NoticiaFue reina de belleza y ahora lo que la mueve es la solidaridad con los más vulnerablesMaría Camila Correa tiene vocación de trabajo comunitario Foto: Archivo personalDIRECTOR DE NOTICIAS RCN14.08.2026 22:01 Actualizado: 14.08.2026 22:01
¡Vaya coincidencia! Esta historia, que estaba programada para aparecer en El Tiempo desde hace varias semanas, retrata bien el espíritu de algunos jóvenes de esta nueva generación que, en circunstancias como las que estamos viviendo, se remangan y ayudan a los demás con genuina convicción. María Camila Correa fue Señorita Bogotá, es comunicadora social y ha contado públicamente que a los 12 años fue víctima de abuso sexual. Reducir su historia a ese episodio sería injusto. Ha movilizado toneladas de ayudas para damnificados, trabaja con comunidades vulnerables, rescata animales y conserva una convicción aprendida en casa: “Mi papá me enseñó que la real esencia está en ayudar”. A raíz del terremoto en Colombia, en efecto, María Camila está aportando a los demás con su empeño solidario, como lo ha hecho en otros momentos de la vida.María Camila, antes de todo eso, ¿cómo era esa niña? ¿Con qué soñabas?Fui una niña muy feliz y muy soñada por mis papás. Llevan más de 30 años casados, tengo un hermano y crecí en un ambiente familiar y amoroso, aunque muy estricto. Mi mamá siempre fue muy brava: los valores, el respeto y la educación estaban por encima de cualquier cosa. Yo siempre quise ser veterinaria. Terminé siendo comunicadora social, pero soñaba con ayudar a los animales de la calle. Todavía soy de las que rescata al pajarito que se cayó del nido, lo tiene 15 o 20 días en la casa y a mi esposo le provoca asesinarme. Eso me hace feliz.Hay un episodio doloroso de tu vida que has decidido contar públicamente. Sin entrar en detalles innecesarios, ¿por qué decidiste hablar del abuso que sufriste cuando tenías 12 años?Hoy digo que hablarlo sana más que haberse quedado callada. Para mí contarlo es decirles a otras personas: “Esto nos pasa”. Y no tiene estrato, color de piel ni cultura. Le puede pasar a cualquiera. Yo estudié en un colegio maravilloso, un colegio de élite, y me pasó. Fui reina de belleza y nadie sabía qué le había ocurrido a esa reina que sonreía. La gente puede creer que uno tiene una vida perfecta, pero esto le puede pasar a cualquiera. Y también les pasa a los hombres. No podemos olvidar que los niños también son abusados. Por eso nadie se puede quedar callado y tenemos que denunciar. ¿En qué momento decides que tu historia debía hacerse pública?Mi proceso estaba prácticamente apagado, lo iban a cerrar, y yo decía: “Es imposible que yo no pueda hacer justicia frente a una persona de estas”. Él tenía más de 50 años cuando abusó de mí. Yo tenía 12. Era una niña. Entonces pensé: ¿por qué me voy a rendir cuando tengo una voz tan fuerte? Así como puedo recolectar toneladas de comida, también puedo hacer justicia por lo que me pasó. Cuando me convierto en Señorita Bogotá aparece Juan Felipe Carrillo, que ha sido un héroe para mí. Era mi amigo y me dijo: “Quiero coger tu caso, no te voy a cobrar nada, pero quiero hacer justicia contigo”. Nunca se rindió ni me dejó sola. Yo sabía manejar medios, pero nadie está preparado para hacerlo en estas circunstancias.Y exponerse públicamente debió ser durísimo también para tus papás.Muchísimo. La gente creía que era algo reciente y empezó a llamarlos. Mi papá sentía que no había podido cuidarme cuando era niña. Yo le decía: “Papá, ¿qué mejor cuidado? Me diste todo lo que podías darme”. Esto le puede pasar a cualquiera. Fue supremamente difícil, pero yo les dije: “Vamos a hacer justicia”. Y si la manera de hacerlo era salir a los medios, yo era fuerte y podía hacerlo.¿Y en qué quedó finalmente el proceso?Se logró avanzar y esta persona fue condenada. En primera instancia le dieron cinco años y medio de cárcel y estamos esperando la segunda instancia. Por su edad, está buscando casa por cárcel. Yo considero que una persona que haya abusado de un menor no debería estar libre en la sociedad. Para mí, debe cumplir una pena intramural.Y, por fortuna, tu vida continuó. ¿De dónde sale esa necesidad de ayudar permanentemente a otros?Eso viene desde muy chiquita. Mi papá es empresario y me llevaba al Club Noel, en Cali. Íbamos a visitar a niños que tenían cáncer o alguna enfermedad y llevábamos regalos en Navidad. Llegábamos con Mickey, Minnie, música… Yo crecí viendo eso. Hoy hago algo parecido en un hospital de Zipaquirá. Llevo a los amigos de mi esposo; a uno lo disfrazo de Papá Noel, al otro lo pongo a cargar cosas. Llevamos frutas, cuadernos para pintar y cosas para entretenerse. Eso me llena el alma. Siento que es una manera de devolverle a la vida lo que me ha dado. Sí, fue difícil lo que me pasó a los 12 años. Cuando hablo del tema me pega, porque hay heridas que se cubren pero no se borran. Pero uno tiene que reinventarse y seguir adelante. Yo no me puedo quedar llorando. Si puedo cambiarle la vida a alguien, lo voy a hacer.Te hemos visto hacerlo en emergencias grandes. ¿Qué ocurrió con la recolección de ayudas para Córdoba?Hice una convocatoria en mis redes y dije: “Yo recolecto y llevo las ayudas adonde me diga el Distrito, Bomberos, Cruz Roja, donde sea”. En mi edificio me habilitaron un espacio en la portería y eso se desbordó. Recogimos 4,7 toneladas de alimentos para personas y animales. Llegó un momento en que se me salió de las manos. Mi esposo me decía: “La administración te va a matar”. Y yo pensaba: “¿Ahora cómo voy a transportar casi cinco toneladas de comida?”