Noticia Exclusivo suscriptores La Casa Blanca aprobó la revisión del calendario de vacunación, mientras reduce fondos científicos y modifica las guías nutricionales.Donald Trump impulsa una campaña que redefine el sistema de salud en EE. UU. Foto: Archivo EL TIEMPO / Agencias15.08.2026 03:01 Actualizado: 15.08.2026 03:01

Esta semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprobó un nuevo decreto que revisa el orden y el número de las vacunas recomendadas durante la infancia, exige ampliar el intervalo entre algunas dosis e insta a los estados, que tienen competencia en esta materia, a revisar sus protocolos. La decisión, impulsada por su secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., una de las figuras más reconocidas del movimiento antivacunas, representa un giro en la política sanitaria estadounidense tras décadas de directrices federales relativamente estables."La orden presidencial recomienda que todos los niños reciban las vacunas necesarias para protegerse contra 11 enfermedades, una reducción con respecto a las 18 enfermedades recomendadas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en 2024", anunció la Casa Blanca a través de un comunicado. LEA TAMBIÉN De inmediato, la noticia fue criticada por el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, al advertir que la decisión "no está en consonancia con décadas de evidencia científica". Personas antivacunas en EE. UU. Foto:Tino Romano.EFE"La política de vacunación debe estar guiada por una revisión rigurosa, independiente y transparente de la mejor evidencia científica disponible, y no por la influencia política", publicó Tedros en su cuenta oficial en X. Retrasar las vacunas o separar innecesariamente las dosis no hace que la vacunación sea más segura, y puede dejar a los niños desprotegidosLa medida deja vacunas contra la gripe, el covid-19, la hepatitis A y B, el rotavirus y la meningitis bajo criterios de riesgo o de decisión compartida entre padres y médicos, mientras ordena revisar el calendario federal de vacunación infantil. De acuerdo con el máximo responsable de la OMS, estos cambios no tienen en cuenta evidencias científicas "que muestran cuándo los niños son más vulnerables a las enfermedades, cuándo las vacunas proporcionan la mayor protección, cuántas dosis son necesarias y qué vacunas pueden administrarse juntas de forma segura". "Retrasar las vacunas o separar innecesariamente las dosis no hace que la vacunación sea más segura, y puede dejar a los niños desprotegidos", advirtió Tedros. Robert F. Kennedy Jr., elegido por Trump para ser Secretario de Salud, Foto:EFELa cruzada de Kennedy contra las vacunas Tras el regreso al poder de Trump, la atención mediática se ha concentrado en los frentes más visibles y polémicos de su agenda, entre ellos, la ofensiva contra la migración irregular, el endurecimiento de los aranceles comerciales y sus intervenciones a siete países. Sin embargo, lejos de los grandes titulares, otra transformación profunda avanza: la reconfiguración del sistema de salud estadounidense. Desde su llegada al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), Kennedy ha impulsado cambios de gran calado que sus seguidores celebran como una necesaria ruptura con el “establishment médico”, pero que para amplios sectores de la comunidad científica y sanitaria representan un giro riesgoso, con consecuencias potencialmente irreversibles para la salud pública y el liderazgo científico de EE. UU. LEA TAMBIÉN En cuestión de meses, Kennedy ha convertido su promesa de “Make America Healthy Again” en una nueva política de salud pública. En la práctica, esto ha implicado despidos masivos, la eliminación o congelamiento de miles de millones de dólares en fondos para investigación científica y una revisión radical de posturas oficiales del gobierno sobre temas sensibles como las vacunas, el flúor en el agua potable, los aceites vegetales, el uso de medicamentos ampliamente aceptados como el paracetamol y las recomendaciones alimenticias para millones de personas. Uno de los ejes más controvertidos ha sido la redefinición de la política federal de vacunación Foto:iStockUno de los ejes más controvertidos de la gestión de Kennedy ha sido, justamente, la redefinición de la política federal de vacunación. En mayo, el Departamento anunció que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) dejarían de recomendar la vacuna contra el covid-19 para niños sanos y mujeres embarazadas, una decisión que sorprendió a la comunidad médica ante la ausencia de nuevos estudios que justificaran el cambio. Desde entonces, el Gobierno ha tomado decisiones que rompen con décadas de práctica médica en EE. UU. Kennedy ordenó a los CDC abandonar su afirmación de que las vacunas no causan autismo, pese a que esta relación ha sido exhaustivamente estudiada sin que se haya encontrado evidencia que la respalde. Ante la decisión, expertos en salud pública han advertido de un posible repunte de enfermedades prevenibles mediante vacunación, en un año en el que Estados Unidos ya ha registrado su mayor número de casos de sarampión en 35 años. Estados Unidos ya ha registrado su mayor número de casos de sarampión en 35 años. Foto:IStockLos riesgos de imitar el esquema de vacunación europeo El equipo de Kennedy defiende estos cambios bajo el argumento de que EE. UU. aplica un número mayor de vacunas infantiles que otros países desarrollados y que es necesario “armonizar” el calendario nacional con el de naciones como Dinamarca, Suecia o Noruega. No obstante, los críticos cuestionan duramente esa comparación. Expertos en salud pública subrayan que los sistemas de salud europeos operan en contextos radicalmente distintos, con coberturas universales, mayor seguimiento médico, menor desigualdad social y tasas de pobreza infantil significativamente más bajas. Además, señalan que muchos de esos países compensan calendarios más reducidos con sistemas de vigilancia epidemiológica más robustos y una mayor