Pese a los esfuerzos, incluida una detonación con 180 kg de explosivos para desviar el Danubio y la inmersión de barcazas con rocas, Rumanía no ha conseguido elevar el cauce del río y se ve obligada a desconectar el segundo reactor de la central nuclear de Cernavodă, que produce el 20% de la energía que consume el país. Es la segunda vez en tres décadas que cierra la única central nuclear del país. Las operaciones se suspendieron, de forma controlada, el jueves 13 de agosto, debido "al nivel del agua del Danubio y a la previsión de un descenso", anunció Romeo Urjan, director de la central. El Ministerio de Energía de Rumanía informó de que se tomarán las medidas necesarias para garantizar el suministro de energía a nivel nacional. Un rebaño de ovejas y cabras se apresura a beber del río Danubio en medio de niveles históricamente bajos, en la aldea de Rasova, cerca de la central nuclear de Cernavoda, el 5 de agosto de 2026. (EFE/EPA Robert Ghement) Rumanía había intentado, por todos los medios, elevar el nivel del agua. El 3 de agosto, las fuerzas navales rumanas detonaron la formación rocosa Pârjoaia a fin de desviar una mayor cantidad de agua del Danubio hacia su central nuclear. Pese a la intervención, el nivel del río ha descendido otros tres centímetros y el 11 de agosto, su caudal registró 1.370 metros cúbicos por segundo, muy inferior a la media de 3.900 metros. Estado de alerta en Rumanía Las olas de calor que han azotado el centro y sur de Europa este verano, sumadas al bajo nivel de los ríos, han obligado a algunos países como Rumanía, Hungría, Francia y Eslovenia a reducir la producción de sus centrales nucleares, con consecuencias para un ya de por sí saturado suministro eléctrico. Rumanía hace malabares para paliar la escasez de energía. El gobierno ha declarado el estado de alerta, a nivel nacional, hasta el 31 de agosto. Las dos fábricas de automóviles que hay en el país, Dacia y Ford, han detenido su producción entre el 3 y el 19 de agosto, como parte de medidas voluntarias para reducir el consumo de energía. Y el Ayuntamiento de Iași, la tercera ciudad rumana más poblada, apaga el alumbrado público todas las noches entre las 21:00 y las 23:30. “Rumanía ha sido uno de los países más afectados por esta situación, aunque no por una dependencia exclusiva de la energía nuclear: su mix eléctrico, está liderado por la energía hidroeléctrica, con un 32% del total, una fuente especialmente castigada por la disminución del caudal del Danubio y la sequía”, especifica a El Confidencial, Marta Ugalde, presidenta del Foro Nuclear. A su vez, la energía nuclear representa un 19%, “porcentaje similar al de España”, puntualiza Ugalde, y esta se ha visto reducida por la desconexión temporal de la central. Mientras que los combustibles fósiles —gas natural y carbón— representan en torno al 30%, y la eólica, un 13%. “Por tanto, el problema no deriva únicamente de la parada nuclear, sino de la combinación de menor producción hidroeléctrica, reducción temporal de generación nuclear y necesidad de cubrir la demanda con otras fuentes”, agrega Ugalde. Pero, ¿qué tiene que ver la sequía con la energía nuclear? “La sequía no tiene nada que ver con la reacción nuclear en sí, sino con la capacidad que tenemos de refrigerar sistemas donde no hay radiactividad”, puntualiza, por teléfono, a El Confidencial, Luis Enrique Herranz Puebla, profesor de Investigación en Seguridad Nuclear y responsable de la Unidad de Investigación en Seguridad Nuclear en el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas de España (CIEMAT). Explica que esto sucede en centrales que han optado por la vía fluvial de refrigeración, como Rumanía, Hungría o Francia. “Por lo que, en épocas de sequía suceden dos cosas: tienes menos agua y el agua llega más caliente, así que la refrigeración es menos eficiente que en condiciones normales”, continúa Herranz. La temperatura máxima del agua que se vierte de vuelta al río, tras refrigerar componente y sistemas, es una limitación de naturaleza medioambiental. En el caso de España, el agua saliente no puede superar los tres grados de diferencia de temperatura para preservar los ecosistemas. Pero existen otras formas de refrigeración, como el agua de los mares o las torres de refrigeración, resilientes a las altas temperaturas, apunta. "Las centrales nucleares, en el fondo, son centrales térmicas, o sea, son centrales en las que hay un foco caliente —que en este caso producimos con un reactor nuclear—, y para que se produzca el ciclo termodinámico, necesitamos un foco frío, que hace que la turbina funcione impulsada por el vapor", especifica a El Confidencial, Alfredo García, ingeniero y divulgador científico que acerca la ciencia a sus más de 282.000 seguidores en X y 90.000 en Instagram, con la cuenta 'Operador Nuclear'. "Es decir, algo que contrarreste el calor que produce el reactor, porque si no, no se puede producir ese ciclo cerrado para producir el vapor y la energía", puntualiza. Así que las centrales nucleares, "como centrales térmicas que son", necesitan un foco frío, que puede ser un río, un lago o el mar. "Lo que es importante trasladar