Historiadora de la Universidad Javeriana, con maestría en Estudios Culturales, parte del interés de Tania Lizarazo era aprender sobre la historia de la violencia en Colombia, pero “muy rápidamente me di cuenta de que algo faltaba cuando leía los libros: la experiencia de las personas más afectadas históricamente”, dice a Arcadia. Por cuestiones de la vida, trabajando para la ONG ambientalista Ecofondo, “empecé a viajar y a conocer gente en distintas regiones, entre ellas el Chocó. Y aprendí mucho más de lo que había leído en los libros y entendí la importancia de ir más allá de las historias de violencia”. Las prácticas colectivas que celebran la vida en medio de la guerraPensando en qué posibilidades de colaboración existían en esos territorios (impactados de manera muy fuerte por los temblores de esta semana), Lizarazo empezó a establecer una relación con las comisionadas de Cocomacia, la organización campesina negra más fuerte de Colombia, que administra los territorios colectivos que recibieron las comunidades negras desde 1991 (ratificados con la Ley 70 de 1993). “Hemos colaborado informalmente desde 2008 y más formalmente desde 2013”, explica. “En ese proceso fui a California a hacer un doctorado, me gradué y conseguí trabajo en Maryland. He hecho muchos proyectos diferentes, pero mi conexión con las comisionadas continúa hasta el día de hoy”, cuenta. De esa conexión nació el libro Postconflict Utopias, que no ha pasado desapercibido para distintos públicos. No solo ganó el Premio al Mejor Libro de la Asociación de Colombianistas en 2025, sino también el Best Book Award de la sección de Latinx Studies de la Latin American Studies Association’s Section en 2026. Al respecto de su libro y su inspiración, las mujeres de Cocomacia y del Chocó y su sentido de comunidad, esto nos dijo.*Nota: esta charla tuvo lugar antes de la tragedia que azota el territorio, pero todo lo que plantea solo se ha hecho más relevante en estos tiempos de crisis.* En 'Postconflict Utopias: Everyday Survival in Chocó, Colombia' ('Utopías del postconflicto: supervivencia cotidiana en Chocó, Colombia'), Lizarazo escribe sobre cómo las organizaciones de mujeres negras cuidan sus territorios y comunidades. Foto: www.press.uillinois.edARCADIA: La relación con estas mujeres ha sido un eje transversal en todo su trabajo…TANIA LIZARAZO: Sí. Una de mis convicciones es que la investigación no puede ser extractivista. Esa idea de ir a un lugar, hacer entrevistas, escribir algo y terminar la relación no era lo que yo quería hacer. Las relaciones deben ser recíprocas; eso incluye aprender, colaborar, resolver conflictos y hacer todo lo necesario para seguir aprendiendo. Por eso, a pesar de la distancia, seguimos colaborando.ARCADIA: Postconflict Utopias parte de esa trayectoria que comenzó en 2008. ¿Cuáles fueron los retos de estructurarlo?T.L.: Este proceso de investigación fue mi tesis de doctorado y se basó en una serie de colaboraciones de narrativas digitales que hicimos con las comisionadas en 2013. Y fue interesante que ellas aceptaran colaborar, pero manteniendo su propia agenda. Hicimos colaboraciones para mi proyecto y también para los suyos. Cuando terminé el doctorado en 2015, aún no tenía muchas de las ideas que están en este libro. Con el paso del tiempo, al revisar las historias y las conversaciones, me quedó más claro algo que no entendía: por qué la gente sigue haciendo este trabajo sin remuneración y en medio de tanta violencia. Y tiene que ver con una perspectiva sobre el activismo de la imaginación, algo que en la academia no se suele apreciar. Preferimos citar y buscar certezas donde no las hay. Comisionadas junto a un cartel con información sobre una ley histórica contra la violencia doméstica, el 7 de julio de 2012. María del Socorro Mosquera Pérez está sentada a la izquierda. Foto: Tania LizarazoConfiar en la comunidad me enseñó mucho. Recuerdo que en 2012, estando preocupada por alguna dificultad, Justa Mena me dijo: “¿Para qué preocuparse? Una sola no puede cambiar el mundo”. Y esa es una confirmación de cosas que ellas dicen y repiten hasta hoy. Y estos días, que