La dorsal mesoatlántica separa dos placas tectónicas bajo el Atlántico Norte y abre fracturas por las que el magma puede ascender hacia la superficie. Islandia se encuentra justo sobre esa zona de separación y, además, recibe un aporte anómalo de material caliente procedente del manto terrestre.
Esa coincidencia favorece una producción elevada de magma y explica que el país reúna numerosos sistemas volcánicos, fisuras y episodios eruptivos. Dentro de esa actividad, cada erupción puede seguir ritmos muy distintos según la profundidad del magma, la cantidad de gas y la forma de los conductos cercanos a la superficie.
Fagradalsfjall repitió pausas y expulsiones durante seis semanas
Uno de esos comportamientos apareció en Fagradalsfjall durante la erupción de 2021, cuando las fuentes de lava alternaron periodos muy breves de actividad y reposo durante más de seis semanas. Un equipo internacional de vulcanólogos estudió aquel patrón y publicó sus resultados en Nature Communications.
La investigación propuso que las fuentes nacían de ciclos de presión dentro de una cavidad poco profunda llena de magma, una explicación que daba sentido a una regularidad que hasta entonces resultaba poco habitual.