es que no se trata de un tema de seguridad, porque el reactor tiene otros sistemas alternativos para refrigerarse cuando está parado", puntualiza García; sino de oferta energética. Calor extremo y no hubo nieve En Francia, un país con 57 reactores nucleares, de los que depende cerca del 70% de su producción eléctrica –el que más de la UE–, la temperatura de los ríos también ha tenido un impacto en la energía. El 9 de agosto por la tarde, un 15,6% de la capacidad de los reactores franceses no estaba disponible, en un récord histórico, debido a la sequía y temperaturas extremas, informó la Agencia France-Presse (AFP). El motivo es principalmente medioambiental, ya que está prohibido el vertido de agua demasiado caliente a los ríos. Aunque con una infraestructura tan extensa, las pérdidas de producción por la alta temperatura y bajo caudal, son mínimas: desde 2000, suponen el 0,3% de la producción anual, según datos de la multinacional francesa Électricité de France (EDF). Cada verano, "cada vez con más frecuencia, es habitual que algunas centrales nucleares en Europa paren por exceso de temperatura del río o por bajo caudal", especifica García. Dice que, en el caso de Francia, por ejemplo, con tantos reactores nucleares, la energía que se pierde por ello, es muy poca. Pero, en otros países, con menos centrales, "sí podría representar un problema de producción". En el caso de Rumanía, cuyas centrales optaron por la vía fluvial de refrigeración, “torres de refrigeración o, en general, circuitos cerrados de refrigeración, sería una alternativa plausible de refrigeración”, especifica Herranz. “Dicho lo cual, lo esencial es contar con capacidad de refrigeración suficiente, bien sea mediante torres o aumentando el caudal si es posible. Esta última medida es la intentada en Rumanía. A pesar de que técnicamente la solución más fiable y con costes controlados sea la construcción de torres.”, agrega. “En España, un país que tradicionalmente ha experimentado sequías, el diseño de las centrales permite una gestión más eficiente del agua mediante sistemas de refrigeración adaptados a cada emplazamiento”, conviene Ugalde, que puntualiza que, estos sistemas no consumen el agua utilizada para refrigerar, “sino que permiten devolverla tras reducir su temperatura o disipar el calor por otras vías”, lo que hace a las centrales españolas especialmente resilientes frente a olas de calor y episodios de sequía. Con siete reactores nucleares operativos, el 20% de la electricidad consumida en España procede de las centrales nucleares y, “se ha demostrado que es una fuente con resiliencia ante adversidades climatológicas como Filomena en 2021, la DANA de Valencia de 2024 y los episodios de sequía, sin necesidad de parar sus unidades”, continúa Ugalde. Por tanto, continúa Ugalde, la solución no pasa por una única medida, sino por "diversificar las fuentes de energía y contar con tecnologías firmes, resilientes y complementarias entre sí". “Dentro de su planificación energética, Rumanía tiene en curso proyectos para construir nuevas centrales nucleares, incluyendo reactores modulares pequeños y la posible ampliación de la central de Cernavodă con las unidades 3 y 4, para ir disminuyendo paulatinamente su alta dependencia de los combustibles fósiles”, especifica Ugalde. A su vez, explica que las unidades de Cernavodă no utilizan torres de refrigeración, sino que “toman agua directamente del Danubio para su refrigeración” La posible instalación de torres de refrigeración “exigiría una inversión elevada”, por lo que dice que, deberá evaluarse. En 12 países de la UE, parte del suministro eléctrico depende de centrales nucleares y el agua de los ríos es clave para enfriar las centrales. Un caudal bajo impide la refrigeración adecuada de centrales nucleares e hidroeléctricas, con un impacto en la energía. En Eslovenia, debido a las altas temperaturas y el bajo nivel del río Sava –el afluente más caudaloso del Danubio–, también se ha reducido al 80% la capacidad de producción de la central Krško durante la noche, según Reuters. Acumular mejor: el caso de Bulgaria El bajo nivel del Danubio, que recorre 10 países europeos, es efecto de: un invierno con pocas precipitaciones y poca nieve –en Austria, la cantidad de nieve fue un 20-30% más baja que el promedio anual—; sumado a una primavera muy seca y un verano muy cálido con muy alta presión atmosférica. "Todos estos factores correlacionados nos han traído a la situación en la que estamos hoy", explica a Hotnews, el investigador Albert Writeciu del Instituto GeoEcoMar de Rumania, que coordina el Departamento de Investigación Interdisciplinaria del Medio Fluvial. Lo paradójico es que, durante el día, Rumanía tiene un excedente de generación eléctrica, ya que sus centrales solares funcionan cerca de su capacidad máxima. Y este exceso de electricidad se exporta. Sin embargo, por la tarde, cuando el sol se pone, la generación fotovoltaica cae bruscamente y las centrales hidroeléctricas no pueden cubrir completamente el déficit provocado por la parada de uno de los reactores de la central nuclear de Cernavodă. En este caso, "podrían