“Nunca había visto una madrugada tan negra y quieta, con la selva, las islas y el mar casi confundidos con la oscuridad. El mundo le pareció aterrador, como tomado por fuerzas ocultas”, se lee en la nueva novela de la escritora colombiana Pilar Quintana Noche negra (Alfaguara). Rosa, una mujer profesional, deja su trabajo en Cali y decide irse con su marido (un viajero irlandés) a vivir a la selva. Juntos construyen su propia casa y, cuando está a medio terminar, Gene decide irse por unos días y Rosa debe quedarse sola en medio de la selva. En ese escenario, todo se vuelve una amenaza: las equis (serpientes venenosas mortales), los jejenes, los murciélagos, los huracanes, el mar y los vecinos. Sobre su libro dialogó la autora con Clarín, durante su visita a Buenos Aires.–La novela trata sobre el racismo, el machismo y la lucha por la supervivencia en medio de la selva: viviste 3 meses sola en la selva, ¿cómo fue vivir esa experiencia y luego escribir sobre ella?–Estuve 9 años viviendo en la selva con mi exmarido, pero hubo 3 meses en los que me quedé sola en mi casa de la selva, que era una casa muy abierta. Tenía un cuarto, puertas y ventanas, a diferencia de la casa de Rosa, la protagonista de la novela, que no tiene puertas ni ventanas. Fue una experiencia tremenda: pasé mucho miedo y me sentí una criatura vulnerable. Yo, que era una mujer fuerte, que había desafiado mi lugar en el mundo en el que había nacido, tuve mucho miedo. La novela se desprende de esa experiencia real, aunque es una ficción. Yo quería escribir El corazón de las tinieblas, la novela de Joseph Conrad que contiene todos esos temas, pero no la había leído. Sabía de qué iba porque es un clásico y así como no hayas leído Frankenstein, sabes de qué va. Lo sabemos porque son clásicos y son historias que pertenecen a la humanidad. Entonces hice Mi corazón de las tinieblas y, cuando la terminé y mi editora me dijo “Ya se fue a la imprenta,”, le pregunté si podía cambiar algo y me dijo “ni una coma”, y fue entonces cuando leí El corazón de las tinieblas y me encantó.–¿Escribiste El corazón de las tinieblas latinoamericano?–Le agregaría otra cosa. Hay una tradición de novela selvática latinoamericana en la que están Quiroga y José Eustasio Rivera, pero esa tradición es masculina, tiene personajes hombres, que son los héroes que hacen el viaje a la selva, y los vemos con el machete y las botas abriendo camino. No tenemos o no tengo yo un referente de novela selvática hecha por una mujer. Y Noche negra no solo está escrita por una mujer, sino que la protagonista es mujer. En las otras novelas, una se pregunta: ¿pero quién les lavaba la ropa? Nunca están lavando la ropa, nunca cocinan, todo aparece dado. Acá tenemos una mujer con las botas y el machete abriéndose paso y luchando contra los elementos, pero además solucionando los problemas prácticos del día a día y de la cotidianidad, que es lo que también hacemos las mujeres en la ciudad y en todos lados.–Alguna vez dijiste que en la actualidad: “No hay un boom de escritoras, sino que es una tradición que fue invisibilizada”.–Sí, yo creo que nos estamos leyendo las mujeres con mayor justicia porque hemos modificado nuestra tradición tan misógina, donde los trabajos de las mujeres eran vistos con desprecio o como no tan importantes, así como los temas de las mujeres y nuestra prosa, que no era tenida en cuenta ni vista como importante. Creo que estamos recibiendo de otra manera el trabajo de las mujeres, pero también hemos vuelto la vista atrás para darle justicia a esas grandes escritoras que no la tuvieron en su momento, o que eran muy importantes en su momento, pero luego fueron fácilmente descartadas tras sus muertes.–También has dicho: “El hombre sigue siendo visto como el narrador universal y la mujer como portadora de su género”, ¿podrías explicarlo?–El hombre es visto como el ser humano universal, el que puede representarnos a todos y entonces a un hombre no le preguntan: “¿Tu literatura es masculina?” No, la literatura suya es literatura. En cambio, a nosotras constantemente nos preguntan si nuestra literatura es femenina. A mí me dicen “cómo haces para construir tus personajes femeninos” y yo pienso por qué no me preguntan solo por mis personajes, pero el hecho de que sean mujeres ya los sitúa en otra categoría. Y creo que es una forma sutil de descalificación.–¿De encasillarte?