0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEn febrero del 2025, les di cuenta de El Rey, un libro que recopila unos trabajos inéditos sobre la Corona, obra del primer presidente del Tribunal Constitucional, Manuel García-Pelayo (1909-1991). Lleva una nota editorial del profesor Eloy García y un estudio del profesor Javier Tajadura. Reúne tres dictámenes. El primero traza la posición que, según su autor, debería atribuirse a la Corona en el conjunto del sistema constitucional. Los dos restantes se refieren a dos cuestiones concretas: la sanción de las leyes y la actuación del Rey el 23 de febrero de 1981. Ballesteros / EfeLlamé su atención sobre este texto por percibir ya entonces señales de erosión en la democracia española. Y lo hago hoy de nuevo, porque aquellas señales han cuajado y afectan ya al Rey. Veamos dos muestras: 1ª) Ante el anuncio del Rey de que se desplazará a Ceuta para estar allí en estos momentos, la respuesta del Gobierno, por boca del ministro Óscar López, ha sido que el Rey visitará Ceuta cuando “sea oportuno” y “en plena coordinación” con el Gobierno. Lo que significa que, aquí, el único que ordena y manda es el presidente del Gobierno.2ª) Bajo un vídeo en que se ve a Felipe VI dando la mano a Javier Negre, que se la tendía, en un acto celebrado en Colombia durante la toma de posesión de su nuevo presidente, el ministro Óscar Puente ha escrito: “Esta situación me parece una absoluta ignominia”.Hay una deriva de la monarquía parlamentaria, encarnada en Felipe VI, hacia una república presidencialista, encabezada por Pedro SánchezEstos hechos reflejan una dinámica honda: la deriva de la monarquía parlamentaria española, encarnada en Felipe VI, hacia una república presidencialista, plurinacional y confederal, encabezada por Pedro Sánchez. Lo que exige la denigración y el ninguneo del Rey. En esto estamos. Y por esto vale la pena recordar algunas ideas de García-Pelayo.Según García-Pelayo –escribe Tajadura– “el Rey constitucional es depositario de una ‘reserva de poder’ que sólo debe ejercerse en situaciones verdaderamente excepcionales que supongan un riesgo existencial para la supervivencia del Estado constitucional”. Es perceptible en esta idea la influencia de Carl Schmitt: a) por la importancia dada a la distinción entre situación de normalidad y situación excepcional, y b) por la atribución al Rey de una función de defensa de la Constitución, implícita en su juramento de guardarla y hacerla guardar.Dicho en corto y por derecho: en una situación excepcional, el Rey tiene la obligación de hacer guardar la Constitución, muy especialmente en su “función de integración” de una sociedad diversa; y es ahí “donde el papel constitucional de la Corona y la figura del Rey asumen un protagonismo destacado”.En García-Pelayo subyacen dos ideas. La primera, tomada de Benjamin Constant, es el principio de legitimidad funcional (y no histórica) de la monarquía, según el cual “es legítima aquella institución cuya existencia y acción constituyen una aportación necesaria o esencial para el mantenimiento renovado de un sistema”. Y esto es lo que sanciona el artículo 56 de la Constitución, según el cual “el Rey arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones”, una función difusa no fundada en la potestas, sino en la auctoritas, es decir, en la neutralidad y la ejemplaridad personal del monarca. En suma, el Rey no es un mero símbolo del Estado y de la nación, sino un actor del sistema constitucional.La segunda idea axial de García-Pelayo es su concepción de la Corona como un factor moderador de la potencial deriva cesarista del régimen, mediante la atribución al Rey: a) de la facultad de negar la sanción de una ley en casos excepcionales “en los que pueda estar en cuestión la vigencia de la Constitución como un todo, la unidad indisoluble de la nación o la existencia misma del Estado”; y b) de una “reserva de poder” para lograr la integración y garantizar la continuidad del orden constitucional en “situaciones excepcionales”, cuya valoración depende de “las cualidades personales del portador de la Corona, del sistema de creencias vigente y de las circunstancias en que tenga que moverse”. Hay que pensar en todo ello. Con calma. Sine ira et studio.