0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa aplicación que prometía decirnos si estábamos pagando demasiado por una prenda ha terminado planteando una pregunta distinta: si inversores, celebridades y buena parte de la prensa pagaron demasiado por su historia. Phoebe Gates, la hija menor de Bill y Melinda Gates, creó Phia junto a Sophia Kianni, su antigua compañera de habitación en Stanford. Su propuesta era bastante más ambiciosa que buscar ropa de segunda mano: comparar productos entre miles de tiendas y plataformas de reventa, encontrar alternativas más baratas, calcular su valor de reventa y aprender de los gustos del usuario. El modelo de negocio se apoya en las comisiones que cobra por las compras generadas a través de la plataformaPhoebe Gates, la hija menor de Bill y Melinda Gates, creó Phia junto a Sophia KianniDesde su lanzamiento en abril de 2025, el proyecto reunió casi todos los ingredientes capaces de acelerar una startup antes de que su éxito estuviera demostrado. Dos veinteañeras de Stanford; una activista climática y la hija de uno de los empresarios más famosos del planeta; inteligencia artificial, moda, consumo inteligente, un podcast, cientos de miles de seguidores y una lista de inversores que mezclaba firmas de capital riesgo con Kris Jenner, Sara Blakely y estrellas de Hollywood. Mientras la herramienta era interesante, la historia era irresistible.El problema es que una parte de su negocio depende precisamente de determinar quién ha generado cada compra. En julio, Bloomberg comprobó en más de 50 webs que la extensión podía activar el código de afiliación de Phia cuando el usuario ya había decidido comprar, aunque la aplicación no hubiera intervenido en la decisión, y en algunos casos sustituir el código de quien sí había llevado al cliente hasta la tienda. Dicho de forma sencilla: una tienda podía terminar pagando a Phia por una compra que Phia no había generado.La respuesta inicial de la empresa fue atribuirlo a un problema de código. El 8 de julio aseguró que había conocido esas “atribuciones erróneas” en las 24 horas anteriores y que la incidencia ya estaba resuelta. Esa explicación se ha vuelto difícil de sostener esta semana. Bloomberg ha publicado que mensajes internos de Slack y revisiones del código muestran que esas funciones llevaban meses activas y que Gates había preguntado en diciembre si estaban funcionando en todas las webs para asegurarse de monetizar las transacciones. Tras desactivarlas, un científico de datos de la compañía señaló internamente que los ingresos diarios habían caído de entre 80.000 y 100.000 dólares a unos 28.000. Phia cuestiona esas cifras y sostiene que la caída respondió también a la suspensión de otras formas de monetización. No existe, por ahora, una acusación penal ni una resolución que permita llamar fraude a lo ocurrido. Sí hay suficientes elementos para que la versión de un fallo recién descubierto resulte, como mínimo, difícil de aceptar sin más preguntas.Y no era la primera vez que surgían dudas sobre las maneras de la herramienta. En noviembre de 2025, Fortune reveló que una versión de la extensión podía acceder al contenido de páginas ajenas a la compra, incluidos correos privados y páginas bancarias. La compañía retiró ese código, negó haber almacenado la información y explicó que servía para identificar tiendas online. El asunto ha vuelto este verano con una nueva función: un “armario digital” que, cuando el usuario conecta su Gmail, rastrea los recibos enviados por correo para identificar automáticamente qué prendas ha comprado y reunirlas en un inventario. Google ha remitido las nuevas alertas sobre ese acceso a su equipo de Trust & Safety.Lo llamativo es que ninguna de esas señales alteró demasiado el relato construido alrededor de la compañía. Time la incluyó entre los mejores inventos de 2025. Forbes (que, por cierto, acaba de despedir a su máximo responsable editorial tras descubrir que había recibido en secreto unos seis millones de dólares del fundador de una empresa con la que la revista colaboraba en sus rankings financieros) colocó a Gates en su 30 Under 30 y siguió celebrando sus rondas de financiación. Inc. tituló en febrero que se negaba a depender del apellido Gates. Vogue Business llegó a preguntarse si era la startup de compras respaldada por más celebridades de la historia. La empresa levantó 35,5 millones de dólares en una Serie A y convirtió el anuncio en una especie de cartel de festival en el que convivían firmas de capital riesgo con Sydney Sweeney, Alix Earle o Shaboozey.Gates nunca negó sus ventajas. En The New York Times reconoció en abril que buena parte de sus oportunidades procedían de su familia, aunque sus padres no financiaran la empresa. Algunos medios prefirieron convertir esa diferencia en una historia de independencia. Nadie podía exigirles que anticiparan lo que Bloomberg descubriría meses después, aunque cabía hacer algo más básico: distinguir entre una empresa que había conseguido llamar extraordinariamente la atención y otra que ya había demostrado ser extraordinaria. El apellido, el capital, la celebridad y la visibilidad son datos; convertirlos automáticamente en mérito empresarial es una decisión editorial.Nada de esto condena a Phia. Puede corregir sus sistemas, devolver las comisiones mal atribuidas y terminar construyendo una herramienta realmente útil. Tampoco resulta especialmente revelador celebrar la posible caída de otra heredera, un género periodístico bastante manido. La pregunta interesante es otra: cómo una startup creada para detectar cuándo algo cuesta más de lo que vale consiguió que durante más de un año casi nadie se preguntara cuánto valía realmente su propia historia.
Phia: la startup que prometía decirnos cuánto valía una prenda y ahora tiene que explicar cuánto valía su propio negocio
La aplicación de compras cofundada por la hija de Bill Gates acumuló millones, celebridades y elogios antes de que varias investigaciones obligaran a mirar qué ocurría detrás de los titulares














