Opinión

Plumas invitadas

pluma invitadaNacida en medio de la euforia por la victoria de Occidente en la Guerra Fría, encarnaba la aspiración de que el derecho internacional pudiera trascender la política.

Los tribunales penales internacionales antes se centraban en llevar ante la justicia a líderes derrotados, como el serbio Slobodan Milošević y el liberiano Charles Taylor. Pero la Corte Penal Internacional ha ido más allá, emitiendo órdenes de detención contra líderes en el poder —en particular, el presidente ruso, Vladímir Putin, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu—. Si bien estas medidas denotan cierta audacia, no tienen en cuenta la realidad política. De hecho, la nueva postura más enérgica de la CPI bien podría haber provocado su caída.

Los gobiernos occidentales se mostraron unánimes a la hora de aplaudir la orden de detención de 2023 emitida por la CPI contra Putin, pero siguen profundamente divididos respecto de la orden de detención de 2024 contra Netanyahu. Mientras que Irlanda ha respaldado la medida, el ministro de Asuntos Exteriores checo, Jan Lipavský, la ha condenado: “Poner al mismo nivel a un terrorista y a alguien que defiende a su país contra los terroristas… socava la credibilidad de la corte”.