico y de otros �mbitos, y tambi�n por su importancia para la evoluci�n del derecho, tanto en Europa como en otras latitudes. Adem�s, muchos textos no estaban accesibles cuando empezamos el proyecto, y ahora ofrecemos a investigadores de todo el mundo ediciones digitales de textos fundamentales.�Qu� es exactamente la Escuela de Salamanca?Es una pregunta dif�cil y bastante discutida. Nosotros no la vemos solo como el conjunto de autores que estudiaron y ense�aron teolog�a en Salamanca, sino como un movimiento intelectual y una escuela de pr�ctica normativa: de derecho, de filosof�a y de moral pr�ctica, tambi�n fuera de Espa�a. Incorporamos autores de Am�rica Latina y de Filipinas para mostrar esa dimensi�n global de la escuela. Francisco de Vitoria, de quien se celebran los 500 a�os de su llegada a Salamanca, fue important�simo, pero no fue el �nico. Fue la persona indicada en el lugar indicado, pero no el inventor de todo, como a veces se le presenta. El saber siempre se crea en comunidades epist�micas, y despu�s hay personas que logran mayor importancia, pero siempre son parte de un contexto.�Fue Salamanca el origen del derecho internacional?El papel de la Escuela de Salamanca en la historia del derecho internacional p�blico es muy importante. Fueron te�logos y fil�sofos que tomaron una posici�n cr�tica hacia la expansi�n de lo que hoy es Espa�a, y plantearon dudas morales, filos�ficas y hasta teol�gicas sobre la conquista. Al mismo tiempo, propusieron nuevas visiones sobre cuando una guerra puede ser considerada justa, y en qu� circunstancias hab�a que restituir bienes obtenidos de manera ilegal. Pero esa aportaci�n, a mi manera de ver, no es lo m�s importante, ni la �nica. Es famosa tambi�n porque los investigadores la han destacado de manera especial. A finales del siglo XIX, espa�oles como Eduardo de Hinojosa reivindicaron a Francisco de Vitoria como padre del derecho internacional. Esa imagen responde a un momento en que Espa�a quer�a volver a entrar en el grupo de naciones que hab�an aportado algo a la ciencia mundial, y tambi�n al momento en que el derecho internacional se fundaba como disciplina jur�dica. En los �ltimos 30 a�os, esa imagen positiva de la escuela y de Francisco de Vitoria ha sido criticada por investigadores que dicen que Vitoria y la Escuela de Salamanca inventaron un derecho internacional al servicio de los imperios coloniales. Las dos posiciones son, de alguna forma, igualmente euroc�ntricas, porque subestiman que hubo muchos autores, tambi�n en otras latitudes, que contribuyeron a ese pensamiento.Volveremos a este debate. Pero, seg�n dice, no es lo m�s importante.Esta discusi�n ha opacado otras dimensiones de la escuela: por ejemplo las reflexiones sobre conceptos jur�dicos fundamentales como la culpa, la responsabilidad o la restituci�n si uno caus� un da�o injusto. Estos conceptos parecen menos espectaculares, pero tienen una importancia enorme para la historia del derecho. Lo que m�s me impresiona, sin embargo, es que estos pensadores trataron de dise�ar el derecho, pero tambi�n normas y reglas en la econom�a y en otros �mbitos de la vida, a partir de una reflexi�n profunda sobre la naturaleza del ser humano. Todo su pensamiento part�a de ciertas ideas y reflexiones sobre qu� somos los seres humanos y para qu� estamos en este mundo. Hoy, en tiempos de inteligencia artificial, esa reflexi�n –c�mo podemos crear sistemas jur�dicos, econ�micos y pol�ticos que partan de una reflexi�n sobre la condici�n humana– es m�s actual que nunca.Le�n XIV habl� en el Congreso de los Diputados de la Escuela de Salamanca, y tambi�n de la condici�n humana y de inteligencia artificial. Escuch�ndole a usted, me da la impresi�n de que quiz� el Papa haya le�do algunos de sus trabajos.Supongo que tendr� mejores cosas que leer, pero s� s� que tenemos una serie de publicaciones de libros sobre la Escuela de Salamanca y que uno de los libros le fue entregado recientemente al Papa.Creo que el Papa hizo algo muy inteligente. Vino a decir: ustedes los espa�oles est�n orgullosos de su historia, pero esa historia tambi�n les obliga a abrazar y defender una concepci�n de la persona que estaba en la Escuela de Salamanca.O, por lo menos, a ver esa dimensi�n. Obviamente, la esencia del ser humano es algo sobre lo que cada cual puede tener distintas opiniones, pero el intento de proponer esta reflexi�n me parece hoy m�s importante que nunca. Creo que las humanidades tienen una gran responsabilidad y oportunidad: tenemos que volver a hacernos las preguntas fundamentales sobre el ser humano y la