No somos conscientes de lo que sufre el Partido Popular a diario. Al edificio, a la España que les pertenece por derecho propio, llega de vez en cuando un advenedizo. Ellos ocupan buena parte de los pisos, pero el ático - ¡ay, los áticos! – lo tiene un tal Sánchez por el capricho de las urnas y de la conjunción de todos los hados contra Alberto Núñez Feijóo. Como en los tópicos ancestrales, se pasan el día espiando al inquilino incómodo desesperándose de envidia. Que lleva el tío ahí 8 años y no hay quien lo despegue del sitio a pesar de los esfuerzos desplegados.
Así vendría a ser la historia real de un PP que anda todos los días tras el visillo captando cada gesto para poner a parir al gobierno. Este viernes pre-puente de agosto han llamado a la ministra de Defensa Margarita Robles “peón del sanchismo”, porque el Gobierno de ese tal Sánchez no tiene ministros sino peones. Es tan evidente la desesperación que muestran -el PP y su equipo sincronizado de voceros mediáticos- que darían hasta un poco de pena al contemplar su sufrimiento, pero son mala gente: con su pan se lo coman.