confianza institucional, condiciones que no necesariamente se replican en EE. UU. “Tomar a Dinamarca como modelo sin considerar las diferencias estructurales es científicamente irresponsable y peligroso”, dice Andrew Racine, presidente de la Academia Americana de Pediatría (AAP). EE. UU. ha modificado los esquemas de vacunación en menorres. Foto:iStockPara especialistas como Racine, el riesgo no es teórico. Brotes recientes de sarampión y tosferina ya muestran cómo pequeños descensos en la cobertura pueden tener consecuencias inmediatas. Kennedy ha prometido, además, lanzar estudios a gran escala sobre posibles factores ambientales vinculados al autismo, y en eventos públicos junto a Trump ha promovido hipótesis no comprobadas (y en algunos casos desacreditadas) que vinculan vacunas, el uso de Tylenol y trastornos del neurodesarrollo. Investigadores advierten que, aun cuando se presenten como “exploratorias”, estas iniciativas pueden legitimar teorías conspirativas y socavar décadas de educación sanitaria. LEA TAMBIÉN La reconfiguración puede retrasar décadas de desarrollo científico Paralelamente al debate sobre las vacunas, Kennedy ha emprendido una reestructuración sin precedentes del HHS. En pocos meses anunció el cierre o la fusión de agencias completas, la eliminación de unos 10.000 puestos de trabajo, además de otros 10.000 retiros voluntarios, y la salida forzada de altos funcionarios del Instituto Nacional de Salud (NIH), de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y de los propios CDC. A esto se suman recortes millonarios en proyectos de investigación y la cancelación de contratos para el desarrollo de vacunas basadas en tecnología de ARN mensajero, un campo en el que EE. UU. había consolidado su liderazgo global. La reconfiguración puede retrasar décadas de desarrollo científico Foto:Secretaría de Salud.Para críticos como el profesor Lawrence Gostin, de la Universidad de Georgetown, el daño va más allá de una administración puntual. “EE. UU. corre el riesgo de quedar científicamente debilitado durante años, si no décadas”, advierte Gostin tras recalcar que se trata de un retroceso institucional que va a ser difícil de reconstruir. Los puntos de la agenda en salud que respaldan demócratas y republicanos No obstante, la agenda Make America Healthy Again también ha encontrado respaldo transversal. Sectores demócratas y republicanos han coincidido en apoyar iniciativas para reducir el precio de los medicamentos, fomentar la actividad física, combatir la obesidad y limitar el consumo de alimentos ultraprocesados. La presión del HHS ha llevado a las empresas a replantear el uso de colorantes artificiales y ha situado el debate sobre la nutrición y las enfermedades crónicas en el centro de la conversación pública. LEA TAMBIÉN Incluso otras agencias del Gobierno se han alineado con esta narrativa. Desde el Pentágono, se han promovido programas de acondicionamiento físico y hasta el Departamento de Transporte ha financiado infraestructura ¨saludable¨ en aeropuertos. El problema, señalan los especialistas, surge cuando esa agenda se apoya en evidencia débil o directamente desacreditada. La promoción de la leche cruda, las dudas sobre el flúor o la reapertura de debates científicos cerrados despiertan temores sobre el impacto real en la salud de millones de personas, especialmente de niños y poblaciones vulnerables. Todo esto ocurre en un contexto ya frágil, marcado por recortes a Medicaid aprobados por el Congreso Foto:iStockEl nuevo esquema de alimentación en EE. UU. que causa polémica En ese mismo marco de revisión de consensos, el HHS presentó un giro significativo en las recomendaciones nutricionales oficiales, con una reformulación de la tradicional pirámide de alimentos. EE. UU. corre el riesgo de quedar científicamente debilitado durante años, si no décadasEn el nuevo esquema, las carnes -especialmente las rojas-, los huevos y otros productos de origen animal aparecen ahora en la cúspide de las preferencias dietéticas, mientras que los cereales, granos integrales y aceites vegetales pierden el protagonismo que habían mantenido durante décadas. El equipo de Kennedy justifica el cambio argumentando que las guías anteriores contribuyeron al aumento de la obesidad, la diabetes y otras enfermedades metabólicas, al promover dietas altas en carbohidratos y alimentos procesados. Según esta visión, priorizar proteínas de origen animal y grasas “naturales” ayudaría a estabilizar el metabolismo, a reducir la inflamación y a mejorar la salud general de la población. Nutricionistas y asociaciones médicas advierten que el cambio se apoya en estudios parciales y que minimizar el consumo de frutas, verduras y granos integrales podría aumentar los riesgos cardiovasculares y agravar las desigualdades nutricionales en los sectores de menores ingresos, donde la carne de calidad es menos accesible. También señalan que el giro tiene implicaciones económicas y medioambientales. Foto:EFETambién señalan que el giro tiene implicaciones económicas y medioambientales, al favorecer patrones de consumo más costosos y con mayor huella ecológica. Todo esto ocurre en un contexto ya frágil, marcado por los recortes a Medicaid aprobados por el Congreso, el congelamiento de los subsidios de la Ley de Cuidado de Salud Asequible y una creciente incertidumbre sobre la cobertura médica de millones de estadounidenses. LEA TAMBIÉN En cualquier caso, mientras el trumpismo concentra la atención en sus batallas más ruidosas, esta transformación silenciosa del sistema de salud se ha ido convirtiendo en realidad. Para algunos, es una oportunidad histórica de “limpiar” un sistema capturado por intereses corporativos. Para otros, un experimento ideológico que pone en juego décadas de avances científicos y cuyo verdadero impacto solo comenzará a medirse con el paso del tiempo. SERGIO GÓMEZ MASERI - Corresponsal de EL TIEMPO - Washington - @sergom68 LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.