explorar sistemas de acumulación, como la energía hidráulica de bombeo", que aprovecha los momentos de exceso de energía para bombear el agua de vuelta al embalse y reutilizarla posteriormente para generar electricidad, "o incluso las baterías", especifica Herranz Puebla. Este es el caso de la vecina Bulgaria, donde la central nuclear de Kozloduy opera a su plena capacidad, pero si se viera obligada a reducir su producción, no enfrentaría ningún riesgo inmediato de suministro, según el Operador del Sistema Eléctrico búlgaro (OSE). Esto, sumado a una sólida generación solar y una considerable capacidad de almacenamiento de energía, proveniente no solo de fuentes renovables nacionales sino también griegas, ha permitido a los productores y comercializadores de electricidad búlgaros aumentar significativamente las exportaciones, especialmente a Rumania y Hungría. A diferencia de Rumanía, Bulgaria ha hecho una gran inversión en baterías de almacenamiento –que cuentan con una capacidad de 14 a 15 GWh—, de las mayores de la UE, gracias a los fondos europeos del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia. En comparación, Rumanía cuenta con menos de 2 GWh. A punto del cierre total en Hungría Un día más tarde de la detonación en Rumanía, el 4 de agosto, en la vecina Hungría, el primer ministro Péter Magyar, escribió en su cuenta de X un mensaje alarmante: "Sobre la 1:30 de la madrugada, estuvimos a punto de efectuar el cierre total de la central nuclear de Paks, pero entonces el nivel del agua dejó de bajar y, por la mañana, había subido 1,5 centímetros. La última turbina funciona actualmente sin problemas" Topógrafos preparan la construcción de un dique en el lecho del Danubio para elevar el nivel del agua cerca de la central nuclear de Paks en Hungría, 13 de agosto de 2026. (REUTERS/Bernadett Szabo) Magyar ha criticado en X, que Viktor Orbán y su gobierno, "ya sabían en 2022 que el sistema energético húngaro estaba en sus últimas " y, "sin embargo, no hicieron nada", mientras destinaban más electricidad a grandes proyectos industriales, como a inversiones en la industria de las baterías. Finalmente, el 10 de agosto, el nivel del agua del Danubio, a su paso por Hungría, subió y se reconectó una de las turbinas. Y el 12 de agosto, el gobierno húngaro ordenó la construcción inmediata de un dique en el lecho del Danubio. Pero, ¿es un aviso? "Tenemos temperaturas extremas que rompen récords de año en año y en gran medida, se debe al cambio climático, y, al mismo tiempo, existen los efectos del impacto antropogénico", explica Writeciu, quien advierte que, cada vez se demanda más consumo de agua, derivado tanto de la actividad económica como doméstica, porque "la comodidad que todos queremos requiere de una mayor necesidad de electricidad", y eso se traduce en una presión creciente sobre el río. Europa necesita un suministro más diversificado "Nadie aquí había experimentado nunca condiciones como estas", afirma Florian Seidl, portavoz de Verbund, la principal empresa de energía de Austria y una de las mayores productoras hidroeléctricas de Europa. "Por sí solo, esto no sería una mala noticia para el sistema eléctrico, porque la energía solar fotovoltaica genera más electricidad en verano, mientras que la energía hidroeléctrica puede ayudar a equilibrar el suministro en invierno", continúa Seidl. Sin embargo, dice que también se espera una volatilidad mucho mayor: "Habrá años con una disponibilidad de agua superior a la media y otros que seguirán siendo muy secos". Y, la tendencia hacia condiciones más extremas plantea dificultades para la energía hidroeléctrica. "Sería de interés para toda Europa construir un suministro energético mucho más amplio y diversificado en cada país", advierte Christoph Dolna-Gruber, de la Agencia Austriaca de la Energía. Por ejemplo, estos días al mediodía, en España, estamos en un mínimo de producción eólica y, pese a los 34 gigavatios instalados —que equivalen a 34 reactores nucleares—, estamos produciendo menos de 1 gigavatio de energía eólica, conviene García. Así que, con la ola de calor, “en solar se está produciendo durante las horas diurnas casi al máximo de su capacidad, al igual que, en nuclear, pero no la eólica. Por lo que, “la solución es diversificar fuentes y, lógicamente, diversificar fuentes bajas en emisiones de gases de efecto invernadero, porque si diversificamos introduciendo más gas, lo que conseguimos es más emisiones, más calentamiento global, y vamos a empeorar el problema”, concluye García. "La robustez de los sistemas eléctricos crece con la diversidad, siempre que estemos hablando de tecnologías de baja emisión de GEI”, agrega Herranz Puebla. "Este verano, el Danubio no solo se limitó a poner de manifiesto la vulnerabilidad de un río; reveló hasta qué punto el agua, la energía, el transporte, la economía y la naturaleza se han convertido en un único sistema", concluye Mario Šiljeg, doctor y director del Instituto del Agua Josip Juraj Strossmayer. Dice que el cambio climático ya no genera problemas aislados; "desencadena reacciones en cadena que afectan simultáneamente a múltiples sectores y países".