dimensi�n cultural de nuestra vida. Sobre qu� es lo que nos distingue, por ejemplo, de los robots y las m�quinas. Nos hab�amos quedado en que hay dos visiones t�picas de la Escuela de Salamanca: la decimon�nica que la exalta y la que la ha criticado en las �ltimas d�cadas. �Ambas simplifican?S�, pero la visi�n que resalta los logros de la Escuela de Salamanca sigue muy presente. Y ambas visiones est�n muy influenciadas por debates pol�ticos actuales y a veces resultan un poco anacr�nicas. Lamentablemente, la polarizaci�n pol�tica tambi�n influye sobre la visi�n del pasado, con debates entre tendencias m�s nacionalistas, con una visi�n positiva de la Escuela de Salamanca, y las teor�as poscoloniales y decoloniales, que son muy cr�ticas. Sabemos que el pasado siempre se interpreta desde nuestra posici�n actual, y hoy vivimos en un mundo con opiniones pol�ticas muy diversas. Se discute mucho, por ejemplo, si hay que pedir perd�n desde las metr�polis a los pueblos ind�genas. Es un debate que quiz� simplifica las cosas, pero, �qu� piensa usted?Muchos debates sobre interpretaciones hist�ricas son, en el fondo, debates sobre qu� relaci�n queremos tener hoy. Desde la perspectiva actual, nos parece que se cometieron muchos cr�menes e injusticias. Es importante reconocer que ciertas partes del mundo se han aprovechado: los �ltimos 500 a�os se han caracterizado por estructuras asim�tricas, tanto en lo econ�mico como en la producci�n de conocimiento, y es innegable que la colonizaci�n ha tenido consecuencias que llegan hasta el presente. Pero estos son discursos con los que hoy negociamos nuestras relaciones con otros: no se trata de hacer un juicio de valor sobre el siglo XVI desde la l�gica actual. Por eso mantengo distancia tanto con la gran celebraci�n de los pensadores de Salamanca como con su cr�tica radical. Fueron intelectuales notables de su �poca y, obviamente, es imposible juzgarlos desde la perspectiva de hoy. Usted sostiene que los argumentos de la Escuela de Salamanca sobre lo que hoy llamar�amos la libre circulaci�n de personas y mercanc�as se han simplificado.La actitud de Vitoria hacia la expansi�n europea y la conquista fue ambivalente: lleg� a la conclusi�n de que las justificaciones que presentaba la Corona no eran ciertas, pero desarroll� una nueva justificaci�n basada en el derecho de todos los seres humanos a circular libremente por el mundo y a predicar su fe. Ese derecho ten�a una contrapartida: todos los seres humanos est�n obligados a acoger a personas que sufren y tienen necesidades, y a darles sostenimiento b�sico. Domingo de Soto lo defini� as� claramente en una famosa deliberaci�n sobre los pobres. Desde entonces hasta hoy, hemos protegido jur�dicamente la libertad de circular, sobre todo a trav�s del libre comercio. Pero, en la Escuela de Salamanca, si puedo circular libremente, tambi�n tengo que aceptar a quienes circulan. Nosotros hemos restringido mucho ese derecho tras la crisis migratoria. Hemos compartimentado ese pensamiento. La globalizaci�n ha creado instituciones dedicadas a la libre circulaci�n de mercanc�as, no tanto a la libre circulaci�n de personas. Para decirlo muy puntual: nos gusta exportar, pero tambi�n nos gusta limitar la inmigraci�n. En la Escuela de Salamanca eran dos caras de la misma moneda.Voy a caer yo ahora en el anacronismo, pero volvemos a estar, como en el siglo XVI, en otro momento de grandes cambios globales, y los l�mites del poder de los que se hablaba en Salamanca tambi�n parece que se est�n renegociando. La Presidencia de EEUU ha asumido poderes que habr�an sido impensables hace unas d�cadas.La Escuela de Salamanca se form� en una �poca de enormes desaf�os morales: la expansi�n y la conquista, las posibilidades de ganancia, las turbulencias macroecon�micas que causaba la importaci�n de plata a Europa… Adem�s, fue una �poca de divisi�n pol�tica por la Reforma protestante y hubo una gran revoluci�n tecnol�gica. La visi�n del mundo cambi�, y eso creaba necesidad de orientaci�n y reflexi�n. Hay cierta similitud con nuestro tiempo, y Salamanca fue parte de la historia europea de b�squeda de limitaci�n al ejercicio del poder, a partir de una reflexi�n cristiana. Creo que se ha subestimado la importancia de esa dimensi�n religiosa para la evoluci�n de conceptos seculares en la historia de Occidente. Se pueden compartir esos valores o no, pero no se puede ignorar que han sido el sost�n de nuestros sistemas jur�dicos y pol�ticos.Con la perspectiva que nos da una secularizaci�n avanzada, �podemos volver a mirar al cristianismo fuera de esa