recogemos fondos y estamos lejos, Yenny Palacios me dijo: “Tenemos más que cuando no teníamos nada”.Por naturaleza soy pesimista, pero esta colaboración me ha enseñado cómo el cambio social es posible solo cuando imaginamos lo que nos enseñan que es imposible. De ahí surge la idea de utopías y de rescatar dos palabras con tantas connotaciones negativas en Colombia como “utopía” y “posconflicto”, supercargadas de ingenuidad y otras cosas.Yo me preguntaba: ¿por qué el miedo a soñar en la academia? ¿Por qué el miedo a la vulnerabilidad? Y por eso rastreo distintos tipos de utopías, incluidas redes que van más allá del trabajo de las comisionadas, y por eso uso una voz más personal y menos académica. Yo me preguntaba: ¿por qué el miedo a soñar en la academia? ¿Por qué el miedo a la vulnerabilidad? Y por eso rastreo distintos tipos de utopías, incluidas redes que van más allá del trabajo de las comisionadas, y por eso uso una voz más personal y menos académica. Muestro los momentos en que mis expectativas no coincidían con lo que ellas hacían, o los límites mismos de la investigación. Yo hago investigación feminista y colaborativa, y si alguien me pregunta cómo voy a ayudarle a arreglar su rancho porque tiene un problema, debo decirle que no sé. Y es importante. No saberlo todo abre la posibilidad de colaborar y confiar en que la comunidad es una fuerza indispensable para la supervivencia colectiva. Y esa supervivencia no incluye solo a las personas, sino a los ríos y a los territorios, algo que desde la perspectiva citadinas se nos olvida.ARCADIA: El libro narra un trayecto de estas mujeres por el río Atrato, transmitiendo información sobre derechos y justicia. ¿Qué significan el territorio y el río en esta resistencia?T.L.: El Atrato y sus afluentes han sido descritos por la comunidad como la columna vertebral de la Cocomacia, en parte porque conecta a muchas poblaciones. Muchos de los talleres de las comisionadas se hacen, y eventos de visibilidad nacional como Atrateando por la Paz en 2016 suceden allí. A la vez, es una zona muy militarizada. En el libro narro una ocasión en la que nos detuvieron uniformados, y pregunté quiénes eran, pero nadie sabía, porque allí el camuflaje lo usa cualquiera. Terminó siendo el Ejército, que nos entregó panfletos animando a la desmovilización de guerrilleros. Rubiela Cuesta, una de las comisionadas, miró el folleto, vio una foto de palmas africanas y les dio a las personas que nos apuntaban toda una lección sobre lo que significaba entregarles esto. Fue uno de esos momentos de incertidumbre al navegar el río, pero también de compartir: porque se comparte la comida, pero también el transporte, el conocimiento y un montón de cosas. Eso transformó una experiencia que empezó muy traumática para mí (crecí en Bogotá y estaba acostumbrada a ver soldados en cada esquina), porque era un espacio donde un uniforme no necesariamente significa un soldado.En 2016, el Atrato recibió derechos. Esa parte no la exploro mucho en el libro, aunque una de las comisionadas fue también guardiana del río y me enseñó mucho sobre la dimensión espiritual del Atrato, más allá de su uso para el transporte y el extractivismo, en términos de supervivencia colectiva. Y en entrevistas recientes he aprendido sobre prácticas cotidianas, como pedirle permiso al río antes de navegar. La relación es más cercana, muy mística, con algo de ciencia ficción, que se relaciona con las utopías: la idea de poder materializar lo que no ha existido antes y dar valor a formas de pensamiento que la lógica racionalista desconoce. Hay una relación de cercanía vital, y es que todo depende del río; Banessa Rivas, una excomisionada y exguardiana del Atrato, me ha dicho varias veces: “No hay vida sin el río”.Las “comisionadas” pertenecen a una de las asociaciones más grandes de consejos comunitarios en la Colombia rural, llamada COCOMACIA. Foto: Tania LizarazoARCADIA: Su trabajo ha recibido premios y reconocimientos destacados. ¿Le ha sorprendido alguna respuesta y reacción a la obra?T.L.: Sí, en parte porque no soy muy buena para la divulgación comercial; solo hice algunas publicaciones