.¿Y cómo hiciste?Hablé con el Gaula y el coronel Andrés Correa me ayudó a transportar todo de manera aérea. Y después vino la emergencia en Venezuela. Le había prometido a mi esposo que no me iba a meter tanto, pero no fui capaz. Cuando la gente ayuda y uno puede ayudar, ¿cómo no hacerlo? Me impresionó la cantidad de jóvenes ayudando. Había cadenas humanas larguísimas para pasar aceite, arroz y alimentos. Muchos que no tenían nada para donar ponían su trabajo. Incluso tuvimos que buscar la manera de que menores de edad pudieran ayudar bajo responsabilidad de sus padres.¿Eso te hace pensar que esta generación es más solidaria?Sí. Creo que nos hemos dado cuenta de que el mundo puede ser cruel y podemos hacer algo. Ver a una mamá con sus hijos llevándoles almuerzo a los voluntarios me parecía lindísimo. En esas cadenas humanas la mayoría era gente joven. Eso da esperanza sobre la sociedad que viene.Hay otra causa que no abandonas nunca: los animales.Trabajo con fundaciones confiables y voy esterilizando perros que necesitan ayuda. Cerca de donde vivo una familia tenía dos perritas. Una tuvo diez cachorros y cinco murieron por el frío. Conseguí una casa de madera maciza y ahora los voy a esterilizar. Me gasto casi todo mi salario en fundaciones.Quiero devolverte un momento al reinado. ¿Te arrepientes de haber participado o lo volverías a hacer?Lo volvería a hacer. Yo vi el reinado de una manera diferente. Muchas niñas pueden verlo como plataforma para ser presentadoras, cantantes o famosas. Yo lo veía como una manera de entrar más fácilmente a las comunidades. Decía: “Soy Señorita Bogotá”, y ya estaba adentro. Podía conseguir una donación o pedir que me prestaran un camión. Eso te daba un nombre para ayudar. Yo quería ser reina porque quería ayudar a los demás. Desde chiquita veía que las reinas iban a las comunidades y yo decía: “Yo quiero eso”. Además, me lo gocé. Entré pesando 52 kilos y salí pesando como 56. Mientras todas estaban pendientes del gimnasio, yo desayunaba pancakes, huevos y fruta. Me reí, lloré del cansancio, estaba mamada de tener el pelo arreglado, pero fui feliz. Si volviera a hacerlo, sería igual de feliz.Quiero cerrar con algunos mensajes. El primero es para una niña o una jovencita que fue víctima de abuso y todavía duda si contarlo.Le diría que nunca tenga dudas de lo que le pasó. A veces te critican y te juzgan tanto que empiezas a preguntarte si realmente ocurrió, si de pronto lo malinterpretaste. No. Créete a ti. Cree en lo que te pasó. Escúchate y no te rindas. Dile a tu papá, dile a tu mamá y, si tus papás no te creen, busca otras personas que sí puedan creerte. Uno tiene que creerle a sus hijos.¿Y qué le dices a un joven que quiere ayudar, pero no sabe por dónde comenzar?Que empiece por las acciones más chiquitas. Hay muchísimas fundaciones y uno debe verificar muy bien a quién entrega su dinero, pero antes de salir a ayudar también hay que mirar cómo se comporta uno todos los días. ¿De qué sirve ir a ayudar y después tratar mal a los demás? La solidaridad empieza ahí, en ser un buen ser humano. Después puede buscar la causa que le mueva el corazón: niños con cáncer, animales, jornadas de esterilización, optometría, prevención del cáncer de seno. Hay muchísimas maneras de ayudar.Hay una constante en estas conversaciones de Los 40 de menos de 40: detrás de muchas historias aparece la familia. Has hablado varias veces de tus papás y de tu esposo. ¿Qué les dices?A mis papás solamente tengo palabras de agradecimiento porque me creyeron desde el día uno. Mi mamá no dudó ni cinco minutos. Era de noche y me dijo que me cambiara porque íbamos a ir a la Policía a denunciar. Ella ni siquiera sabía bien qué había pasado, pero no dudó. Creo que eso es ser una mujer con coraje.Mi papá vivió su propio dolor, pero siempre estuvo. Se conectaba a todas las audiencias. Nunca prendía la cámara ni el micrófono, pero estaba ahí, como una sombrita quieta. Siempre estaba. Además, mi papá tiene varios niños apadrinados y desde pequeña me mostró que ayudar era parte de la vida. Yo siempre digo una frase muy bonita: “Mi papá me enseñó que la real esencia está en ayudar”. Y a mi esposo le agradezco porque me acompaña en todo esto. Le toca soportar las ayudas, los medios, las toneladas de comida apareciendo en el edificio y que yo diga que esta vez sí me voy a meter menos… y resulte metida durante semanas. Así será ahora cuando nuestra gente nos necesita. Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











