Cada vez menos gente de Vallecas conoce la leyenda del moro Kas, uno de los supuestos orígenes etimológicos del barrio madrileño. Un rico árabe que, durante la época de Al-Ándalus, fue obligado a huir por cristianos hasta un valle cerca del Manzanares: el valle del moro Kas. El barrio de todos los barrios de Madrid, con una población superior a ciudades como Córdoba, evoluciona a ritmo de gentrificación y cambios demográficos. El Rayo Vallecano, la Franja, se siente y se respeta como uno de los últimos símbolos de pertenencia.

En el 2011, la familia Ruiz-Mateos abandonó el club, que fue a parar al entonces desconocido empresario Raúl Martín Presa. Tres lustros después, y pese al éxito deportivo que el Rayo ha obtenido, incluyendo su primera final europea de la historia, la relación entre afición y dueño está completamente rota. La gestión del Estadio de Vallecas es solo la última muesca de un mueble carcomido por el paso del tiempo y la pasividad.

La última piedra en el camino la puso la Comunidad de Madrid, propietaria del estadio que cede al conjunto rayista. A finales de julio, la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la comunidad extinguió la concesión del recinto por la necesidad de acometer obras urgentes que, como mínimo, requerirían hasta dos meses de obras. Bastante más optimista se mostró la dirección del club, alegando que todo residía en errores de forma y lamentando "malentendidos" con la gobernanza. Situaciones como impedir la entrada de operarios comunitarios que acudían para dichas reparaciones.