polarizaci�n, como un recurso m�s entre otros?M�s all� de si uno comparte o no la fe, o si es parte de iglesias cristianas o no, nos conviene volver a conocer mejor las bases de nuestra cultura jur�dica y pol�tica. Quiz�s el proceso de descristianizaci�n de Europa nos da m�s libertad para volver hoy a mirar el cristianismo como una opci�n y una posibilidad, y no tanto como un poder que oprime. En las sociedades secularizadas nos surgen muchas preguntas muy dif�ciles de responder sobre valores fundamentales: �qu� derechos adjudicar a m�quinas? �D�nde trazar la diferencia entre m�quinas y seres humanos? Tambi�n hay un gran debate sobre la distinci�n entre naturaleza y cultura, derechos de los animales, derechos de la naturaleza…Y no es posible responder desde un horizonte teol�gico, como el del siglo XVI.Un jurista alem�n, Ernst-Wolfgang B�ckenf�rde, tambi�n muy famoso entre juristas en Espa�a, dec�a que nuestra Constituci�n no es capaz de sostener los fundamentos sobre los cuales ha sido establecida. Las constituciones seculares tienen un cierto d�ficit o una cierta fragilidad al no estar fundamentadas, por falta de consenso, en principios universalmente aceptados. Y nos tenemos que posicionar frente a ese posible d�ficit de legitimaci�n, m�s all� de la legitimaci�n democr�tica, que sin duda existe. En un momento en que estamos negociando jur�dicamente conceptos claves, esto es algo que tenemos que discutir. Sin demonizar a otros, como puedan ser China o el Islam, tenemos que poder decir: �All� donde otros tienen su base, �d�nde est� la nuestra?�.En el siglo XVI ten�an el reto de definir a la persona en un momento en que otras culturas, otras clases de personas, estaban entrando en circulaci�n. Ahora, la inteligencia artificial y los cambios geopol�ticos plantean tambi�n cuestiones sobre qu� es una persona y la relaci�n entre culturas. Tenemos desaf�os similares a los de aquella primera globalizaci�n. S�, sin duda. Tanto por el progreso tecnol�gico como por la desmembraci�n del fundamento pol�tico o religioso, y por la b�squeda de valores y orientaci�n. Por eso es importante que entendamos por qu� hemos llegado a nuestra forma de protecci�n de la persona, sin juzgar a los que han tenido otra historia y est�n buscando otros caminos para la protecci�n del ser humano contra el abuso del poder. Si no conocemos las bases de nuestra propia historia, nos va a ser muy dif�cil entrar en un di�logo fruct�fero con otras culturas. Una ense�anza importante es que el sistema que se ha dado en Europa, si bien se ha globalizado, es fruto de nuestra historia muy particular, no es universal.�Qu� ense�a la historia sobre los actuales desaf�os del Estado de derecho?Nos ayuda tener presentes situaciones hist�ricas que han dado origen a normas y sistemas jur�dicos que protegen al ser humano contra el abuso de poder. Como alem�n, pienso en la historia tr�gica de Alemania en el siglo XX, con el nazismo y el Holocausto. Despu�s del r�gimen nacionalsocialista, Alemania adopt� ciertos principios y trat� de convertirlos en derechos fundamentales. La capacidad de aprender de la historia es limitada, pero s� podemos aprender que han existido abusos de poder atroces, a los cuales no queremos volver.M�s en general, �para qu� sirve la historia?Muchas veces la historia sirve para afirmar la propia visi�n del mundo. Pero yo, personalmente, y muchos de los que trabajamos en esto hacemos justo lo contrario: miramos a la historia para cuestionar certezas. Hoy tenemos que estudiar el pasado, nuestros sistemas jur�dicos y pol�ticos, con ojos cr�ticos y cuestionar sus fundamentos. Pero, al mismo tiempo, tenemos que conocer nuestro pasado porque estamos en una �poca de cierta rivalidad de sistemas. China, por ejemplo, nos puede aparecer desde Occidente una oferta no muy atractiva, pero hay muchas regiones del mundo y pa�ses que s� la consideran una oferta m�s funcional y m�s interesante. Y yo creo que, para movernos en esa lamentable rivalidad entre sistemas, es muy necesario que conozcamos bien nuestra propia cultura y las de los otros. No para caer en un discurso de superioridad o de demonizaci�n de otros. Al contrario, para poder entrar en un di�logo entre iguales con quienes est�n bastante convencidos de sus sistemas.Nacido en 1967, es catedr�tico en la Universidad Goethe, profesor honorario de la CUPL en Pek�n, China, y miembro honorario de la Sociedad Americana para la Historia Legal. Ha editado, junto a la investigadora de Harvard Tamar Herzog, ‘Historia del derecho de America Latina en Perspectiva Global’ (Tirant, 2025).