sutiles en redes sociales y un par de eventos virtuales. El año pasado participé en la conferencia de la Asociación de Colombianistas (muy interesante, para ver qué se está investigando sobre Colombia), que pasó a formato virtual, y el trabajo recibió el premio al mejor libro. Mi investigación es interdisciplinar y no todo el mundo lo entiende. Yo no lo hago buscando reconocimiento internacional. Más sorprendente fue que la sección de Latinx Studies de la Asociación de Estudios Latinoamericanistas (LASA) también le otorgó el premio a mejor libro en Ciencias Sociales. Me pareció llamativo porque no me adscribo estrictamente a los estudios latinxs, pero muestra la importante que es tener narrativas que permitan pensar en futuros posibles en medio de tantas crisis globales. Eso ha resonado conmigo, por eso escribí sobre eso, pero resuena con audiencias en Colombia, en Estados Unidos y a nivel transnacional. Y ojalá resuenen ahora, con el cambio de Gobierno.ARCADIA: ¿Qué es fundamental que se comprenda desde el interior del país sobre la dimensión del racismo?T.L.: El racismo no es un fenómeno exclusivo de ciertas personas o regiones. La construcción de las naciones, incluida la colombiana, ha estado marcada por discursos que excluyen al tratar de definir quiОn pertenece. La idea de que “todos somos mestizos, somos una mezcla” nos da una excusa para decir que no somos racistas y reproducir estereotipos. Pero hay que mirar quiОnes son las personas visibles, incluso en términos de este libro. Y soy la visible a pesar de que las comisionadas llevan décadas haciendo este trabajo. ¿Por qué no tenemos más gente negra en la televisión colombiana? ¿Por qué no conocemos más activistas negras? Pensar el racismo como un problema de otros desconoce cómo la educación que hemos recibido reproduce ideas racistas de lo que significa ser colombiano.Activistas locales conocidas como "comisionadas" posan con mujeres de Tanguí, Chocó, Colombia, al finalizar un taller en 2013. Foto: Tania LizarazoRecomendados editoriales de agosto: Pablo Montoya, Siri Hustvedt, Cristina Peri Rossi y John Koenig y másARCADIA: En su escrito destaca “la realización de actividades solidarias y los compromisos diarios como la verdadera raíz de la resistencia en el territorio”. ¿Cómo documenta y valora esas prácticas, que parecen volverse claves ahora también en las ciudades?T.L.: Bogotá es una ciudad muy individualista donde la gente cierra su puerta y en muchos casos no conoce quién vive al lado. Pero tengo familia en Barranquilla, y allí las puertas y ventanas se abren desde la mañana; la gente está pendiente de todo el mundo. Eso me hizo sentir que no fuera raro, pero sí me ha enseñado mucho la idea de pensar en el bien común, de compartir. Quizá por leer tantos libros académicos, esperaba momentos espectaculares de activismo y cambio social. Pero, en el Chocó, pasaba horas conversando con personas, o en la oficina de las comisionadas. Parecía no ocurrir nada, pero luego entendí que la gente pasaba a saludar, a pedir que le cuidaran a un bebé mientras asistía a una reunión, y esa cotidianidad nutre las actividades colectivas. En sus talleres no hay exclusiones; van hombres (que no quieren escuchar nada de género y activismo), mujeres e hijos: todo el mundo tiene un espacio. Y lo que se cocina, se cocina para toda la comunidad, asistan o no al taller. Fue ver un feminismo comunitario en la práctica, un feminismo diferente, donde los derechos de las mujeres son importantes y los de la comunidad también. Y sí hay bebés, que vengan, y las organizadoras del espacio también los cuidan, y cocinan y sirven y asumen un montón de logística. Y ese trabajo, poco valorado en muchos espacios, es lo que se ve en muchas casas, con mujeres haciendo este trabajo reproductivo, asegurándose de que todo va bien, de que todo el mundo está bien. Fue ver un feminismo comunitario en la práctica, un feminismo diferente, donde los derechos de las mujeres son importantes y los de la comunidad también.Esta colaboración con las comisionadas ha inspirado para mí mucha colaboración con colegas, en espacios académicos y no académicos: