Empezar una carrera universitaria no garantiza que la motivación se mantenga durante los años de estudio. Algunos estudiantes descubren en el camino que la profesión no era como la imaginaban, mientras que otros se enfrentan a materias que no esperaban, dificultades académicas o situaciones personales que terminan afectando su desempeño.Para Magali Merchán, psicóloga clínica y profesora de la Facultad de Ecología Humana de la Universidad Casa Grande (UCG), la pérdida de motivación puede tener distintos orígenes y no necesariamente significa que el estudiante haya escogido mal.PublicidadCuando la carrera no es como se imaginabaUna de las primeras dificultades aparece cuando las expectativas que tenía el estudiante sobre una carrera no coinciden con la realidad.Merchán explica que algunos jóvenes construyen una idea sobre las materias y actividades que encontrarán y, al comenzar la universidad, descubren que el plan de estudios es diferente.A esto se pueden sumar las expectativas familiares. Merchán señala que hay jóvenes cuyos padres esperaban que eligieran otra profesión y cuestionan su decisión.PublicidadPublicidadLas notas también pueden afectar la motivaciónLas dificultades académicas son otro factor. Reprobar una materia puede llevar al estudiante a cuestionarse si realmente escogió la carrera adecuada.Merchán señala que, en ocasiones, los jóvenes atribuyen el resultado exclusivamente a los profesores y no analizan qué factores influyeron en su desempeño.Cuando la reprobación también genera conflictos familiares, abandonar los estudios puede aparecer como una salida. El estudiante puede interpretar el resultado como una señal de que se equivocó de carrera, aunque el problema esté relacionado con otros aspectos de su proceso académico.El tiempo que toma completar una carrera también puede generar frustración. Algunos jóvenes esperan terminar sus estudios en menos años y se desmotivan al enfrentarse con la duración real de la malla curricular.El dinero puede cambiar las prioridadesLa situación económica de la familia también puede influir.Cuando los padres financian los estudios, algunos estudiantes sienten de manera constante el peso del gasto que representa la universidad. En otros casos, los jóvenes son los responsables de cubrir los gastos de sus propios estudios. PublicidadEn esos escenarios, suele aparecer la duda sobre continuar estudiando o comenzar a trabajar a tiempo completo para tener ingresos y reducir la dependencia económica de la familia.Para Merchán, el trabajo puede resultar especialmente atractivo porque genera una sensación de autonomía y libertad. Tener ingresos permite a los jóvenes decidir en qué gastar su dinero y sentir que ya no dependen completamente de sus padres.Pero esa autonomía también puede complicar los estudios.¿Trabajador que estudia o estudiante que trabaja?Cuando un estudiante comienza a trabajar, los horarios pueden impedirle asistir regularmente a clases o cumplir con las actividades académicas.Merchán ha observado casos en los que el rendimiento de estudiantes disminuye después de comenzar a trabajar. Suelen empezar a reprobar materias por faltas y a tener dificultades para cumplir con sus responsabilidades universitarias.Esto genera una paradoja, según la experta, pues quieren graduarse rápidamente, pero al mismo tiempo necesitan trabajar.Por eso, Merchán plantea una pregunta que resume el conflicto: “¿Eres un trabajador que estudia o un estudiante que trabaja?”No todo cansancio significa que se perdió el interésDistinguir entre cansancio y una pérdida real de interés puede ser complicado.Según Merchán, un estudiante cansado por la carga académica todavía suele buscar maneras de cumplir con sus responsabilidades. Puede pedir más tiempo para entregar una tarea o manifestar que necesita organizar mejor sus actividades.La pérdida de interés, en cambio, puede reflejarse en un alejamiento progresivo de la universidad.El estudiante comienza a faltar a clases, deja de cumplir actividades, pierde participación y puede incluso estar físicamente en la universidad sin asistir a sus clases.La psicóloga advierte que ambos estados pueden relacionarse y que una situación prolongada de desmotivación puede evolucionar hacia problemas más graves.¿Cuándo es conveniente hacer una pausa?Dejar temporalmente los estudios no siempre es una decisión negativa. Merchán considera que una pausa puede ser adecuada cuando existe una situación concreta que impide al estudiante continuar.Entre ellas están problemas de salud, tratamientos que requieren tiempo y dinero o dificultades económicas familiares, como la pérdida del empleo de uno de los padres o el fallecimiento de un familiar.En estos casos, la decisión debería analizarse en conjunto con la familia y comunicarse con la institución educativa para buscar alternativas.También puede recomendarse una pausa cuando un estudiante tiene dificultades persistentes con una materia. Merchán menciona el caso de jóvenes que han reprobado una asignatura en varias ocasiones y pueden beneficiarse de un periodo para reforzar sus conocimientos antes de retomar la carrera.La situación es diferente cuando la decisión se toma impulsivamente.Una señal puede ser que el estudiante simplemente desaparezca de la universidad o continúe asistiendo al campus, pero deje de entrar a clases porque considera que ya perdió la materia y no tiene sentido continuar.El acompañamiento puede evitar una decisión apresuradaLas universidades también pueden intervenir antes de que el estudiante abandone sus estudios.En la UCG, Bienestar Universitario realiza seguimiento de la asistencia y el desempeño académico junto con las coordinaciones de las carreras.Cuando identifican cambios importantes, pueden convocar al estudiante para conocer qué está ocurriendo y cómo su situación personal está afectando su desempeño.El acompañamiento puede incluir tutorías entre pares, apoyo para desarrollar técnicas de estudio u orientación para organizar el tiempo. Cuando es necesario, también se recomienda buscar apoyo profesional externo.Merchán considera importante que el estudiante perciba que la universidad no solo está pendiente de sus calificaciones.“Para nosotros los estudiantes son personas que tienen fortalezas, debilidades, sentimientos, emociones y que las viven en su día a día”, explica.¿Y si realmente no quiere esa carrera?Hay estudiantes que sí llegan a la conclusión de que la carrera que eligieron no corresponde con sus intereses.En esos casos, Merchán explica que el acompañamiento comienza por identificar qué quiere realmente el estudiante y si existe otra carrera dentro de la misma institución que pueda ajustarse mejor a sus intereses.El proceso puede incluir conversaciones con coordinadores de otras carreras y estudiantes, además de una reorientación vocacional.El objetivo no es convencer al joven de quedarse, sino ayudarlo a contar con más elementos antes de tomar una decisión. (I)