–Exacto, en el estante de la literatura femenina, y está el otro estante de la gran literatura, que es la que hacen los hombres. Y esa es la universal. En todas partes me ponen en mesas de literatura y mujer, de personajes femeninos y escritoras, de maternidad, como si esos temas no fueran universales. Y en Europa me preguntan, como escritora latinoamericana, por qué no trato el tema del conflicto político y sí que lo trato, pero quizás de otras maneras. Mi literatura es una literatura más intimista.–Pero desde lo íntimo contás el mundo.–Si un hombre hace literatura intimista desde adentro, dicen que hace literatura intimista, pero cuando una mujer hace literatura intimista, entonces eso es literatura femenina.–¿Cómo construiste el cambio de Rosa desde que se queda sola en la selva al principio de la novela y todo lo que le va sucediendo en la trama?–Creo que lo que le pasa a Rosa, que cuando está el marido la tratan de una manera y cuando se queda sola, de otra, es algo que nos ha pasado a todas en algún momento. Rosa es una mujer fuerte que nació en 1941, que fue a la universidad en una época en la que no todas las mujeres iban a la universidad porque, si bien podían hacerlo, no todas iban porque no era deseable que lo hicieran. Lo deseable era que una mujer se graduara del colegio, se casara, tuviera hijos y se dedicara al hogar. Rosa no hace eso. Es revolucionaria, es ambiciosa profesionalmente, escala en su profesión, no se casa y no tiene hijos. Y en la pareja ella es la que tiene el dinero, la que mantiene la casa, la que decide romper con todo lo establecido en la ciudad, agarrar un machete y unas botas e irse para la selva. Sin embargo, apenas el marido se va y se queda sola en su casa de la selva, empieza a sentirse completamente vulnerable y yo creo que eso define la experiencia de ser mujer. Desde pequeñas sobrevivimos en un mundo que es súper hostil y, sobre todo, en nuestras casas, que es el lugar más peligroso. Quería mostrar esa complejidad de que, aun siendo mujeres fuertes, luchadoras, que hacemos lo que queremos, que tenemos el poder, también podemos ser vulneradas y vulnerables.–En la selva Rosa se vuelve casi un animal de presa, en estado de alerta permanente.–Yo no creo que sea solo en la selva, vivimos nuestras vidas como un animal de presa desde chiquitas, nuestra casa es el lugar más peligroso y salimos a la calle y la calle es peligrosa y vamos a nuestro lugar de estudio o de trabajo y también pueden ser peligrosos. El mundo es peligroso para una mujer, para un hombre también, pero para una mujer lo es de una manera mucho más terrible. Nos criamos viviendo en permanente estado de alerta y no nos damos cuenta porque es nuestra cotidianidad.–¿Los ruidos que escucha Rosa en la noche son de la selva o vienen de su cabeza?–Creo que vemos a la naturaleza como algo exterior a nosotros, como que está allá y yo soy una criatura especial dentro de la creación. En la novela se funde la naturaleza exterior con la interior recordando nuestra animalidad. Rosa empieza a perder su pie en la realidad, pero también a sentirse parte de la naturaleza. Empieza a sentir que su ruido interior y el de afuera quizás no son tan diferentes, que son una misma cosa.–Otro de los temas de la novela es la relación con los hombres.–En mis novelas anteriores escribí sobre la relación con la madre. En esta, aunque estén su madre y su abuela presentes, el conflicto de Rosa es con el padre. Colombia es un país de madres solteras y aquí exploro esa situación. Rosa es hija de una madre soltera y está criada por su mamá y por su abuela, pero hay un padre que no está presente y ella tiene esa herida, esa es su gran herida. En el momento en que su marido se va en el barco y se queda sola en este ambiente hostil, se le detona ese conflicto y ahí es cuando empieza la novela y ella empieza a examinar su relación con los hombres: primero la relación con su marido, que ella creía perfecta y en la que empieza a ver una grieta. Luego examina su relación con el novio más importante antes del marido, que es Fermín, hasta llegar al punto de origen que fue el que hizo que todas sus relaciones posteriores fueran de una manera y que se enganchara con cierto tipo de hombre, que es la relación con el padre ausente.–De pequeña Rosa está al cuidado de su abuela, que empieza a tener complicaciones de salud y pérdida de memoria, ¿por qué te interesó tratar ese tema?–Tengo terror a la demencia porque mi abuela tuvo demencia y me parece terrible esa idea de perder la razón porque perdés tu autonomía. Es algo que he explorado aquí y Rosa aparece en otros cuentos, hay un cuento sobre este tema también.–¿Creés que la literatura es un tesoro contra la desmemoria?