primero nos aseguramos que la gente está bien, y luego podemos hablar de otras cosas. Y porque la gente está bien, y se siente cuidada, tiene ganas de hablar de otras cosas. Y por eso las comisionadas y yo seguimos en contacto. Estamos pendientes. Me cuidaron mucho cuando estuve, pero trasciende distancia y tiempo."La paz tiene rostro juvenil y la construimos desde nuestros territorios". Foto: Tania LizarazoARCADIA: Terminó el primer gobierno de izquierda en Colombia, ¿algo cambió en la realidad territorial de estas comunidades?T.L.: Muchos factores afectan esta situación, y es difícil medir el bienestar de una comunidad únicamente a través de un gobierno. Tras la firma del acuerdo de paz, por ejemplo, se piensa a Colombia como una nación en postconflicto, y mucha de la financiación que estaban recibiendo de organizaciones internacionales y ONGs, ha desaparecido.Persiste también la idea colectiva (una de las razones por las que mucha gente ha apoyado a De La Espriella) de que la violencia se resuelve con más violencia, y va por encima de apuestas por construir comunidad, de pensar en el bienestar y en la capacitación de las personas y de pensar en legislación que apoye las comunidades.Persiste también la idea colectiva (una de las razones por las que mucha gente ha apoyado a De La Espriella) de que la violencia se resuelve con más violencia, y va por encima de apuestas por construir comunidad, de pensar en el bienestar y en la capacitación de las personas y de pensar en legislación que apoye las comunidades.Al mismo tiempo, el trabajo de organizaciones como Cocomacia trasciende las administraciones locales y nacionales, y existen también coyunturas de alianza, como Atrateando por la paz, cuando movilizaron el apoyo al plebiscito por la paz en 2016. Y la gente vota allí por los discursos que más resuenan, los que toman en serio a la paz, y no tanto a la militarización. Las comunidades entienden que la construcción de paz no depende de una sola figura política. Y a pesar del resultado de estas elecciones, estas organizaciones y mujeres van a seguir imaginando la paz y luchando por la paz, haciendo lo que han hecho toda la vida. Su perspectiva y su cosmología siempre ha sido así. “Hay que luchar por esto, porque es la única forma en que la vida es posible”.Tania Lizarazo plantea una academia no extractivista, con relaciones humanas de largo aliento y mutuo cuidado. Foto: Melissa Penley CormierDavid Silva, ganador del I Premio de Novela Breve Almadía, habla con Arcadia: “Los entornos nos cambian”ARCADIA: ¿Cómo vive la experiencia de ser una colombiana en los Estados Unidos de Trump y de ICE?T.L.: Es un momento bien difícil. He trabajado con colegas e inmigrantes de la comunidad, tanto en California como en Maryland, y hay un miedo colectivo por las cosas que hemos visto y que tocan a Colombia (con el asesinato de un colombiano en Maine, Joan Sebastián Durán Guerrero, y el arresto de Beto Coral por criticar a De la Espriella). Hay un contexto de mucho miedo e incertidumbre. Al mismo tiempo, las comunidades inmigrantes también me han enseñado muchísimo sobre lo que significa la solidaridad. Porque este colectivismo está muy presente aquí, esta idea de que la solidaridad es algo que se practica en el día a día, y vamos, más allá de lo que nos conviene, por algo que beneficie a la comunidad. Obviamente, la presencia de ICE preocupa incluso a mis estudiantes, a mis colegas, pero eso no ha detenido el activismo y las ganas de seguir colaborando e imaginando que hay algo más después de Trump, que, obviamente, lo hay. En el marco de la tragedia actual, usted puede colaborar con el Chocó y el PacíficoLa Corporación Manos Visibles puso en marcha un plan de reconstrucción para Chocó y Buenaventura que convierte las donaciones en atención prioritaria de la salud mental, recuperación de viviendas, protección de la niñez y conectividad, mediante la articulación de organizaciones, liderazgos y capacidades del territorio. Foto: Manos VisiblesLas donaciones nacionales e internacionales pueden realizarse ingresando a este portal: https://web.afrus.org/donamigosvisibleschoco.