–En los libros de ficción dejamos nuestra experiencia humana, nuestras emociones, el paso por el mundo. En Colombia hemos tenido una literatura del margen, donde están las literaturas indígenas, las literaturas afrocolombianas, la literatura de las mujeres y de las disidencias sexuales. Estuve editando la Biblioteca de escritoras colombianas, que es un proyecto del Ministerio de Cultura, y nos preocupamos porque no fuera solamente la literatura de las mujeres blancas porque en el Pacífico colombiano y en la Costa Caribe tenemos grandes autoras afrocolombianas. La primera autora afrocolombiana que conocemos, que se llama Teresa Martínez de Varela, tiene unas novelas extraordinarias y en una de ellas, que publicó en 1980, pero seguramente le llevó muchos años escribiéndola, nos cuenta la historia de Manuel Saturio Valencia, que fue el último fusilado legalmente (cuando había pena de muerte) en Colombia. Era un hombre negro, uno de los primeros líderes sociales afro, uno de los primeros profesionales afro en Colombia. Ella pone este tema sobre la mesa y nos cuenta la historia de su pueblo a través de la historia de Manuel. Tuvo que publicar su novela con el dinero de su jubilación porque nadie la quería publicar: esto nos habla de la gran exclusión y de lo necesario que es que esta novela la leamos todos y todas porque, si no hemos mirado a la literatura negra, no conocemos la historia de nuestro país, conocemos solo la historia oficial. Entonces creo que por eso es tan necesario mirar las otras literaturas para completar nuestra historia.–El racismo está muy presente también cuando la abuela no se quiere dejar cuidar por una mujer afrodescendiente.–En Colombia estamos súper mezclados con españoles, negros e indígenas, entonces hemos pensado que eso nos blinda contra el racismo, porque como somos tan mezclados no podemos ser racistas, pero somos súper racistas y es una conversación que apenas estamos empezando a tener y a mí me parecía necesario ponerla de relieve.–¿Cómo fue tomada Noche negra en tu país y en el mundo?–La novela salió en agosto en Colombia, en septiembre en España, en octubre en México, ha venido saliendo de a poquito y ahora está siendo traducida al portugués y va a salir en junio en Brasil, en septiembre en Italia y en 2027 sale en inglés y en francés. Si bien es una novela muy latinoamericana, me sorprendió que muchas lectoras de otros lugares me dijeran que ellas eran Rosa, así hubieran crecido en Londres o en Nueva York, que la experiencia de Rosa la sentían como propia.–Otra vez el tema de lo universal, ¿no es cierto?–El día en que todos nos enteremos de que la mujer es un ser humano universal vamos a abrir los ojos como diciendo “oh, ya entendí”. Lo que pasa es que es muy difícil porque es cambiar la estructura de la sociedad. Nuestras sociedades latinoamericanas fueron fundadas sobre el racismo, sobre la superioridad de los españoles y la inferioridad de los indígenas y los negros y eso poco a poco tenemos que cambiarlo. Y el mundo nació sobre la idea de que el hombre es el ser humano y la mujer es un apéndice que está para ayudarlo. Crecemos en una sociedad machista, sexista, misógina, con ideas que perpetúan eso. Para mí no ha sido fácil darme cuenta de muchas de las ideas machistas y misóginas que cargo y tengo que agradecer a las nuevas generaciones que hicieron la revolución feminista en las redes sociales, que me indicaron y me señalaron muchos de mis comportamientos machistas y misóginos. Esas ideas ya están allá afuera, ya están sobre la mesa, pero el cambio social se demora.–¿La literatura es fundamental para ese cambio social?–La literatura es lo que nos permite ponernos en el lugar del otro. Creo que básicamente para eso existe la literatura, permite entender al otro, a la otredad. Necesitamos seguir leyendo literatura hecha por mujeres.Pilar Quintana básicoEs autora de seis novelas y un libro de cuentos, Caperucita se come al lobo. Coleccionistas de polvos raros recibió en España el Premio de Novela La Mar de Letras.La perra, traducida a más de veinte lenguas, estuvo en la lista larga del Dublin Literary Award, fue finalista del Premio Nacional de Novela y del National Book Award en Estados Unidos y ganó el Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, un English PEN Translates Award y el LiBeraturpreis en Alemania.Los abismos, también traducida a múltiples idiomas y finalista del National Book Award, se llevó en 2021 el Premio Alfaguara de novela.Es la editora de la Biblioteca de Escritoras Colombianas, un proyecto del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes para rescatar y promover la literatura de las mujeres.Noche negra, de Pilar Quintana (Alfaguara).